188 diputados confirman que Sánchez ha perdido el control mayoritario en el Congreso

Una «mayoría negativa», en términos del PNV, se manifiesta claramente en la comparecencia del presidente del Gobierno ante el Congreso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso

La presencia de Pedro Sánchez en el Congreso para dar explicaciones sobre los casos de corrupción que afectan a su Ejecutivo, al PSOE y a su entorno familiar, ha dejado una conclusión inevitable: el presidente ha perdido la confianza parlamentaria. Así lo han demostrado en sus intervenciones los portavoces de PP, Vox, Podemos, Junts, UPN, Coalición Canaria y hasta el PNV, que ha resaltado que la «mayoría» que le respalda actualmente «es negativa». En conjunto, 188 escaños evidencian que la legislatura está agotada y que la continuidad de Sánchez en La Moncloa se ha convertido en un acto de «atrincheramiento» que podría llevar a los socialistas «al abismo».

El debate de hoy no ha resultado ni cómodo ni sencillo para el presidente. Incluso los grupos que se consideran firmes aliados -ERC, EH Bildu, BNG y Sumar- han admitido que el conjunto de investigaciones judiciales, unas con mayor fundamento que otras, llega a niveles inasumibles, y algunos han dejado claro que su apoyo depende únicamente de los intereses y lo que se les conceda de aquí a un año, cuando las urnas inevitablemente dictarán sentencia como plazo límite.

Sánchez ha ofrecido muy pocas explicaciones sobre la corrupción. El presidente ha repetido su mismo discurso de hace un año, cuando presentó su plan con 15 medidas contra esta problemática; ha reiterado que la corrupción le resulta repulsiva; ha insistido en la consigna de la «tolerancia cero»; ha calificado estos casos como «episodios aislados»; se ha puesto en posición de víctima; ha usado como defensa los datos económicos; ha vuelto a incidir en el temor a la derecha y se ha sumergido directamente en la estrategia del tú más contra el PP, a pesar de que sus propios aliados -incluido Gabriel Rufián, de ERC- le han advertido que esta táctica ya no resulta convincente.

La intervención de Feijóo, respaldada por la reciente sentencia del Supremo contra José Luis Ábalos y la imputación del expresidente Zapatero, ha consistido en una sucesión de ataques: «¿A partir de cuántas sentencias se asume responsabilidad política?»; «en la lista de delitos perpetrados cabe casi todo el Código Penal»; «usted es el vínculo político corruptor, quien entregó el Estado a elementos cuestionables» o «aquí, el único agresor es usted: a la nación española».

Cuando el presidente afirmó que «la cuestión no es si el Gobierno continuará sino cómo no continuará», su oponente respondió: «¿Continuar para seguir cometiendo delitos?».

Feijóo urgió a Sánchez a «disolver las Cortes». «Vayamos a elecciones», propuso, antes de criticar a quienes, a pesar de repudiar el lodazal de corrupción, no dan el paso decisivo para terminar con la legislatura: «Cuánta indignidad hay en los grupos que respaldan al Gobierno; ahora son cómplices».

Santiago Abascal acusó al presidente de «debilitar los pilares del Estado» y repasó todas las letras del abecedario asignando a cada una un caso de corrupción: desde la «A, de Ábalos», hasta la «P, de P.S.» y la «Z, de Zapatero». El líder de Vox acusó a Sánchez de maniobrar «para robar las próximas elecciones» con acciones como «regalar la nacionalidad a quienes nunca han residido en España». Abascal reclamó elecciones y concluyó: «Las cucarachas muestran más resiliencia y eso no las hace admirables».

El PNV mostró su descontento pero concederá una última oportunidad a Sánchez, consciente de que este aire fresco se agotará: «Presente los Presupuestos y si no consigue aprobarlos, convoque elecciones». Su portavoz, Maribel Vaquero, constató que el Gobierno carece de confianza en la Cámara: «Su mayoría es ya negativa».

Podemos, con tono más contundente, sentenció que «el ciclo ha concluido» y exigió a Sánchez que «deje paso». «Ningún demócrata», afirmó Ione Belarra, «debería temer que la ciudadanía exprese su opinión». Junts, por su parte, pidió la «dimisión» del presidente y citó como ejemplo al premier británico, Keir Starmer. Tanto Coalición Canaria como UPN apoyaron la convocatoria de elecciones, convocatoria que Sánchez no sólo rechazó tajantemente, sino que afirmó su disposición a ser nuevamente candidato y «seguir más allá de 2027».

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