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Información del artículo
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- Autor, Caryn James
- Título del autor, BBC
- Fecha de publicación 27 minutos
- Tiempo de lectura: 8 min
Robin Hood comenzó siendo una tradición oral en el siglo XII, para luego transformarse en un arquetipo heroico apto para toda la familia. Ahora, sin embargo, emergen nuevas versiones que rescatan su costado más oscuro.
En el momento en que el guionista y director Michael Sarnoski inició el rodaje de su último film –The Death of Robin Hood (“La muerte de Robin Hood”)-, compartió con el elenco y el equipo una versión que siempre le ha fascinado.
Se trataba de la película animada de Disney de 1973 sobre Robin Hood, cuya figura es la de un zorro astuto con una pluma en su gorro verde, que roba a los ricos para repartir entre los pobres.
Esa entrañable versión no podría distar más de “La muerte de Robin Hood”, el drama sombrío y contemplativo dirigido por Sarnoski.
Hugh Jackman interpreta a un Robin Hood canoso y endurecido por las batallas, que al final de su vida reflexiona y es plenamente consciente de la leyenda que le acompaña.
Advertencia: Este artículo incluye descripciones gráficas de violencia que podrían resultar chocantes para algunas personas.
Cuando se cruza con una mujer que menciona al virtuoso Robin Hood, defensor de la justicia, él rechaza esa imagen y se refiere a sí mismo en tercera persona.
“No fue un héroe. Simplemente robaba y mataba por puro placer, nada más”.
Este Robin Hood violento y las otras reinterpretaciones que cuestionan la imagen heroica y bienintencionada tradicional están, en realidad, mucho más cerca de las leyendas medievales originales que del estereotipo familiar con que se le suele asociar hoy.
La representación de Robin Hood ha ido cambiando a lo largo de los siglos; cada transformación refleja la época que la generó.
Estas versiones más oscuras del siglo XXI remiten a los orígenes del relato y, como remarcan algunos de sus creadores, también dialogan con la actualidad.
Las interpretaciones complejas del personaje desafían a un mundo polarizado donde los héroes y villanos suelen presentarse como completamente buenos o completamente malos, una reducción similar a la que experimentó la leyenda de Robin Hood con el paso del tiempo.

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¿Quién era Robin Hood?
Aunque existe mucha especulación acerca de un Robin Hood real, la mayoría de los historiadores coinciden en que no hubo un solo individuo que diera origen al personaje, sino que fue una sociedad marcada por profundas desigualdades entre terratenientes adinerados y campesinos pobres la que inspiró su figura.
Las leyendas comenzaron como relatos orales en el siglo XII, pero no fue hasta dos siglos más tarde que se documentaron por escrito en baladas que ya mostraban a Robin Hood como una figura reconocida.
En esos textos primeros, él no era el noble Sir Robin de Locksley que las versiones posteriores describirían, sino un yeoman, un campesino con cierta posición económica.
Tampoco existía el personaje de Marian hasta el siglo XVI. Y aunque Robin se mostraba benevolente con los pobres, ayudarles no era su propósito principal.
Sus adversarios eran el clero corrupto y los nobles abusivos con sus subordinados.
En el epílogo de su novela revisionista The Traitor of Sherwood Forest (“El traidor del bosque de Sherwood”), publicada en 2025, la historiadora medieval Amy S. Kaufman describe al Robin Hood de las leyendas iniciales como “un embaucador medieval con ambigüedad moral” y “un pícaro violento y desafiante”.
Disney acertó en algo: las primeras baladas sugieren que Robin era tan astuto como un zorro.
Un cambio decisivo en la historia ocurrió en el siglo XVI.
El rey Enrique VIII, admirador del personaje que en ocasiones usaba disfraces de Robin Hood, fue clave en este proceso. Durante su reinado, vinculado con la ruptura con la Iglesia católica, desapareció de la leyenda la devoción de Robin hacia la Virgen María.
A medida que la nobleza adoptó al personaje, las crónicas oficiales de la época dejaron de mostrarlo como un opositor de la aristocracia y lo presentaron como un noble él mismo.
En su nuevo rol, Robin Hood era un noble moralmente recto que enfrentaba a sus pares de mala reputación, sin cuestionar la estructura social de poder existente.
Fue convocado para asistir al buen rey Ricardo a recuperar el trono usurpado por su malvado hermano, el príncipe Juan, tópico que perdura en la representación de Disney como un león codicioso y ambicioso.
Durante el siglo XIX, los libros infantiles ayudaron a consolidar aún más a Robin Hood como un benefactor idealizado, adecuado para la moral victoriana.
Y durante el siglo XX, el cine perpetuó esta imagen, con el ícono Errol Flynn interpretando al valiente Sir Robin en la popular película The Adventures of Robin Hood (“Las aventuras de Robin Hood”), de 1938.
Disney, tal vez la versión más influyente, solidificó esta representación en la cultura popular.
“Dos versiones del mismo personaje”

