El futbolista argentino terminó jugando en el Barça, entidad que accedió a costear su tratamiento.
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Detrás del resplandor de los Balones de Oro, las Copas del Mundo y la fama perpetua, la trayectoria de Leo Messi encierra un segmento de sacrificios invisibles que moldearon su esencia.
Con 39 años y consolidado como una leyenda viviente del fútbol global, el astro argentino se ha abierto al recuerdo de las dificultades financieras que marcaron su niñez en Rosario.
Durante una entrevista, Messi rememoró las dificultades que atravesó su familia antes de trasladarse a España, destacando la odisea que supuso financiar el tratamiento para su deficiencia de hormona del crecimiento.
«A veces aquel que debía dársela no estaba o no quería hacerlo, y se enfadaba mucho», reconoció el diez, mostrando la ansiedad y la impotencia que rodeaban esos momentos. Pese al mal sabor que dejó esa etapa, Messi aprovechó para aclarar un punto clave y liberar de culpa a la entidad deportiva de sus afectos.
Con total sinceridad, Messi explicó que el resentimiento familiar nunca se dirigió contra los colores del club: «La frustración de mi madre era con quien le daba el dinero, no con Newell’s. El club no tenía nada que ver; el responsable era la persona que en ese momento ocupaba ese puesto».
Esa cadena de promesas incumplidas y desplantes económicos agotó la paciencia de la familia Messi, impulsándolos a buscar nuevas oportunidades.
La falta de soluciones en su país natal encendió la chispa que los llevó a probar suerte en Buenos Aires y, posteriormente, a cruzar el océano Atlántico hacia el FC Barcelona, club que finalmente cubrió los gastos médicos.
Al analizar el pasado, estas palabras evidencian que el éxito del mejor futbolista de la historia no surgió de un contexto privilegiado, sino de la firme determinación de unos padres que se negaron a rendirse ante las dificultades.

