Las claves
Alberto Núñez Feijóo participa por primera vez en los Sanfermines en Pamplona, donde confluyen la política y la tradición.
El líder del PP aprovecha el ambiente festivo para encontrarse con personalidades importantes de la política navarra y analizar la situación política y la corrupción.
Feijóo resalta el carácter singular de la fiesta y emplea imágenes taurinas para referirse a la actualidad política y su perspectiva de cambio.
Durante su estancia, mantiene una imagen de moderación y abstinencia, lanzando críticas hacia el Gobierno de Sánchez y la gestión de la corrupción.
Ha llegado el padre Feijóo, al igual que el comisario Maigret, dispuesto a enfrentarse con los fantasmas de los sanfermines pasados: Santos, Koldo, Antxon, Ábalos… todos esos espíritus con pañuelo rojo al cuello podrían brindarle la Presidencia a este sacerdote gallego que hasta ahora no era parte de la Fiesta. Hasta hoy.
Es de noche. Charangas, cánticos, trajes de luces, el suelo pegajoso típico de las veladas efervescentes. Lo que un nieto de Hemingway describía como «olor a Fermín», una mezcla de restos, pacharán, vino rosado y sudor. Todo de origen natural. ¡Y qué aroma tiene!
La felicidad nunca es completa. Deja siempre su estela, con una brisa que ni un ejército de operarios de limpieza puede eliminar.
Hallamos a Feijóo en La Olla, un restaurante excepcional situado frente a la Plaza de Toros, en esa cadena de bares que en Pamplona conocemos como «pijotxoznas». Se sabe que al profesor Rodríguez Braun le emociona comer verduras hasta lagrimear.
Hay que andarse con cautela en La Olla por lo seductora que puede ser. En San Fermín, en general. En la Fiesta. A Ábalos le advirtieron: «Donde tengas la Olla…». No le hizo caso y aquí estamos.
–Feijóo no suele… Para nada, no bebe. Prefiere mucho la cerveza 0,0 –nos relatan algunos de sus acompañantes.
Dios santo. ¿Eso es un argumento para generar confianza? ¡Aunque sea el vino de la Eucaristía!
Tras un recorrido de selfies donde un embajador navarro le obsequió con un pin con la imagen de Santos y el texto «I love Santi», el padre Feijóo se refugió.
Lleva el pin en el bolsillo. Nos lo muestra. No lo ha descartado. ¡Se ha convertido en un amuleto! Los benedictinos siempre valoraron las reliquias. «Sí, sé que estoy en el lugar de los hechos. Es fundamental conocer el lugar de los hechos», comenta nuestro Maigret… un tanto impostado. Porque ya vienen los segundos.
–Tiene plena conciencia de la ubicación. En Pamplona empezó todo.
–Ya he percibido los colores y he estado en el sitio relevante. ¡Es esencial conocer el lugar de los hechos! Esta gente pensaba que jamás serían descubiertos y que las instituciones eran espacios para enriquecerse rápidamente.
–La zona cero… cero.
–Me molesta que este sea el epicentro de ese terremoto. Navarra es enorme, sus habitantes excelentes. Los navarros no merecían esta trama.
Por los viejos tiempos
Hace no demasiado, los líderes de la red se paseaban por las gradas de nuestra Monumental de Pamplona, pues contaban con las mejores localidades. Tenían lo mejor de todo. Eran el «asombro del mundo» que vaticinó Shakespeare en sus Trabajos de amor perdidos… sin saberlo.
Observamos con nostalgia las imágenes de Ábalos, Cerdán y sus compañeros disfrutando de los toros desde la barrera –qué placer escribir esa frase sin que suene a cliché–.
Conocíamos el entramado político, pero no el auténtico: mientras Santos y Antxon preparaban la moción de censura para Sánchez y el Ayuntamiento de Pamplona para Bildu, se tramaba el reverso aún presunto más culinario de la Democracia: el de los soles, las chistorras y las lechugas donde se gestionaba el tesoro de Alí Babá.
Todo esto debía aprenderlo el padre Feijóo, a quien le corresponde hablar semanalmente en el Congreso de Pamplona y San Fermín sin haber asistido previamente. Aquí está, esforzándose, formándose: es un opositor.
Desde su posición en la plaza ha logrado divisar la barrera que gustaba tanto a Santi como a Paqui, la misma que frecuentaron con la actual portavoz del gobierno, Elma Saiz, quien siendo líder en el Ayuntamiento afirmó que no cedería la alcaldía a Bildu… para luego llegar al Consejo de Ministros y que su sucesora se la otorgara.
El encuentro
–Padre, ¿usted aquí? Ave María purísima –lo encontramos por casualidad, mientras íbamos al baño; cabe mencionar que llevaba una camisa con manchas y las heridas del 7 de julio.
–Sin pecado concebida.
Con la nueva ley anunciada por Feijóo, no sabemos si se refiere a concebida no nacida, concebida y nacida o a qué, pero da igual. Sólo Zapatero podría sacarnos de este enigma borgiano de palabras y no responde al teléfono.
