Nico Williams, 23 años: Confiesa que mantuvo malos hábitos pese a su carrera futbolística y la juventud que lo hacía sentir invencible

Nico Williams, en un calentamiento con la Selección. La figura destacada de la selección española se abrió en un documental acerca de los retos que ha enfrentado durante el último año.

Más información: Toscana Viar, nutricionista de la selección española: «A los jugadores les encantan los boniatos y el arroz con leche»

Nico Williams, pese a las dificultades físicas, logró llegar al Mundial convertido en uno de los referentes de esta España, además de ser el protagonista de una historia muy personal sobre la vulnerabilidad del futbolista joven y la necesidad de crecer a base de experiencias duras.

El extremo del Athletic llega al evento en Estados Unidos, México y Canadá tras una temporada afectada por lesiones, especialmente una pubalgia que lo desconcertó y lo obligó a detener su actividad más tiempo del deseado.

Su rendimiento con España resultó notable cuando su condición física se lo permitió, aunque el propio futbolista admite que este Mundial llega tras un «año de locos» en el que tuvo que replantear sus prioridades dentro y fuera del campo.

En el documental ‘Denominación de Origen’, producido por RTVE y enfocado en el lado más humano de la nueva generación de la selección, Nico ofrece una visión profunda de ese proceso de transformación.

Detrás de la imagen pública del extremo rápido, jovial y despreocupado, se revela un jugador que ha atravesado momentos de tristeza, que ha sufrido y que optó por pedir ayuda y cuidar su cuerpo de manera nunca antes vista.

El propio futbolista admite que el origen de muchas de sus dolencias radicaba en sus hábitos cotidianos. «Tenía costumbres muy negativas para un futbolista, tanto en la alimentación como en la hora de acostarme… Pasaba muchas horas jugando a la Play».

En el documental explica que acudía a entrenar a Lezama, cumplía con la sesión y luego se perdía en tardes interminables con amigos o con su pareja, sin prestar atención a la recuperación, al descanso o al trabajo invisible que sustenta una carrera profesional de élite.

Lamine Yamal, en la expedición de la selección española en el Mundial.

Lamine Yamal, en la expedición de la selección española en el Mundial. Reuters

La lesión representó un punto de inflexión. «Quienes me conocen saben que siempre llevo una sonrisa puesta, pero esos meses estuve más apagado de lo habitual. He llorado, he padecido mucho, pero ahora voy recuperando mi esencia. He comprendido que no hay nada de malo en solicitar ayuda y, sobre todo, en cuidar el cuerpo», admite.

Este cambio de enfoque le ha llevado a valorar mucho más los entrenamientos adicionales, la rutina específica y el compromiso con que ahora encara cada jornada, consciente de que el talento no basta si el físico no responde.

En su relato también aparece la influencia del entorno cercano. «Siendo joven piensas que puedes con todo. No es sencillo, este año ha sido complicado. Mi novia ha sido un gran apoyo, igual que mi madre, mi padre y mi hermano. Mis dos o tres amigos de verdad. Así entiendes quién está en las dificultades y quién solo aparece para salir a Ibiza», resume.

Este mensaje concuerda con la trayectoria de los Williams, una familia que llegó a España tras un viaje muy duro y que ha construido desde cero dos carreras profesionales en la élite del fútbol europeo.

Nico destaca que este golpe llegó en el momento adecuado para aprender, justo antes de que su carrera se establezca definitivamente entre los grandes del continente.

Con 23 años, el extremo encara el Mundial con la velocidad y el regate habituales, pero también con la convicción de que el verdadero progreso pasa por aspectos tan sencillos como mejorar la cena, acostarse más temprano y comprender que, aunque se sea joven, no se puede con todo sin cuidarse.

Scroll al inicio