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- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 15 julio 2026
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Los terremotos ocurridos el 24 de junio en Venezuela destruyen vidas, arrasan comunidades y ecosistemas completos.
Según datos oficiales hasta ahora, el doble sismo causó más de 4.700 fallecidos. Además, un informe oficial fechado el 7 de julio reportó 856 edificaciones dañadas y 190 derrumbadas.
Frente a las escenas de ruina, surge una cuestión esencial: ¿qué clase de edificaciones realmente pueden resguardar vidas?
En países donde los seísmos son habituales, como Chile, por ejemplo, cada evento ha permitido perfeccionar el conocimiento sobre estas estructuras. Actualmente, esa nación es líder en ingeniería antisísmica.
BBC Mundo dialogó con dos expertos chilenos de reconocimiento internacional en esta materia. Juan Carlos de La Llera, ingeniero civil estructural y actual rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha desarrollado avances en técnicas sismorresistentes aplicadas globalmente. Eduardo Kausel, por su parte, es Profesor Emérito del Departamento de Ingeniería Civil del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts.
¿Qué define a una construcción sismorresistente?
De La Llera distingue dos grandes enfoques en el diseño de este tipo de construcciones, cada uno respondiendo de modo distinto ante un terremoto.
La filosofía tradicional, presente en la mayor parte de las normativas sísmicas mundiales, admite que durante un terremoto severo «la estructura pueda quedar dañada o inutilizada, pero no debe colapsar, para así evitar tragedias como la ocurrida en La Guaira, Venezuela, donde el derrumbe atrapó y causó la muerte por aplastamiento».
En cambio, el enfoque más avanzado busca que en eventos muy fuertes «el edificio no tenga daño significativo y, frecuentemente, permanezca operativo».
Este último incorpora tecnologías específicas, como aisladores sísmicos y disipadores de energía.
Según De La Llera, estas innovaciones reducen hasta por 8 a 10 veces el movimiento estructural durante un sismo.
«Se incorporan elementos que cumplen dos funciones: una es aislar la estructura del movimiento del suelo, como si el edificio colgara del cielo evitando que el suelo agite la estructura; la otra es incluir componentes que absorben la energía generadora de daños»

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Construcciones tradicionales
Los edificios sismorresistentes convencionales utilizan métodos de refuerzo clásicos. Aunque existen múltiples aspectos a considerar, De La Llera y Kausel compartieron con BBC Mundo algunos principios esenciales.
Enfierraduras
Los elementos estructurales de hormigón, ya sean vigas, columnas o muros resistentes, requieren una cantidad adecuada de «enfierradura».
«El concreto por sí solo es frágil; bajo carga se agrieta y rompe como vidrio. Pero al incorporar barras de acero, el material gana ductilidad, es decir, puede deformarse plásticamente y soportar esfuerzos sin fracturarse», explica Kausel.
Esta mezcla es conocida comúnmente como hormigón armado.
Kausel ilustra la función de la enfierradura comparando con una tiza de pizarrón: si la doblamos, se partirá; sin embargo, si la envolvemos con cinta adhesiva, resiste mejor la flexión.
«La enfierradura cumple un papel similar dentro del concreto: aunque aparezcan grietas, la estructura no se desintegra», afirma.

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También es fundamental que exista una correcta adherencia entre las barras de acero y el hormigón, porque de lo contrario los fierros podrían deslizarse.
Las barras deben tener el tamaño y número apropiados, contar con estrías para un buen agarre, y estar rodeadas por «estribos».
«En una columna circular, las barras van en la periferia y cada 30 o 40 cm., según normativas, debe haber un estribo, que es un cerco metálico que mantiene unidas esas barras».
Este confinamiento adecuado, mediante estribos o cinturones de acero, impide que las barras se desplacen lateralmente y previene fallas frágiles, enfatiza el experto del MIT.

