Thibaut Courtois explicó que practicaba voleibol siguiendo el ejemplo de sus padres y que comenzó a jugar al fútbol como lateral izquierdo a los 7 años.

Courtois, durante un partido. El futbolista del Real Madrid terminó desempeñándose como portero gracias a su estatura y a los reflejos que desarrolló practicando otro deporte.

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La trayectoria hacia la cima del fútbol mundial rara vez sigue un camino directo. Muchos atletas destacados esconden en sus comienzos detalles inesperados que finalmente moldearon sus habilidades más notables.

El caso de Thibaut Courtois, portero del Real Madrid y uno de los guardametas más influyentes de la historia, es un claro ejemplo de esta situación.

Antes de consagrarse como un coloso infranqueable en la meta, el belga transitó un proceso formativo muy distinto a la típica trayectoria, marcado profundamente por su familia y un cambio de posición que definió su futuro.

Para comprender la agilidad y reflejos excepcionales de Courtois, es imprescindible recorrer su infancia. El propio portero reveló la clave de su destreza en un entrenamiento con la selección de Bélgica en marzo de 2019.

Durante esa rueda de prensa, que tuvo amplia repercusión en medios deportivos internacionales, el jugador explicó con sencillez que él «practicaba voleibol, igual que mis padres, desde los cinco o seis años», y añadió que «a los 7 años el Genk mostró interés en mí, hice las pruebas, comencé jugando como lateral izquierdo, pero, debido a que había jugado al voleibol, tenía esos reflejos para lanzarme al suelo y empecé también a desempeñarme como portero».

Thibaut Courtois, en un partido del Real Madrid de la temporada 2021/2022

Thibaut Courtois, en un partido del Real Madrid de la temporada 2021/2022 AFP7 / Europa Press

Esta revelación aclara una infancia marcada por la práctica de múltiples deportes. Proveniente de una familia dedicada plenamente al voleibol profesional, Courtois creció disputando partidos en el patio de su hogar.

Este deporte le proporcionó una ventaja mecánica fundamental dentro del fútbol: ninguna resistencia a tirarse al suelo y una coordinación mano-ojo muy avanzada en comparación con sus coetáneos.Sin embargo, su futuro deportivo tomaba un rumbo distinto.

Tras captar la atención de los cazatalentos del Genk a los siete años, ingresó en las divisiones inferiores del club. De forma curiosa, sus primeros entrenadores lo situaron en la banda debido a su zancada amplia y su estatura notable.

Courtois cumplía bien con funciones defensivas, pero la dinámica rotativa en la base, junto a sus reflejos felinos derivados del voleibol, llevó a los técnicos a probarlo bajo los tres palos en varios torneos juveniles.

El experimento dio resultados rápidamente. Durante tres años, el belga alternó su rol de jugador de campo con el de portero, hasta que a los diez años tomó la decisión definitiva de portar los guantes permanentemente. Lo que fue en un principio un juego familiar se convirtió en la clave para dominar las porterías europeas.

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