El peleador irlandés volvió a subir al octágono de la UFC tras un paréntesis deportivo de cinco años.
Más información: Regresa Conor McGregor, retorna la máxima figura de las MMA: culmina una espera de cinco años para su retorno en la UFC
Conor McGregor regresó a la UFC cinco años después de su última contienda, trayendo consigo un pasado que pesa tanto como sus cinturones: la historia del aprendiz de fontanero que sufrió bullying escolar y decidió alejarse de la vida en obras, el frío y las ayudas sociales para enfocarse por completo en el gimnasio.
Durante su infancia en Dublín, McGregor no correspondía al perfil del matón, sino al del niño delgado que atraía miradas y burlas. En un documental británico difundido por MMA TV, él rememora su camino a casa desde la escuela, mochila al hombro, mientras cruzaba con «un grupo de chicos jóvenes» que comenzaron a provocarlo.
«Solo era un niño», narró, «empezaron a decir cosas y cuando me di vuelta, avanzaron hacia mí, así que eché a correr».
Esa experiencia le hizo entender que no solo podía huir, lo que lo llevó a llevar una mancuerna sin discos en su mochila, «lista para usar», por si volvía a sentirse atrapado.
Con los años, aquel joven acosado se convirtió en aprendiz de fontanero en el taller de su padre, acumulando largas jornadas en obras situadas en las afueras de Dublín.
Invitado al programa estadounidense ‘Conan’ en 2016, McGregor describió ese capítulo con una mezcla de honestidad y desdén: «Hubo una etapa en la que fui fontanero. Francamente, nunca me esforcé demasiado en eso, no me obsesionaba».
El recuerdo que evoca más a menudo sucede mientras comía bajo la lluvia, entre barro y concreto: «Estaba en el estacionamiento, hacía frío, estaba húmedo, era oscuro, y pensaba: esto no es el tipo de vida que quiero».
Conor McGregor, en el pesaje oficial previo a su pelea en el UFC 329
En esa misma charla, el irlandés relató que su decisión fue inmediata: «Me dije a mí mismo: me voy de aquí. Voy a salir de ese lugar, regresar a casa y perseguir mi sueño de ser campeón mundial en artes marciales».
Acto seguido, regresó a su hogar para comunicar a sus padres que no regresaría «ni un solo día más» a la obra. Desde entonces, según ha relatado en varias entrevistas, su día a día cambió: recibió ayudas sociales, 188 euros de subsidio y destinó todo su tiempo a entrenar en el gimnasio.
El McGregor que ahora prepara su regreso en el gran escenario que la UFC ha montado en Las Vegas es, en gran parte, resultado de esa combinación de temor y hartazgo.
Para él, las artes marciales mixtas surgieron como respuesta a la sensación de vulnerabilidad del niño que corría en las calles de Dublín y se afirmaron como alternativa para el joven que observaba a su alrededor en la obra y reconocía «una vida» que rechazaba.
Tras cinco años alejado del octágono, las mismas heridas y decisiones que lo alejaron del oficio de fontanero y del acoso escolar se transforman en la narrativa fundamental para intentar recuperar su protagonismo en la jaula.