–¿Primera vez en San Fermín?
–Primera vez en San Fermín, pero prometo que no será la última. ¡Qué experiencia tan intensa!
–¿Cómo es posible que no haya venido antes? ¿No sintió tentaciones con veinte o treinta años?
–Galicia siempre parecía muy distante de Pamplona, pero apareció la oportunidad y aquí estoy.
La compañía en la mesa —evidente ante todos— es una mezcla inusual entre quienes dejaron UPN para ir al PP, los actuales del PP navarro y una expresidenta de UPN.
Javier Fernández, Sergio Sayas, Carlos García Adanero, Yolanda Barcina, Manuel Pizarro, Carmen Alba… Antes, se vio al padre Feijóo con Cristina Ibarrola, la actual líder de UPN. Es una cena con un propósito pragmático.
Saben que si estos dos partidos no acuerdan listas conjuntas en Navarra, serán eternos opositores, ya que la suma del PSOE con los nacionalistas siempre ganará.
De hecho, desde que el PSOE pactó con los nacionalistas, ni la suma de UPN, PP y Vox ha conseguido jamás formar una mayoría. A la derecha navarra y regionalista le sucede algo parecido al Sumar de Yolanda Díaz. La confusión domina entre la gente y también entre ellos.
Quizás haya una noticia sobre la convivencia —una reconciliación disimulada— que desconocemos totalmente. El sanchismo es la máquina perfecta para restaurar amistades.
Los toros
–Padre, ¿qué le han parecido los toros?
–Me ha impresionado mucho esta plaza. Hay un hombre jugando con su vida en el ruedo, arrodillado frente a un toro, y muchos presentes ni lo notan; algunos están de espaldas, otros cantan, brindan… ¡Esto hay que verlo!
–¿No es similar con el Gobierno? Sánchez en el ruedo, de rodillas, arriesgando todo, y muchos miran hacia otro lado y continúan con la fiesta. La política se ha tornado muy tediosa.
–Creo que hay mucha energía, pero contenida. Percibo a mucha gente con ganas de cambio. Nunca había visto a la población tan cansada y enfadada. El peligro es que muchos se desconecten, lo que podría afectar a la cohesión política del país. Es un riesgo serio.
–Es una plaza muy política. Pamplona, en general, es una ciudad con debates intensos y polarizados. ¿Alguna vez le han gritado o le han dicho algo?
–La gente ha sido muy cordial y amable.
–Se respeta mucho a los curas, eso es cierto.
–Quizá sea eso —el padre Feijóo se va relajando; tiene un «cerca» mucho mejor que un «lejos». Se anima–. La gente sabe que los benedictinos hacemos voto de castidad, pobreza y obediencia.
–Su hijo Alberto… no es su hijo Alberto.
–Son unos bromistas.
Encerrados con Feijóo
El padre Feijóo nos cita para el baile de la alpargata, celebrado en el Nuevo Casino Principal, una institución con 170 años de tradición. Nos invita al día siguiente, después del encierro, alrededor de las nueve, pero no es inconveniente.
En San Fermín, the sun also rises, un día se mezcla con el siguiente, una noche se funde con otra, y el concepto temporal pierde sentido. El encierro es el punto de inflexión. O antes o después del encierro.
Ayer, hoy y mañana dejan de funcionar.
El padre Feijóo termina de cenar –nosotros ya hemos ido al baño, salido, dormido un rato y duchado– y se acuesta con el despertador puesto a las seis de la mañana.
Debe desplazarse hasta la calle Estafeta, en el extremo más cercano a la plaza, para presenciar el encierro desde un balcón. Ya vio el de Ábalos, quizás pronto vea el de Fernández-Díaz, pero Pamplona es diferente.
La primera esposa de Hemingway, al escuchar el cohete y ver correr a la gente, preguntó: «¿Qué sucede? ¿Por qué todos corren?». Un paisano le respondió: «Porque han soltado a los toros por la calle». Ella, muy racional, replicó: «¡Pero por qué lo han hecho!».
Con la intención anunciada de aprobar la mencionada ley de concebidos no nacidos, tememos que se le niegue el acceso al perímetro a Feijóo por riesgo de aglomeraciones. Imaginen cuántos concebidos no nacidos puede haber sobre la tierra una noche del 7 de julio en Pamplona.
Con un azul pálido y temperatura superior a veinte grados, con el primer cornadal de los sanfermines en un joven de 23 años, nos dirigimos al Nuevo Casino, donde vemos al padre Feijóo refugiado en un balcón frente a la Plaza del Castillo, con un vaso de chocolate caliente y churros.
Como carta de presentación está su ofrecimiento de charlar unos minutos, hecho unas horas antes, por la noche. El baile de la alpargata es una tradición antigua que comenzó cuando los socios del Nuevo Casino llegaban después de correr el encierro calzados con alpargatas.
El Nuevo Casino exigía cierta etiqueta y alguien, con humor, bautizó ese desayuno bailando autorizado en San Fermín como «baile de la alpargata». Hay orquesta, canciones tradicionales, y se baila mientras se come chocolate con churros.
