Las claves
Pedro Sánchez defendió a Zapatero apoyándose en una supuesta «ley de buen gobierno» de 2008 que en realidad no existe, para justificar la ocultación de joyas valoradas en 1,3 millones de euros.
El círculo cercano a Zapatero ha presentado hasta cinco versiones diferentes sobre el origen de las joyas encontradas en su caja fuerte, incluyendo la hipótesis de que fueron un obsequio del rey de Arabia Saudí.
El código de buen gobierno aprobado en 2005 ya exigía entregar los regalos valiosos al Patrimonio del Estado, norma que Zapatero no respetó.
Las contradicciones y modificaciones en las versiones acerca de las joyas suscitaron indignación, incluso en entidades como el Ateneo de Madrid, y dificultaron la defensa pública de Zapatero.
Pedro Sánchez elogió este viernes al expresidente Zapatero por la aprobación de una inexistente «ley de buen gobierno» en 2008, con la intención de justificar que ocultara joyas por un valor de 1,3 millones de euros en su caja fuerte en Ferraz.
Desde Bruselas, Sánchez trató de consolidar el relato más favorable a Zapatero, que indica que recibió el conjunto de joyas en 2007 como un regalo de Abdala bin Abdulaziz, el rey de Arabia Saudí, durante su visita a España.
Esta es la quinta explicación que el entorno del expresidente ha difundido sobre las joyas, intentando evitar que el juez Calama las vincule a un pago relacionado con sus negocios en Venezuela y China.
De confirmarse, esto las convertiría en evidencia del delito de blanqueo, además de los cargos fiscales y de contrabando que ya se le imputan.
Pedro Sánchez participó este viernes en Bruselas en la reunión del Consejo Europeo, donde se abordaron temas vitales como el acuerdo de paz entre EEUU e Irán, el presupuesto de la UE, el apoyo a Ucrania, las políticas migratorias y el veto a China.
Sin embargo, en su posterior rueda de prensa, fue abordado con numerosas preguntas respecto al contenido de la caja fuerte de Zapatero.
Sánchez evitó responder a la cuestión más comprometida: si considera que el expresidente debe entregar al Patrimonio del Estado las joyas —rubíes, diamantes y esmeraldas— que jamás declaró ante Hacienda.
“Esa pregunta corresponde responderla al expresidente Zapatero, no a mí”, manifestó.
Para justificar esta postura, Sánchez afirmó que en 2007 «no existía una normativa específica sobre los regalos que pueden recibir los presidentes«.
Seguidamente, reconoció el mérito de Zapatero al haber «promovido a partir de 2008 la ley de buen gobierno«, patrocinada por «una mayoría parlamentaria progresista», que regula dichos regalos institucionales.
Para defender esta versión, Sánchez debió retroceder en el tiempo, alterar fechas y mezclar diferentes normativas.
El Consejo de Ministros bajo la presidencia de Zapatero aprobó en marzo de 2005 el «Código de buen gobierno», que estipula que sus miembros deben «rechazar cualquier regalo, favor o servicio que exceda los usos habituales, sociales y de cortesía«.
En caso de recibir obsequios de elevado valor o «mayor significación institucional», el texto establece que deben entregar dichos objetos al Patrimonio del Estado, algo que Zapatero nunca cumplió.
Por tanto, es falso que en 2007 no existiera regulación alguna sobre regalos institucionales.
No se trataba de una ley formal, sino de un acuerdo del Consejo de Ministros publicado en el BOE, sin pasar por las Cortes, por lo que no fue aprobado por ninguna «mayoría parlamentaria progresista».
La Ley 19/2013 de «transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno», mencionada por Sánchez, fue en realidad aprobada en 2013 bajo el Gobierno de Rajoy.
Además de elevar a rango legal las disposiciones del código ético de 2005 sobre regalos institucionales, creó el Portal de Transparencia y reguló el acceso ciudadano a la información pública.
Sánchez apeló a su propia «experiencia» para justificar la conducta de Zapatero: «Cuando alguien viaja, recibe regalos de los cuales no se tiene conocimiento hasta regresar a Madrid«, explicó.
«Por tanto, no es que al llegar a la capital X o Y recibas un regalo y conozcas inmediatamente su naturaleza», señaló Sánchez, «no funciona de esa manera«.
Aunque ninguna de estas explicaciones justifica que Zapatero decidiera guardar las joyas en su caja fuerte sin declararlas a Hacienda, en lugar de entregarlas al Patrimonio nacional, tal como indicaba el «código de buen gobierno» que él mismo instauró.
Además, añadió una consideración menos favorable para Zapatero: estos regalos, destacó, «son símbolo de respeto hacia las instituciones y un signo de fraternidad entre esos países«.
En consecuencia, no constituyen obsequios personales, sino dirigidos a la institución y a la nación representada.
El presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo, continúa apareciendo ante la prensa como «portavoz» de Zapatero, a pesar de que se ha demostrado que ha mentido en cuatro ocasiones ofreciendo versiones distintas y contradictorias sobre el origen de las joyas.
Primero afirmó en TVE que eran «las joyas de la abuela«, heredadas de Sonsoles Espinosa.
Luego aseguró que su valor rondaba «entre 30.000 y 50.000 euros«, basándose en una tasación hecha por «un experto».
Cuando la peritación ordenada por el juez estableció que valen 1,3 millones de euros, Arroyo pidió disculpas en un tuit «a título personal por haber inducido a error» con sus afirmaciones incorrectas.
En declaraciones a La Sexta, negó rotundamente que procedan de un país árabe: «Se lo he consultado a José Luis y me dice que de Arabia Saudí no hay nada» (contrario a la versión que ahora difunde el «entorno» de Zapatero).
Hace una semana, afirmó en TVE (y también en declaraciones a EL ESPAÑOL) que Zapatero ofrecería este miércoles todas las aclaraciones necesarias sobre el origen de las joyas durante su declaración ante el juez.
Esto tampoco fue cierto: Sánchez rehusó responder ante el juez cualquier pregunta acerca de las joyas, y solicitó más tiempo —»una semana o diez días, como máximo», recalcó— para esclarecer su procedencia.
El lunes, TVE difundió la quinta versión (esta vez sin nombrar a Arroyo como fuente), según la cual se trataría de un regalo otorgado por el rey Abdala bin Abdulaziz durante su visita a España en 2007.