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Calidad del hormigón
«A veces se añade más agua de la necesaria al concreto para facilitar su manipulación, lo que disminuye su resistencia. También puede contener demasiada arena o no haberse compactado correctamente», indica Kausel.
Es imprescindible contar con un control riguroso de calidad, realizando pruebas sobre muestras de hormigón en distintas áreas para verificar que cumpla con las especificaciones y su resistencia.
En Chile existen códigos estrictos que aseguran este rigor y control.
Muros
Las edificaciones requieren un núcleo sólido compuesto por muros estructurales en ambas direcciones, tanto norte-sur como este-oeste.
Kausel advierte que «algo sumamente peligroso para un edificio es el ‘primer piso flexible o no rígido’, típico en plantas bajas donde se eliminan muros para espacios comerciales o estacionamientos».
«Durante un sismo, esa zona es la primera en colapsar. Este fenómeno se ha comprobado repetidamente, por ejemplo, en Turquía».
En Chile, sin embargo, es común que los estacionamientos tengan muros resistentes numerosos que aseguran la rigidez necesaria, evitando espacios totalmente abiertos.
Conexiones
De La Llera resalta la importancia de una adecuada conexión entre la losa, que separa dos pisos, y los elementos periféricos.
«Si las uniones son débiles, el riesgo estructural aumenta considerablemente».
Kausel subraya que la atención al detalle es fundamental en el diseño antisísmico.
«La forma en que se ensamblan columnas, vigas y losas debe garantizar un anclaje continuo y sólido. Cualquier discontinuidad puede concentrar daños que se extienden al resto del edificio».
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Aisladores sísmicos
De La Llera y su equipo patentaron diversos avances en esta tecnología moderna, utilizada en obras desde Perú hasta Nueva Zelanda.
«La mayoría de los edificios fueron diseñados o co-diseñados por la empresa SIRVE, en la que la Universidad Católica tiene participación como propietaria, dado que estas tecnologías pertenecen a la universidad», explica el ingeniero.
¿Cómo se logra aislar una construcción del suelo y ‘colgarla del cielo’?
«En primer lugar, en todo edificio se excava el suelo para instalar los cimientos o fundaciones, que actúan como ‘zapatos’ de la estructura», detalla el experto.
«En una construcción convencional, a partir de esa base se levanta toda la estructura, que queda fija al terreno».
Al colocar aisladores sísmicos en la cimentación, en cambio, el edificio se comporta como si estuviera «sobre patines».

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«El dispositivo es comparable a una torta de milhojas, con capas alternas de goma natural y acero. Esta vulcanizada a presión y temperatura para formar una estructura que es muy flexible lateralmente, pero rígida verticalmente, pues de otro modo el edificio acabaría aplastado por su propio peso».
Cuando el terreno se mueve durante un sismo, el edificio se desliza sobre estos aisladores.
«Esta capacidad de ‘patinar’ evita que la energía del movimiento del suelo se transfiera al edificio, impidiendo que vibre y se dañe».
Los aisladores pueden incorporarse incluso en construcciones existentes. En Chile, su uso no es obligatorio, pero casi todos los hospitales ya cuentan con aislamiento sísmico.
«Esto se exigió para que se mantengan operativos. En Turquía en 2023 fue devastador, muchos hospitales colapsaron y no había dónde atender a los pacientes».
«En Perú sucede algo similar con los hospitales, pero no con otras estructuras».
En Japón, por ejemplo, su uso es habitual en todos los edificios.
Disipadores o «amortiguadores»
Otra técnica vanguardista es el uso de disipadores de energía, que De La Llera compara con el amortiguador de un automóvil.
Cuando un vehículo pasa por un bache, la rueda se mueve pero el efecto no se transmite a la cabina debido al amortiguador que está entre la rueda y la carrocería.
«En un edificio con disipadores sucede algo semejante. Aunque el edificio está fijado al suelo, cuando oscila durante un temblor y los pisos se desplazan entre sí, el disipador captura esa energía evitando que la deformación entre niveles sea grande, lo que reduce significativamente el daño».
Kausel menciona la Torre Costanera Center de Santiago, con 62 pisos y 300 metros de altura, el más alto de Sudamérica, como ejemplo de su uso. «Sobrevivió al Gran Terremoto del Maule de 2010 (magnitud 8.8) sin grietas ni daños».

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Influencia del suelo
Es fundamental realizar estudios geotécnicos previos a la construcción, dado que los terrenos blandos pueden agravar la situación.
La Guaira, una de las áreas más golpeadas en Venezuela, «es un área con rellenos aluviales que amplifican el movimiento sísmico», comenta De La Llera.
El ingeniero utiliza la analogía de un tazón con gelatina para explicar el efecto del suelo blando.
«Si imaginamos que el tazón representa una base firme y movemos el recipiente, la gelatina oscila mucho más, es decir, el movimiento se amplifica».
Así, un temblor de baja intensidad en la roca puede traducirse en movimientos amplificados al llegar a ese suelo, semejante a la gelatina».

