Page, llanero solitario, y su intervención de 16 minutos dando voz a las bases: «La corrupción nos tiene aterrados»

El llanero solitario en Ferraz Las claves

Emiliano García-Page fue el único dirigente socialista que manifestó críticas abiertas hacia Pedro Sánchez en el Comité Federal del PSOE.

Page manifestó inquietud por los escándalos de corrupción y demandó autocrítica, destacando el temor de la militancia frente a la actual situación del partido.

El presidente de Castilla-La Mancha propuso adelantar las elecciones y cuestionó la táctica de pactos del PSOE con formaciones independentistas.

Las intervenciones críticas de Page provocaron reacciones duras de otros dirigentes socialistas y evidenciaron la tensión interna dentro del partido.

Su intervención duró apenas quince minutos, pero fue suficiente para romper el coro de aplausos que durante seis horas respaldó a Sánchez; un flujo constante de discursos elogiosos dispuestos a refrendar el monólogo del secretario general.

Los miembros más experimentados del lugar recuerdan que, en la etapa de Felipe González, este órgano se usaba precisamente para cuestionar a la dirección. Hoy, únicamente un llanero solitario se atreve a expresar públicamente lo que numerosos socialistas comentan en privado.

“No me preocupa que se me identifique desde la dirección como un Pepito Grillo o un verso suelto», reconoció Emiliano García-Page frente a Pedro Sánchez.

El presidente castellano-manchego admitió que “en ocasiones” se cuestiona “cuál es su rol”, “qué debe hacer y por qué expresarlo”, pero al estar “todos los días en el ojo público” le resulta “muy difícil desconectarse”.

Al comenzar su intervención, el único barón del PSOE con mayoría absoluta se dirigió directamente a “Pedro” para reprocharle su falta de realismo: “Ni una sola mención a los procesos electorales autonómicos que enfrentamos este año”, criticó, reprochando que el líder omitiera los desastres en Extremadura, Aragón y Andalucía, donde se alcanzaron los peores resultados históricos para las siglas socialistas.

“¿Ni la Dirección Federal ni la política nacional tuvieron alguna responsabilidad en estos resultados?”, preguntó en voz alta.

El dirigente de Castilla-La Mancha constató que “el 95% de la gente está centrada en otros temas” para luego señalar la cuestión obvia: la crisis por corrupción que Sánchez se esfuerza en describir como puntual y limitada a la «antigua Secretaría de Organización».

Confesó que militantes y dirigentes llevan semanas y meses «aterrados por los escándalos» de corrupción.

Fue entonces cuando afirmó que “se necesita autocrítica”, un mensaje dirigido no solo al presidente, sino también a otros líderes territoriales que previamente hablaron de manera dócil.

Page quebrantó otro tabú: el adelanto electoral. “No hay que temer a la convocatoria de elecciones”, concluyó.

El presidente manchego compartió la “sensación” de que se está instaurando un miedo general en el bloque: “tanto los supuestos socios como nosotros mismos” temen “convocar elecciones porque, ante la ausencia de movilización electoral, podríamos incluso perder el Gobierno”.

Una advertencia incómoda en un Comité Federal lleno de intereses personales: tres ministros actúan simultáneamente como secretarios generales de sus territorios (Diana Morant, Óscar López y Ángel Víctor Torres), otras dos figuras tenían carteras en el Ejecutivo a comienzos de este año (Pilar Alegría y María Jesús Montero) y la presidenta del Congreso y líder de los socialistas de Baleares, Francina Armengol, depende de prolongar la legislatura para mantener su estatus como tercera autoridad del Estado.

Sin embargo, Page continuó lanzando críticas: “Sinceramente preferiría que se pudieran anticipar las elecciones”.

Recordó que, desde la última reunión del órgano en julio del año pasado, “la situación se ha multiplicado por cinco” en lo que él considera el “momento más crítico para el PSOE en nuestra historia reciente”.

Al menos, aclaró, “en términos de credibilidad”.

