Adolescentes practicaban su baile de fin de curso durante los terremotos en Venezuela y sus padres continúan buscándolos entre los escombros con mínima asistencia

María Lourdes Pérez, vestida con un pantalón y camisa marrones y un gorro beige. Detrás de ella hay una montaña de escombros, piedras, partes de una edificación, ladrillos.

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez

    • Autor, Margarita Rodríguez
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 7 julio 2026
  • Tiempo de lectura: 14 min

En un momento dado, María Lourdes Pérez experimentó un deseo intenso: ansió convertirse de nuevo en madre.

Logró cumplir ese anhelo a los 41 años.

Cinco años tras el nacimiento de Santiago, llegó Gonzalo.

"El mayor siempre fue mi mano derecha, me apoyaba en absolutamente todo", relata sobre su hijo de 21 años.

"El menor era muy sociable", comenta sobre el joven de 16 años. "Quería participar en todo".

Con un grupo de compañeras del colegio, se preparaba para la ceremonia de fin de curso, donde Gonzalo interpretaría a Michael Jackson.

María Lourdes había encargado un traje inspirado en el cantante: con lentejuelas, chaqueta brillante y guantes.

Para preservar el traje limpio y sin daños, le solicitaba que no lo usara antes de la presentación. Después de años de danzas escolares, esa fue "la regla" que establecieron para cuidar las prendas hasta el día del evento.

El 24 de junio, pocos días antes de la ceremonia, Gonzalo fue a practicar la coreografía con sus compañeras.

"Esta vez, llevó el traje escondido".

"Querían causar sensación"

María Lourdes conocía bien los ensayos; solían hacerlos en su apartamento.

"En mi casa tenían la escenografía, todo estaba listo, querían causar sensación".

Ese miércoles, feriado en Venezuela, la escuela Colegio La Merced de Caraballeda, en La Guaira, permanecía cerrada.

Optaron por ensayar en un espacio situado entre el salón de fiestas y la piscina de un edificio en la urbanización Tanaguarena, también en La Guaira.

No tiene claro el número exacto de niñas que asistieron, cree que fueron cerca de 15.

"A los 16 años te dicen: ‘mamá, saldré con Pedro y María’, pero luego se unen Miguel, Raúl, Ramón".

Sin embargo, piensa que ese día el grupo pudo haber sido más pequeño porque "querían hacer un baile sorpresa".

María Lourdes, vestida de blanco y con lentes, está sentada en una silla roja y blanca. A su lado derecho, está parado su hijo Gonzalo, que lleva una camisa blanca y un pantalón corto azul. A su lado izquierdo, está Santiago, que lleva un conjunto blanco con rayas oscuras. Al fondo tienen tres arboles de navidad decorados e iluminados.

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez

Gonzalo no solo disfrutaba bailar, también tocaba el teclado y le apasionaban el fútbol, el voleibol y participar en maratones.

"Era muy estimado en el colegio no solo por su rendimiento académico, sino porque siempre colaboraba; pitaba en los juegos de kikimbol y voleibol, no se quedaba quieto".

"Cada vez que había una actividad social, asistía. No permanecía ni un minuto en casa".

"Ya estaba próximo a graduarse de bachillerato. La danza era precisamente por eso".

"Contaba con un cupo para ingresar a la Universidad Católica Andrés Bello en ingeniería mecatrónica".

El hijo mayor

El 24 de junio, Santiago, el hijo mayor, permaneció en casa.

"Mis amigas lo llamaban Bam Bam", relata María Lourdes. "Medía 1,81 m, pesaba 94 kilos y calzaba 45".

Estaba próximo a graduarse como administrador de transporte en la Universidad Simón Bolívar.

Ese día, a las 18:04 horas, se registraron dos sismos con solo 39 segundos de diferencia que afectaron principalmente el norte de Venezuela.

Estos movimientos telúricos, de 7,2 y 7,5 grados de magnitud, dejaron, según cifras oficiales publicadas el domingo, 3.342 fallecidos y 16.740 lesionados.

Dos mapas de la parte superior del territorio venezolano que muestran la intensidad de los dos terremotos que sacudieron a Venezuela en menos de un minuto. El de arriba ilustra la intensidad del primer terremoto que se produjo el 24 de junio a las 18:04. El mapa de abajo muestra la intensidad del segundo terremoto que ocurrió el mismo día, a las18:05. En ambos mapas, sobresale en color negro el lugar donde se registró la categoría "Severa" del sismo. En un rojo fuerte, está la categoría "Muy fuerte". En un rojo menos intenso, está la categoría "Moderada" y "Leve". Los colores cubren las áreas que abarcan La Guaira y Caracas

Otras fuentes apuntan a decenas de miles de desaparecidos tras el más mortífero sismo en Venezuela durante el último siglo, aunque aún no se dispone de datos confirmados.

