Las previsiones del Eurosistema indican que la inflación alcanzará un máximo del 3,4% en el tercer y cuarto trimestre de 2026, para luego empezar a reducirse significativamente a partir del segundo trimestre de 2027, situándose en un 2,3%

El conflicto en Oriente Próximo interrumpió la etapa de alivio que experimentaban los europeos. Antes del inicio de la confrontación entre Estados Unidos e Irán, y tras años de incrementos en los precios –especialmente a raíz de la invasión rusa a Ucrania–, la zona euro había logrado bajar la inflación hasta el 2,1% en 2025, acercándose al nivel considerado adecuado por el Banco Central Europeo (BCE). Aunque la contienda aparenta estar próximo a su final (veremos), sus secuelas son evidentes: los costes energéticos se han disparado y han arrastrado al alza los precios de la cesta básica. En su último boletín económico, elaborado poco antes de que Trump anunciara una tregua, el BCE señala que la inflación permanecerá por encima del 3% hasta principios de 2027, superando en más de un punto porcentual la meta del 2% establecida por la institución. Este dato es relevante, ya que implica que los europeos enfrentarán al menos dos años seguidos pagando más por prácticamente todos los productos.
“El incremento de los precios energéticos provocará un aumento continuado de la inflación durante el verano, manteniéndola notablemente por encima del objetivo hasta el primer semestre de 2027”, advierte el BCE. En mayo de 2026, la inflación se situó en el 3,2%, por encima del 3,0% registrado en abril. El factor principal detrás de este aumento es la energía, cuyos precios crecieron un 10,9% interanual en ese mes. Lejos de ser un pico ocasional, esta cifra tiene recorrido. Las estimaciones del Eurosistema —la red de bancos centrales nacionales coordinada por el BCE— prevén que la inflación general llegará a su punto máximo del 3,4% en el tercer y cuarto trimestre de 2026, comenzando a disminuir de manera significativa a partir del segundo trimestre de 2027 hasta alcanzar un 2,3%.
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¿Qué relación existe entre una guerra y la factura de la luz o el precio del pan?
¿En qué influye una guerra sobre la factura de la luz o el coste del pan? La clave está en el petróleo. La disputa en Oriente Próximo ha alterado el suministro global de crudo, en particular por el bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores marítimos para el transporte de hidrocarburos a nivel mundial. Cuando el precio del petróleo sube, el impacto se extiende a toda la economía: se incrementan los precios de la electricidad, el gas, el transporte y, con ellos, los costes para mover mercancías, producir alimentos y prestar servicios. El BCE lo reconoce claramente: el aumento en los costes energéticos se traslada a los precios de alimentos, bienes y servicios.
Los sectores más afectados por esta transmisión son el turismo y el transporte, donde los costes energéticos representan una parte significativa. Los precios de los vuelos y los paquetes turísticos para el verano de 2026 ya reflejan estas presiones, y los datos del BCE muestran que la inflación en servicios subió del 3,0% al 3,5% entre abril y mayo.
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Frente a este escenario, el Consejo de Gobierno del BCE decidió el 11 de junio de 2026 un aumento de 25 puntos básicos en las tasas oficiales de interés, una medida que generó discusión. La facilidad de depósito quedó en 2,25%; las operaciones principales de financiación, en 2,40%; y la facilidad marginal de crédito, en 2,65%. El propósito es moderar la inflación, aunque esta herramienta tiene un costo: encarece el crédito justo cuando la economía muestra señales de debilidad.
Y efectivamente, la economía europea muestra signos de desaceleración. El PIB real de la zona euro creció solo un 0,3% durante el primer trimestre de 2026 —excluyendo datos volátiles de Irlanda—, y los indicadores de actividad llevan dos meses consecutivos en terreno negativo. El índice compuesto de gestores de compras (PMI) cayó de 51,9 en febrero a 48,6 en mayo, con el sector servicios en niveles no vistos desde principios de 2021. Las previsiones del Eurosistema para todo el año apuntan a un crecimiento del 0,8% en 2026, revisado a la baja respecto a las predicciones de marzo.
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El doble desafío que afecta el bolsillo
La combinación de una inflación elevada y un crecimiento económico débil sitúa a los hogares europeos en una situación compleja. Por un lado, los precios reducen el poder adquisitivo: la encuesta del BCE sobre las expectativas de los consumidores de abril de 2026 revela que la inflación percibida en los últimos doce meses alcanzó el 4%, medio punto más que en marzo. Por otro lado, el aumento de las tasas encarece las hipotecas y el crédito al consumo, justo en un momento en que las familias requieren mayor margen financiero para afrontar el impacto del encarecimiento energético.
En abril, los préstamos hipotecarios presentaban una tasa media del 3,4%, mientras que el crédito a empresas estaba en un 3,6%. Con la reciente subida de tipos, ambos valores cuentan con espacio para seguir aumentando en los próximos meses.
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Inflación elevada, pero con límites
El BCE señala que no todas las tendencias son desfavorables. Las presiones sobre los salarios, que en otro contexto podrían alimentar una espiral inflacionaria, están disminuyendo: la remuneración por trabajador aumentó un 3,5% interanual en el primer trimestre de 2026, frente al 3,7% del trimestre precedente. Los beneficios empresariales también se han moderado. Esto reduce el riesgo de que la inflación se mantenga elevada por factores internos, más allá del choque energético.
Las expectativas de inflación a largo plazo —a cinco años— se mantienen alrededor del 2,4%, lo que sugiere que los mercados y analistas confían en que el BCE conseguirá encaminar los precios hacia su objetivo a medio plazo. Según las previsiones del Eurosistema de junio de 2026, la inflación general no regresará al 2% hasta 2028, pero la tendencia es a la baja una vez que los efectos del shock energético comiencen a disiparse.
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El Presidente de Estados Unidos y el Presidente de Francia son observados saliendo del Palacio de Versalles. Varios funcionarios y personal de seguridad acompañan la salida de los dignatarios
El BCE advertía en su boletín que esta evolución depende en gran medida de la duración y severidad de la guerra en Oriente Próximo, y los especialistas del Eurosistema elaboraron tres escenarios alternativos —moderado, adverso y severo— que presentan resultados muy diferentes para la inflación y el crecimiento. En el escenario más negativo, el impacto sobre el PIB de la zona euro podría reducirse entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales anualmente durante los tres años posteriores al inicio del conflicto.
Sin embargo, el panorama cambió días después de la publicación del informe. El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán anunciaron un acuerdo preliminar para detener las hostilidades y reabrir el estrecho de Ormuz, el paso marítimo cuyo bloqueo aumentó drásticamente los precios del petróleo a nivel mundial. Los mercados reaccionaron rápidamente: el precio del crudo descendió a sus mínimos en tres meses. No obstante, el pacto —un memorando de entendimiento que establece un período de 60 días para negociar un acuerdo definitivo— deja sin resolver asuntos críticos, como el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones. Además, deben considerarse las fluctuaciones del conflicto. Queda por ver si el acuerdo se mantiene o no.
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