El retiro de Yéremy Pino en un pueblo español rodeado por autopistas y jaimas árabes desde los años 60

Montaje de Yéremy Pino y su refugio. El futbolista del Crystal Palace creció en un vecindario situado en la parte alta de Las Palmas de Gran Canaria.

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En el ámbito del fútbol de élite mundial, la atención suele centrarse en destinos paradisíacos y exclusivas islas privadas donde las estrellas se apartan de la presión mediática. Sin embargo, el refugio de Yéremy Pino rompe con este patrón.

El extremo internacional, que atraviesa un momento complicado tras sufrir un esguince acromioclavicular en la clavícula durante el Mundial frente a Uruguay, siempre halla recuperación y desconexión en un lugar con un atractivo singular dentro de las Islas Canarias: el barrio de La Feria.

Situado en la Ciudad Alta de Las Palmas de Gran Canaria, este barrio residencial de poco más de 2,000 residentes funciona prácticamente como un pueblo autónomo.

Su configuración actual está dominada por un macizo de bloques de hormigón construidos entre las décadas de los 70 y 80 para cubrir la demanda de vivienda social. No obstante, su pasado revela contrastes exóticos y cambios profundos que le confirieron a la zona una identidad sólida.

Para comprender el entorno donde se formó el futbolista, es necesario retroceder a los años 60. El surgimiento del barrio está vinculado a la Feria del Atlántico de 1966, un evento comercial ambicioso organizado por el Cabildo para enlazar el archipiélago con mercados exteriores.

Yeremy Pino se duele de la clavícula durante el partido ante Uruguay.

Yeremy Pino se duele de la clavícula durante el partido ante Uruguay. Reuters

En aquel entonces, antes de que el cemento cubriera los antiguos campos agrícolas, la zona se transformó en un punto multicultural.

Era común que el paisaje isleño se decorara con llamativas jaimas árabes y pabellones coloridos que alojaban delegaciones diplomáticas de varios países africanos, convirtiendo esta área en el primer centro de globalización para sus habitantes.

Esta etapa exótica dio paso a la modernización urbana, aunque no sin dificultades. Con la posterior construcción de la autovía de Circunvalación, el barrio vivió una transformación física profunda: quedó completamente aislado por autopistas.

La falta de conexión peatonal con el centro urbano y áreas cercanas llevó a La Feria a cerrarse sobre sí misma, convirtiéndose en una estructura autosuficiente, una suerte de «isla dentro de otra isla» con sus propias escuelas, iglesias y comercios tradicionales.

Lejos de afectar negativamente al ambiente, este aislamiento generó una comunidad vecinal muy solidaria. Entre las canchas, al ruido de los bloques de hormigón y el tráfico circundante, comenzó a formarse el talento de Yéremy Pino con el balón.

Actualmente, mientras se recupera de la lesión sufrida en el mundial, el delantero sabe que en esas calles, nombradas literariamente como Don Quijote o Sancho Panza, siempre encontrará la desconexión auténtica, la de sus raíces.

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