Tanaguarena, una de las zonas más afectadas, es de donde María Lourdes me habla por videollamada.

"Lo más doloroso es que encontré a mi hijo con vida. Estaba en el mismo apartamento donde él se encontraba".

"Intentamos durante diez horas, su papá, un compañero de trabajo, dos amigos míos, sacarlo. Le di agua con una pajilla".

Relata que algunos bomberos trataron de auxiliarlo. "No tardaron ni tres minutos; el túnel donde estaba mi hijo estaba despejado de tierra. Derribaron con martillos toda el área, se llenó de polvo y, naturalmente, mi hijo falleció".

"No terminó ahí la tragedia, pasamos 16 horas más intentando sacar el cuerpo con un equipo formado por el papá, amigos y herramientas domésticas".

"Cuando logramos recuperar el cuerpo, su papá y su tío lo llevaron al Seguro Social porque aquí no existe un servicio para ayudar en estas situaciones".

"Hay cuerpos que permanecen entre 10 y 14 horas protegidos solo por vecinos".

El otro calvario

En cuanto pudo, María Lourdes se dirigió al sitio donde sabía que Gonzalo ensayaba con sus amigas.

Su vivienda y ese lugar se encuentran en la calle La Playa, separadas por unos 150 metros.

Comenta que minutos después de los sismos, cinco niñas salieron del lugar sin heridas físicas graves.

María Lourdes Pérez, vestida con un pantalón y camisa marrones y un gorro beige, está parada en una zona llena de escombros. Detrás de ella está lo que parece ser una piscina pequeña, piedras, hormigón, partes de una edificación, muebles destruidos, ropa.

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez

"Otra niña salió a las 36 horas por la parte superior del edificio".

"Hallamos el cadáver de una amiga del grupo y también a otra chica que logramos mantener con vida durante 10 horas".

"Su papá alcanzó a decirme: ‘Mary, tengo a Isabella con un 80% afuera, solo falta una parte’. Fueron ayudados por amigos, vecinos y nosotros mismos, pero luego no llegó apoyo y la misma situación se repite continuamente".

"Ninguna entidad estatal vino a ayudarnos".

"¿Sabes quiénes han sido los rescatistas? Nosotros mismos".

"No sabes cómo actuar como rescatista, no sabes cómo meterte entre los escombros, pero yo también lo hice".

Afirma que los equipos de rescate llegaron al lugar cinco días después de la tragedia.

"Algunas delegaciones de México, Colombia y Estados Unidos han estado aquí, pero es poco; no pueden atender todo: son muchos edificios, muchas personas, una gran tragedia".

"Todo se movió"

La desesperación de María Lourdes, como la de numerosos padres afectados por esta tragedia, resulta imposible de describir.

"He intentado contratar una máquina, me levanto todas las madrugadas para lograrlo".

Dos edificios, gravemente afectados, están de pie. En el centro, se ven edificaciones totalmente colapsadas. Grupos de personas caminan en el área. El cielo azul está totalmente despejado.

Fuente de la imagen, Miguel MEDINA / POOL / AFP via Getty Images

El jueves llegó una máquina que ella misma gestionó. "Es una Jumbo, una máquina grande con varias funciones como gancho y taladro, similar a una retroexcavadora".

"Realizamos algunos movimientos y se abrieron espacios, como galerías".

Rescatistas internacionales comentaron que todavía sentían calor y hay esperanzas de encontrar vida.

Explica que la remoción de escombros en esa zona es un proceso complejo.

"Todo se desplazó, todo se movió, estamos excavando todo el edificio".

Según una evaluación preliminar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los sismos produjeron cerca de 1,2 millones de toneladas de escombros en las zonas más afectadas de La Guaira.

La NASA difundió un mapa inicial que indica que probablemente 58.870 edificios sufrieron daños o fueron destruidos en la región afectada, aunque advierte que son proyecciones sin confirmación en el terreno.

"Fueron jóvenes felices"

Durante la entrevista, María Lourdes se quiebra, llora, respira profundo y continúa.

"Espero que esta entrevista sirva de lección. No deseo que ninguna madre atraviese lo que estoy viviendo".

Al lado izquierdo, Santiago, con una camisa blanca y un pantalón verde, abraza a su madre, quien está en el centro. María Lourdes, sonríe, lleva lentes y un vestido negro. Al lado derecho, Gonzalo, vestido con una camisa blanca y un pantalón azul, también la abraza.

