La figura principal de la selección de Marruecos proviene de un entorno modesto en Madrid junto a su familia.
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Achraf Hakimi participa en el Mundial de 2026 liderando a la selección de Marruecos, pero cada vez que se indaga sobre su pasado, regresa al mismo comienzo: un apartamento sencillo en Madrid y unos padres que trabajaron arduamente para mantener a la familia.
Fue allí, mucho antes de alcanzar la fama internacional, donde se moldeó el carácter del lateral que hoy despliega su juego en los mejores escenarios futbolísticos.
En una entrevista concedida a El Chiringuito en 2019, mientras aún estaba cedido por el Real Madrid al Borussia Dortmund y ya despuntaba en la Bundesliga y la Champions, Hakimi optó por revelar aspectos personales.
«Mi madre trabajaba limpiando casas y mi padre se dedicaba a la venta ambulante. Que yo pudiera entrenar fue un sacrificio para ellos», resumía, consciente de que cada sesión en el campo implicaba largas horas de esfuerzo y fatiga acumulada.
No se refería únicamente a dificultades económicas, sino a la renuncia constante de una familia inmigrante que estructuraba su vida en torno al sueño del hijo menor.
El defensor explicaba que su trayectoria se originó en un ambiente de limitaciones, pero también bajo un mensaje firme en el hogar. «Procedemos de una familia sencilla, que siempre ha luchado para alcanzar sus metas. Yo rechazo cada día para apoyarlos. Como menciono, éramos pobres y necesitábamos muchas ayudas», relataba, enlazando la idea de que su éxito no puede entenderse sin la cultura del esfuerzo que impregnó desde niño.
En su historia, el fútbol aparece menos como un ascenso fulgurante y más como una vía de escape colectiva, casi una deuda con los suyos.
Vinicius y Achraf Hakimi se abrazan tras el Brasil – Marruecos del Mundial. Reuters
Hakimi remarcaba que sus padres dieron prioridad a su formación deportiva incluso antes que a otros gastos propios del hogar.
«Renunciaban a muchas cosas de mis hermanos para poder ofrecérmelas a mí», reconocía, con una mezcla de gratitud y compromiso moral. Esa frase refleja la dimensión íntima de su historia: cada camiseta, cada premio y cada nuevo contrato están ligados al sacrificio de oportunidades que sus hermanos dejaron pasar para que él tuviera la posibilidad de jugar en Valdebebas o en Dortmund.
La distancia física no ha quebrado ese lazo, y el jugador lo dejó claro al describir cómo vive su familia cada encuentro suyo. «De forma directa. Cuando me critican les afecta, porque a mí también me puede incomodar. Y si la situación es opuesta, se alegran», explicaba, dibujando a un núcleo familiar que vive intensamente detrás de la pantalla como si estuviera en las gradas.
Ese vínculo emocional se tornó evidente cuando vio un mensaje de su madre y hermana en medio del programa: «Pasaba mucho tiempo con ellos, ahora que estoy lejos estas muestras de apoyo me motivan», confesó emocionado, al borde de las lágrimas.
Actualmente, mientras lucha por dejar huella con Marruecos en el Mundial de 2026, Hakimi sigue llevando consigo a esa familia modesta de Madrid en cada recorrido por la banda.

