El reconocido portero argentino, que militó en Getafe y Boca Juniors, ahora centra su vida en el ámbito rural.
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Actualmente, la existencia de Roberto ‘Pato’ Abbondanzieri transcurre lejos de las luces del fútbol, mucho más cerca del ruido provocado por las cosechadoras.
Boca Juniors, Getafe y la selección argentina tuvieron como portero a Abbondanzieri, quien optó por un cambio rotundo en su vida: estableció su residencia en el campo, en su natal Santa Fe, y concretó una inversión significativa en la producción agropecuaria, posicionándose como contratista rural con su propia flota de maquinaria.
Esta transformación no fue obra del azar. Proveniente de una familia vinculada al trabajo agropecuario, Abbondanzieri siempre consideró el campo como un destino pendiente. Durante su etapa profesional, ya proyectaba este rumbo: concluir su carrera como arquero y regresar a la vida rural, ligada a la tierra.
Tras su retiro, el proceso fue paulatino. Inicialmente, combinó tareas en cuerpos técnicos y apariciones relacionadas al fútbol con visitas frecuentes a su región natal. Con el correr del tiempo, esas visitas se convirtieron en residencia fija y posteriormente en negocio propio.
Actualmente, su jornada inicia temprano y lejos de vestuarios o concentraciones. En lugar de planificar partidos, se dedica a evaluar pronósticos climáticos, cotizaciones de granos y el estado operativo de sus máquinas.
Su estrategia ha sido precisa: hacer importantes inversiones en maquinaria moderna para brindar servicios de siembra y cosecha a otros productores, además de gestionar sus propias parcelas.
No se trata únicamente de poseer tierras, sino de dirigir una empresa que depende del clima, los precios del mercado y la eficacia en cada jornada laboral.
Abbondanzieri, en sala de prensa, durante su etapa en el Getafe. Reuters
El exarquero suele relatar que trasladó al ambiente rural el mismo nivel de exigencia que mantenía bajo los tres palos. Si la concentración en la Bombonera era innegociable, lo mismo aplica arriba de una cosechadora.
La diferencia radica en que ahora los errores no se miden en goles encajados, sino en rendimiento, pérdidas ocasionadas por decisiones inadecuadas o el costo vinculado a detener una máquina de alto valor durante la campaña. Esa presión la acepta como parte integral de su nueva actividad empresarial.
En el presente, la inversión en maquinaria representa el pilar fundamental de su proyecto. Abbondanzieri se ha equipado con cosechadoras, tractores y otros equipos que facilitan tanto la labor en sus propias tierras como la prestación de servicios a campos vecinos.
Este modelo requiere de planificación rigurosa, logística eficiente y un análisis detallado de cada campaña. Durante períodos de sequía o cosechas insatisfactorias, el impacto es inmediato, forzándolo a ajustar las cifras y estrategias, un reto que asume como parte de su etapa tras el fútbol.
Alejado del bullicio de las gradas, Abbondanzieri halló una rutina más tranquila, aunque igual de exigente. Cambió los desplazamientos internacionales por la recorrida de parcelas, los cánticos por el ruido de los motores y las noches intensas de Copa por jornadas prolongadas de trabajo rural.
Su nueva vida se sustenta en una decisión crucial: arriesgar capital, tiempo y su nombre para construir un futuro en el campo, con la misma seriedad con la que defendió un arco en su momento.