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez

Recuerda con claridad algo que sus hijos le decían.

"Especialmente el menor, que participaba en muchas actividades, me decía: ‘Mamá, tú eres fuerte’. Estoy honrando esas palabras".

"Mamá, tú eres fuerte", repite con emoción.

"Me siento en paz porque fueron jóvenes felices, muy felices. Ahora considero que Dios me entregó dos ángeles, uno de 21 años y otro de 16".

"No me iré de aquí hasta hallar a las amigas de mi hijo porque, si él estuviera aquí, estaría conmigo sin descanso".

"Era muy amigo de sus compañeros, y yo tengo que cumplir con ese compromiso. Ojalá Dios me permita encontrarlo".

"Desafortunadamente, los padres de una de las chicas fallecieron y algunos familiares ya están en contacto con nosotros. La situación es muy delicada".

"Un amor incomparable"

La zona afectada por los sismos ha sido siempre el hogar de María Lourdes.

"Soy de La Guaira desde siempre. Viví la tragedia de Vargas en 1999, el deslave. En esa ocasión, aunque perdimos todas las pertenencias materiales, la familia estaba completa".

"Logramos recuperarnos. Nos quedamos sin casa, carro, empleo ni negocio".

Sobre una montaña de escombros y hormigón se ven a algunas personas, unas con cascos y mascarillas. Entre los escombros se ven muebles, camas, colchones.

Fuente de la imagen, Miguel MEDINA / POOL / AFP via Getty Images

"Pensé que había aprendido, no imaginé que la vida podría traer dos tragedias, pero me equivoqué".

"El amor por los hijos es incomparable; yo perdí a mis dos hijos".

"Perdí mi razón de vivir; ellos eran mi todo".

"Ahora no sé cómo seguiré, imagino que tengo fuerza porque me comprometo a encontrar al menor".

"Quería formar hombres buenos, útiles, estudiosos, buenos para su comunidad, amigos, hijos y sobrinos".

"Al ser madre a una edad avanzada, los guiaba lo mejor que podía, siempre aposté por su éxito y me sentía tranquila porque veía que estaba logrando".

"Los perdí de un solo golpe. Por eso hago un llamado: disfruten a sus hijos, no pierdan tiempo, la vida cambia en un instante. Abrácenlos, complacan sus deseos y permitan que ellos también los consientan".

"La gente sufre mucho"

Además, María Lourdes perdió a su madre, de nacionalidad española.

"Lo perdí todo", sostiene. "Si tuviera a mis hijos, podría empezar una vida nueva sin problema".

"Pero aquí no hay ayuda alguna. Deberían estar muchos psicólogos apoyando a la población. La gente sufre mucho: algunos lloran, otros lo reprimen, todos necesitamos ayuda psicológica".

Un hombre con una gorra negra, una camisa blanca y un pantalón azul camina en una zona llena de escombros.

Fuente de la imagen, Cem Tekkesinoglu/Anadolu via Getty Images

El miércoles logró que un médico atendiera sus heridas.

"Donde estoy no hay luz y la señal es intermitente".

"Finalmente, encontramos a alguien que puede proveernos internet, ya que no hubo en la parte este del estado", comentó al inicio de nuestra charla.

De hecho, nuestra comunicación se vio interrumpida varias veces.

"Maestra, perdí a mi mamá"

Pude conversar con la hermana mercedaria Neyda Rojas tras su regreso de Caraballeda a la casa provincial en Caracas para recoger donaciones e insumos.

Ella forma parte de la congregación religiosa que fundó en 1955 el Colegio La Merced, la escuela de Gonzalo.

La hermana mercedaria Neyda Rojas con lentes, el hábito blanco y una cadena plateada con una pequeña placa.

Fuente de la imagen, Cortesía: Neyda Rojas

Cuando ocurrieron los sismos, Rojas estaba en Mérida, al occidente del país. Al conocer la noticia, se dirigió de inmediato a Caraballeda.

Su viaje tardó mucho más de lo previsto debido a carreteras agrietadas y bloqueadas.

No pudo usar transporte aéreo porque el aeropuerto más cercano fue cerrado por daños severos en su infraestructura.

"Todo está destruido, lo poco que quedó en pie está volteado", comenta.

"Muchos trabajadores han fallecido, hay niños desaparecidos".

"La directora del colegio ha visto entierros de estudiantes y familias completas. Niños le dicen: ‘Maestra, perdí a mi mamá’, ‘Maestra, no sé dónde está mi papá’. Y todo esto se suma al dolor personal que uno lleva en su propia familia".