En caso de que las urnas terminen imponiéndose —ahora que Sánchez ya no habla de agotar la legislatura sino de llegar a 2027—, el barón exigió que se haga “pensando en la base del partido” y nunca “por presión o exigencia de algunos socios nacionalistas”, en referencia al PNV.

Sobre los escándalos que han sacudido al partido, el dirigente manchego apeló a distinguir “culpa y responsabilidad”.

“No culpo a nadie directamente por la corrupción”, aclaró.

Pero añadió que “es bastante lógico pensar que la gente nos responsabiliza, ya sea por no haberlo evitado, ni prevenido, o en todo caso por connivencia” con las irregularidades.

Además, criticó a la cúpula por “demasiadas teorías y reacciones contradictorias”.

Denunció la doble vara de medir con ejemplos concretos: recordó que con José Luis Ábalos, “sin respetar la presunción de inocencia”, se actuó inmediatamente sin esperar “ningún proceso ni imputación”.

“En ocasiones hemos respaldado los informes de la UCO y otras veces lo contrario», lamentó, concluyendo: “Lo que percibo es una respuesta muy contradictoria y conflictiva”.

Fue entonces cuando verbalizó el miedo más profundo de Ferraz: “Quisiera tener cierta tranquilidad de que, al menos la organización, no será imputada”, insinuó, sembrando dudas sobre la protección judicial de las siglas.

Page calificó de “preocupante” ese escenario y recordó que “la ciudadanía se cuestiona, más allá de las consecuencias judiciales o de los delitos, las actitudes, los comportamientos morales y la coherencia entre lo que decimos y hacemos”.

“No podemos ignorar que ese es el debate ciudadano”, concluyó. Además, se mostró partidario de que el partido emprenda “acciones legales” contra la fontanera Leire Díez.

Page habló en nombre de una militancia agobiada por la actualidad: “esta coyuntura nos oprime”, pero reclamó “no solo pensar en el PSOE de hoy sino en el del futuro cercano”.

A su parecer, “muchas cuestiones que ya iban mal antes de la ecuación” se deben a los “pactos antinatura” del Gobierno con fuerzas “de extrema derecha”, aludiendo claramente a Junts.

Y planteó una última cuestión al aire: “¿Hasta qué punto nuestras acciones, discursos y pactos no están fortaleciendo a la derecha y extrema derecha?”.

La respuesta de la guardia pretoriana de Sánchez no se hizo esperar. Óscar López le reprochó severamente: “¿Qué sentido tiene venir a un Comité Federal a decir que el PSOE debería dejar de gobernar y que este es el peor momento de su historia?”.

El ministro afirmó que «el peor momento fue de 1993 a 1996 (con Felipe González) y no se tomaron medidas. Ahora sí».

Por su parte, María Jesús Montero acusó directamente a Page de colaborar, por acción u omisión, con quienes actúan “en contra de nuestro partido”.

Para añadir tensión, el propio Pedro Sánchez usó su turno de cierre para enviarle un mensaje indirecto: “Quienes ahora piden elecciones son los que facilitaron un Gobierno del PP en 2016”.

Aunque el mayor aplauso para el líder nacional llegó cuando, a puerta cerrada y tras esa referencia a Page, descartó unir su destino a un superdomingo electoral.

En todo el recinto, solo la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, se alineó con las críticas de Page, confesando su tristeza por ver que casi nadie se atrevía a señalar que “el Rey va desnudo”.

El secretario de organización de Castilla-La Mancha, Sergio Gutiérrez, reforzó el mensaje de su líder solicitando adelantar las elecciones generales para celebrarlas antes de las municipales, de modo que los alcaldes puedan proteger sus campañas locales del tenso clima nacional.

Al salir, desde la delegación manchega lamentaban profundamente que la reunión se hubiese transformado en “un comité de control a Page y no a la Ejecutiva”. “Deberíamos estar hablando de Leire Díez y no de Page”, sentenciaba otra voz anónima.

El líder castellano-manchego abandonó la sede con la actitud de Sancho Panza tras recordarle al Quijote de la Moncloa que los que tiene delante “no son monstruos sino molinos”.

Todo esto ocurrió en un Comité diseñado, exclusivamente, para ovacionar al caballero andante.

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