Un rato de charla
Unos compañeros de Feijóo, como en la marea del chupinazo, nos lo traen hacia la biblioteca, pero esta está cerrada. Hallamos otra sala, una especie de despacho con estantes llenos de libros encuadernados y…
–No puede ser.
–Eso mismo digo yo, no puede ser –sonríe Feijóo.
Tomamos asiento en un tresillo ante un crucifijo que nos observa.
–Estará como en casa.
–He ido a maitines esta mañana, aprovechando el madrugón por el encierro. He rezado por ustedes, por todos los lectores de su periódico, por los oyentes de Onda Cero, no se preocupen.
–¿Y el encierro, cómo le ha parecido? ¿Cambia mucho verlo en la tele o desde el balcón?
–Es impresionante la rapidez con que sucede todo. El dispositivo sanitario, de seguridad, de limpieza… La mayoría cumple muy bien el reglamento, ¿eh?
–Observar a los corredores impresiona.
–Sí, los he visto acercarse a las paredes, calentar, estirar, rezar… Esta es la Fiesta más internacional de España. La siguen millones en todo el mundo. San Fermín es una mezcla de valor y juerga que nunca había visto antes.
Consultamos con Feijóo sobre su adaptación a los sanfermines. Lo compara, como un sorbete, con su adaptación a la política nacional. Explica que llegó –a Madrid, no a Pamplona– con un «escepticismo galaico» respecto a la posibilidad de hacer política diferente: «intentar gobernar sin confrontación». Hemos bajado la guardia y nos ha colado este gran argumento como él recibió una jarra de chocolate cuando pidió «un vaso».
«¡Nunca habíamos vivido algo semejante en España!».
No está claro si habla del baile de la alpargata o del Congreso. En ambos lugares la gente grita, disfruta, bebe y come.
Comenta la noticia del día, que aparece en los periódicos que llevaban los corredores en el encierro: «La esposa del presidente no puede salir de España. Intentó asistir a la cumbre de la OTAN, no la dejaron y esto se difundió mundialmente. Lo de la mujer del presidente es un ridículo internacional».
Creemos que se refiere a la esposa de Pedro Sánchez, no a la del presidente del Nuevo Casino, que es encantadora, puede viajar y, al menos según sabemos, no estaba invitada a la cumbre de la OTAN.
Luego comenta, de forma intercambiable, sobre los sanfermines y el Gobierno: «Al principio no te lo crees. Lo observas con cierta incredulidad, pero al final compruebas que la realidad supera a la ficción. Es mucho más increíble de lo que te hayan contado».
Algo similar describió Hemingway en su primera crónica sobre la Fiesta, enviada al Toronto Star desde Pamplona a principios de los años veinte.
Continúa el padre Feijóo: «Cuando tienes un presidente incapaz de percibir la corrupción en el asiento del copiloto, en el Consejo de Ministros, en el Comité Federal… ¡y tampoco la percibe en casa! Eso significa que el presidente está burlándose de la población».
Pobre José Luis Pujol, presidente del Nuevo Casino, un hombre excepcional, revelado así en su propia casa.
–¡Pero ni siquiera oler la corrupción!
–¿Y la chistorra? Seguro que le pusieron un pintxo al menos.
–Sí, anoche en la cena. Excelente. No repito porque hoy es un día intenso. Con la chistorra hay que ir con precaución.
«Con la chistorra hay que ir con precaución». Esa frase merece monumentos y hasta un plan electoral. Es síntoma de un tiempo, el núcleo gordiano de la corrupción. Puede desbancar al PSOE y debe servir de advertencia para los nuevos del PP.
–¿Y el consumo de alcohol?
–¿Alcohol?
–Sí, padre, ¿cuál es su verdadera relación con las bebidas alcohólicas? No nos creemos lo de ayer. ¿Ni una copa? ¿Ni siquiera un carajillo?
–Tengo un pacto con todo lo que no contenga alcohol –(¿Abascal también es abstemio? Pensamos luego; no nos dio tiempo para preguntar)–. La verdad es que no lo extraño –se refiere al alcohol, no a Abascal–.
–¿Desde cuándo?
–Desde siempre, desde siempre. Mi abuela tenía un ultramarinos donde vendía vino a granel. Vendí mucho vino a la gente de mi pueblo. Aprendí que el alcohol genera problemas. El único alcohol que defiendo es el vino, siempre con moderación.
–No el alcohol, sino el vino… esto es confuso.
–El único cargo que mantengo en Galicia es el de presidente del capítulo serenísimo de la orden del Albariño. Creo que debo irme. Volvemos a Madrid y por la tarde debo trabajar.
–¿No piensa tomarse unos días de descanso?
–Sí, unas semanas en agosto.
–¿A dónde se dirigirá?
–A Galicia. A la ría de Vigo.
Para llegar a la ría de Vigo hay que sumergirse primero en la ría de Pamplona, con su blanco y rojo, y sobrevivir. Precaución con la chistorra.