"Hay gran temor por las réplicas, la población está muy asustada".

"A Caraballeda no ha llegado toda la ayuda. Hace mucha falta agua, cuando llegas, todos la necesitan".

"Personas mayores han podido salir a plazas y calles, y cuando uno pasa, no piden cosas, sino abrazos y bendiciones".

Para Rojas y otras religiosas, no solo es vital entregar alimentos, agua y otros insumos básicos, sino también brindar apoyo espiritual, "acompañando desde la fe y la esperanza, que Dios nos da la fuerza para seguir adelante".

La incapacidad de las palabras

La hermana Rojas describe a los jóvenes que ensayaban su danza y a la angustia de madres como María Lourdes que buscan incansablemente a sus hijos.

"Es muy duro, las palabras quedan cortas en este momento. Solo puedes estar presente para que sientan que no están solas, que las apoyamos, que compartimos su dolor".

Varias personas caminan sobre una montaña de escombros y hormigón. Varios llevan mascarillas. Al lado derecho, una religiosa, con el hábito beige, es ayudada por dos personas mientras baja. Al lado izquierdo, se ven dos personas vestidas de verde sentadas

Fuente de la imagen, MARTIN BERNETTI / AFP via Getty Images

La religiosa ha enfrentado reiteradamente las mismas preguntas: "¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué hicimos? ¿Por qué otra vez a nosotros?".

A pesar del tiempo, Rojas no pierde la esperanza de encontrar más personas con vida.

"Se camina entre escombros, pero ese conocimiento de que debajo hay vida permanece. Hay edificios cuyo sótano puede albergar sobrevivientes porque se desplomaron hacia un lado".

"Una lección"

En una rueda de prensa el 2 de julio, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, defendió la respuesta del gobierno ante la catástrofe.

"El Estado venezolano se activó de inmediato. Pocas horas después se emitió un decreto para la atención de esta emergencia y se desplegó inmediatamente el sistema de protección civil y defensa pública", aseguró Rodríguez.

Varios miembros de Protección Civil, vestidos con uniformes anaranjados y cascos. Dos de ellos transportan a una persona en una camilla en el lugar de un edificio derrumbado.

Fuente de la imagen, Maryorín Méndez / AFP vía Getty Images

No obstante, los enviados especiales de la BBC en Venezuela constataron numerosas denuncias de ciudadanos que califican la respuesta oficial como insuficiente.

Para María Lourdes es clave que de "todo esto" se extraiga "una lección".

"Una enseñanza para el gobierno y organismos, para cambiar la mentalidad y estar preparados ante posibles escenarios similares".

Describe incidentes denunciados por otros ciudadanos.

"Mientras intentaba sacar el cuerpo de mi hijo entraron cuatro grupos de ladrones al edificio donde estaba".

Exige "dignidad para los fallecidos" y sus familiares.

"Para identificar un familiar, a veces hay que levantar sábanas de personas en condiciones muy críticas, tiradas en calles durante 10, 12 o 14 horas".

Un refugio

María Lourdes busca consuelo en los recuerdos de sus hijos.

"Me siento orgullosa porque tenían mucho cariño".

Al hijo mayor, diagnosticado con déficit de atención e hiperactividad, le fascinaban las matemáticas.

María Lourdes Pérez, vestida con un pantalón y camisa marrones y un gorro beige. Detrás de ella hay una montaña de escombros, hormigón, piedras, partes de una edificación

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez

"¿Sabes cómo lo llamaba?", pregunta mirándome a los ojos.

"NotiSantiago, porque se enteraba de todas las noticias. Por su hiperactividad, lo consultaban para rutas y vuelos. Era amigo de muchísima gente".

"Me ayudaba en todo: manejaba cuentas bancarias, hacía las compras".

"Además, tenía una memoria excepcional; cuando necesitaba algo, él lo encontraba sin que tuviera que mover un dedo".

Gonzalo tenía días muy ocupados por delante. En la jornada conocida como "la mañana deportiva", iba a presentar el baile con sus compañeras.

Luego defendería su proyecto final, y el 30 de julio tenía programado su acto de graduación.

"Era un niño lleno de sueños, un gran soñador".

Su imagen circula en internet en un cartel que indica que estaba en el edificio Marianamar: "GONZALO JOSÉ MÁRQUEZ PÉREZ. 16 AÑOS. ESTAMOS BUSCÁNDOLO".

Sobre el traje de Michael Jackson que encargó, María Lourdes dice:

"Creo que pudo habérselo puesto".

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