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Los terrenos blandos también pueden provocar un segundo efecto grave llamado resonancia.
Kausel comenta que «cada edificio tiene una frecuencia propia de vibración, similar a las cuerdas de un violín, y los seísmos poseen frecuencias dominantes, que determinan la velocidad lateral de movimiento».
«En edificios altos, esta oscilación lateral se produce lentamente».
El tiempo que tarda una estructura en completar ese movimiento se llama periodo.
Si el periodo del edificio coincide con la frecuencia del suelo, se genera un fenómeno dramático: la resonancia, que multiplica el movimiento y el daño potencial», aclara De La Llera.
Kausel añade que en algunos casos, cuando el suelo no es extremadamente débil, puede reforzarse mediante inyección de cemento o pilotes.

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Los estudios geotécnicos también son vitales para identificar el riesgo de licuefacción.
«Hay que imaginar el suelo como un panel de abejas en escala microscópica, formado por sólidos, aire y agua», explica De La Llera.
«Si cada panel estuviera lleno de agua, se dice que el suelo está saturado».
«Cuando ocurre un movimiento, la presión del agua interna puede destruir totalmente la resistencia del suelo».
Este fenómeno se llama licuefacción y convierte al suelo en un fluido.
Se puede mitigar bombeando o extrayendo agua del suelo saturado, pero si hay licuefacción bajo un edificio, «este puede volcarse».
Errores constructivos en Venezuela
Tanto De La Llera como Kausel indican que las imágenes de edificios colapsados en Venezuela evidencian defectos en la construcción.
«Las imágenes que he visto muestran grandes deficiencias estructurales. Basta observarlas para notar la falta de enfierradura y elementos que confinen el hormigón. Eso fue impactante», señaló De La Llera.
«Que los pisos estén simplemente apilados es un claro fallo estructural».
«Lo sucedido en Venezuela es realmente una tragedia de gran magnitud», añade el experto.

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Para Kausel, la existencia de dos terremotos consecutivos fuertes no explica el «enorme daño».
«Fueron intensos, pero de magnitudes habituales en países sísmicos. La duración total fue de 90 segundos, menor que en otras zonas del mundo».
«En mi opinión, claramente hay fallas constructivas».
El especialista del MIT destaca dos aspectos observados en videos de Venezuela.
«Primero, que entre los escombros muchos no mostraban enfierradura; segundo, que en la mayoría de las estructuras derrumbadas sí había acero, aunque en forma de ‘espaguetis’, lo cual es incorrecto».
«Esos ‘espaguetis’ deberían estar acompañados de fragmentos de concreto adheridos. La ausencia de unión indica falta de adhesión entre el acero y el hormigón, por lo que el acero no funciona como resistencia».
«Esto puede deberse a que las barras carecían de estrías, el concreto tenía exceso de agua o arena, o no fue compactado apropiadamente, lo que impide la adhesión».

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«Como una vacuna» ante sismos
De La Llera resalta que el uso de aisladores sísmicos y disipadores debería generalizarse.
«En mis 25 años dedicados a esta investigación se ha avanzado mucho, pero es sorprendente que no sea estándar, como los frenos ABS en automóviles. No hay razón técnica para que no se implemente, existen soluciones a costos similares y beneficios importantes».
Explica que en Chile desarrollaron varias técnicas para abaratar la instalación de aislamiento en viviendas sociales.
«Marca una diferencia crucial, como contar con una vacuna contra una enfermedad grave, donde la protección es confiable».

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Kausel concluye con una reflexión: «las normas deben cumplirse y no son meramente decorativas».
«La preparación requiere tiempo: detallando materiales, fabricando estribos correctamente, confinando la estructura como corresponde… No se puede ignorar la ciencia».
«Si no se construye con rigor, cualquier desastre puede ocurrir. En el sismo de 2023 en Turquía murieron muchas personas y cayeron numerosos edificios debido a construcciones deficientes; incluso lujosos y modernos se desplomaron totalmente».
La calidad en la ejecución, finaliza, es esencial.
«Como dicen en el MIT, ‘no hay sustituto para la excelencia’, y todo debe hacerse con la máxima calidad posible».
«De nada sirve tener normas escritas sobre cómo hacer estructuras resistentes si no se aplican y la construcción carece de calidad».

