El mediocampista de Argentina ha mencionado en más de una ocasión que su infancia estuvo marcada por la falta de la figura paterna.
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Con 32 años, habiendo disputado un Mundial y conquistado dos Copas América, Rodrigo De Paul se anima a rememorar su pasado y a expresar en palabras el origen de su historia.
Lo hizo hace un tiempo en una entrevista para el programa ‘Nadie dice nada’ de la plataforma Luzu TV. Ahí, el jugador del mediocampo de la selección argentina resume su infancia con una frase que abre la puerta a todo lo demás.
De Paul fue marcado por una familia fragmentada y una niñez llena de responsabilidades y ausencias. Creció en Sarandí prácticamente sin contacto diario con su padre, en un hogar sostenido por su madre, Mónica, quien se ocupó de él y de sus hermanos mientras el fútbol comenzaba a funcionar como escape.
«Fui criado por mi mamá», reconoció. Fue ella quien asumió todos los roles, encargándose de lo económico, lo emocional y de la logística de un niño que empezó a vivir en torno a una pelota.
«El fútbol me salvó de momentos muy difíciles que vivía en mi casa», agregó, lo cual permite comprender cuál fue el papel del deporte en ese contexto.
Durante su diálogo con Luzu, De Paul explicó que su niñez «fue hermosa por la pelota» y que en el campo encontraba alivio frente a tensiones demasiado pesadas en casa.
La pelota no representaba solo un juego: era un refugio, un lugar donde todo funcionaba, donde la ansiedad disminuía y el ruido de la realidad familiar se amortiguaba, al menos por unos minutos u horas.
Rodrigo de Paul celebrando un gol con Messi durante el Mundial.
Esa misma sensación explica por qué, a los 14 años, decidió convertir el fútbol en su trabajo. En la entrevista relata que habló con su madre para dejar la escuela, mudarse con su abuela y dedicarse por completo a entrenar, con el objetivo firme de mejorar la situación económica y emocional de su familia.
Este es el acto de un adolescente que, sin la presencia paterna y con una madre que hacía todo, adelantó los tiempos y usó el fútbol, que lo «salvó» de aquellos malos momentos, como herramienta para sostener a sus seres queridos.
Al mismo tiempo, De Paul completó su historia agregando la figura de su abuelo Osvaldo, «como un padre» para él, quien lo llevaba todos los días a entrenar y caminaba largas distancias para que su nieto pudiera comprarse un alfajor.
La muerte de Osvaldo, cuando Rodrigo tenía 14 años, coincide con ese punto de inflexión en el que el fútbol dejó de ser solo un refugio para convertirse en una obligación; el propio jugador confesó que estuvo cerca de abandonar antes de que Racing tocara a su puerta para demostrarle que valía la pena continuar.
Hoy, desde su posición como referente de la ‘Scaloneta’, De Paul se permite repasar todo ese trayecto sin endulzarlo.

