El agua fría activa sensores específicos en el cuerpo que detectan cambios en la temperatura

Consumir una cantidad adecuada de agua es una de las prácticas más recomendadas por profesionales médicos y nutricionistas. Mantener una hidratación óptima contribuye al correcto funcionamiento del cuerpo, ayuda a regular la temperatura interna, participa en la digestión y sostiene un buen desempeño físico y mental. No obstante, más allá del volumen de agua ingerido, algunos especialistas sugieren que su temperatura también podría influir, aunque sea de manera leve, en nuestro metabolismo.
En años recientes, la ciencia ha dirigido su atención a la grasa parda o grasa marrón, un tipo de tejido especializado en generar calor para preservar la temperatura corporal. A diferencia de la grasa blanca, que almacena energía, la grasa marrón utiliza calorías para producir calor a través de un proceso llamado termogénesis. Precisamente es en este punto donde interviene un hábito tan cotidiano como tomar un vaso de agua fría.
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El médico e investigador William Li explica este mecanismo en un video difundido en TikTok. Primero, destaca que “el agua es esencial porque nos mantiene hidratados, y la hidratación es clave para la salud general”. Sin embargo, añade que cuando el agua está fría se genera un efecto adicional. “El agua fría que bebes aporta un beneficio extra”, asegura. Li describe cómo, al llegar al estómago, el agua fría activa ciertos sensores específicos que pueden percibir la variación de temperatura.
Estos sensores desencadenan una respuesta fisiológica inmediata que induce la termogénesis. “Provoca que la grasa marrón se active para producir calor”. En otras palabras, el cuerpo interpreta que la temperatura interna podría bajar y pone en marcha mecanismos para contrarrestarlo generando calor.
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El consumo de agua fría favorece la quema de grasa
El calor se origina en la actividad de la grasa marrón, que posee una gran cantidad de mitocondrias, las organelas celulares responsables de la producción de energía. Tal como explica el médico, “la grasa marrón, gracias a las mitocondrias, entra en acción”. Para este proceso, dicho tejido emplea las reservas energéticas almacenadas en la grasa blanca. Por ello, Li sintetiza el fenómeno con una frase clara: “la grasa marrón quema grasa blanca”.
El especialista sostiene que está respuesta puede activarse simplemente al beber agua fría, sin necesidad de exponerse al frío ambiental. “Las bajas temperaturas pueden activar este proceso a nivel gástrico al consumir agua fría”, detalla. Esto quiere decir que el contacto del agua fría con el estómago es suficiente para provocar esta reacción termogénica, aunque en una escala limitada.
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Un beneficio que no reemplaza otros hábitos saludables
De hecho, William Li enfatiza que esto no constituye una fórmula milagrosa para perder peso. “El efecto es pequeño”, reconoce. Sin embargo, considera que la suma de pequeños hábitos saludables puede generar un impacto positivo con el tiempo. “Si se consume agua fría durante el día, ese beneficio se acumulará”.
El investigador concluye que mejorar el metabolismo no depende de un único cambio drástico, sino de la acumulación de pequeñas decisiones cotidianas. En este sentido, afirma: “Cada ajuste pequeño que se realiza contribuye a optimizar el metabolismo”. La ingesta de agua fría no reemplaza una dieta equilibrada, la actividad física ni el descanso adecuado, pero puede ser un complemento dentro de un estilo de vida saludable.
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