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Sarnoski comenta a la BBC que siempre le ha intrigado la diferencia entre la película de Disney y las leyendas originales, algo que le impactó desde la infancia cuando leyó en un libro infantil la balada medieval “La muerte de Robin Hood”.
En esa balada, Robin muere en silencio, asesinado por una priora malvada y su amante.
“Conocer al Robin Hood de Disney y luego leer ‘La muerte de Robin Hood’, y tratar de entender esas dos versiones del mismo personaje, y cómo pueden coexistir, fue algo que realmente me marcó de niño”, señala.
En el film de Sarnoski, Robin Hood resulta gravemente herido en combate -una flecha atraviesa la nuca de un joven y sale por su ojo- y es trasladado a un monasterio para recuperarse.
Jodie Comer interpreta a la priora, que, a diferencia de la balada, es un personaje benevolente.
“No quería que la priora fuera solo una monja malvada y sin matices, ni que Robin Hood fuera simplemente un héroe bondadoso sin complejidad”, explica Sarnoski acerca de su objetivo de crear personajes con profundidad.
Mientras Robin reflexiona sobre su vida y comienza a mostrar arrepentimiento, “la película se convierte en una historia sobre él enfrentándose a su propia leyenda y también a su anhelo de una muerte digna”, afirma.
La falsedad detrás de las leyendas es también un tema central en la novela de Kaufman, quien igualmente fue influida por Disney en sus primeras experiencias.
“Crecí con el Robin Hood zorro, pero al estudiar la Edad Media y descubrir las baladas, pensé: ‘¿Dónde está mi Robin Hood, el que conozco y amo?’”, relata a la BBC.
The Traitor of Sherwood Forest se centra en Jane, un personaje ficticio: una campesina cautivada por la leyenda de Robin Hood.
Ella se enamora de él y se une a su banda de forajidos, pero pronto duda si la imagen heroica y el propio Robin Hood, tan carismático, no la están engañando.
El Robin Hood que presenta Kaufman, sin ser héroe ni villano, queda fiel a los orígenes del personaje.
Según ella, en las baladas “es muy subversivo al enfrentarse a los que detentan el poder, ya sean reyes, nobles o la Iglesia. Sin embargo, en todas las baladas o bien tiene un desenlace trágico o cae víctima de sus propias debilidades”.

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Durante el siglo pasado, las visiones complejas de Robin Hood fueron poco habituales.
En la gran pantalla, actores como Douglas Fairbanks, Kevin Costner y Russell Crowe han interpretado el papel, en su mayoría adheridos a la imagen tradicional.
Una excepción notable es Robin and Marian (1976), una película inteligente y elegante que merece mayor reconocimiento.
Sean Connery da vida a un Robin envejecido que se reencuentra décadas después con Marian (Audrey Hepburn), ahora convertida en priora.
Este Robin niega la veracidad de las leyendas y adopta una actitud reflexiva en el ocaso de su vida.
“No dejo de pensar en toda la muerte que he presenciado”, le dice a Marian, cuestionando su propósito.
Una historia antigua que se siente vigente

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Las preguntas sobre el poder, los héroes y la forma en que se narran sus historias son motivos que hacen que estas visiones revisionistas se sientan tan actuales.
“El mundo está concentrando el poder de manera similar a la Edad Media”, sostiene Kaufman. “Algunas de las cuestiones que debían resolver entonces son desafíos que nosotros también enfrentaremos”.
Sarnoski apunta que en su película los personajes usan las historias como herramientas de poder.
“Robin Hood empleaba las narrativas como arma y método para mantener la violencia”, ya que así atraía seguidores, explica.
Por otro lado, “la priora usa las historias como un medio para ayudar y sanar a las personas”, añade.
Estas tácticas están muy presentes en la actualidad. “Estamos rodeados de narrativas en todo momento, desde las redes sociales hasta internet y más allá”, señala Sarnoski.
“Nos apresuramos a dividirnos en bandos y tribalismos, a crear héroes y villanos, en lugar de vivir en la zona gris donde de verdad ocurre la vida”, observa.
Aunque estas nuevas versiones más oscuras de Robin Hood impactan, es improbable que reemplacen la imagen “disneyficada”.
“No todo el mundo desea que su fantasía sobre Robin Hood sea modificada”, sostiene Kaufman.
“Se ha convertido en algo similar a Santa Claus, en el sentido de que representa algo mucho más grande que la leyenda original”.
Esta nota es una adaptación de un artículo publicado en inglés. Se puede leer la versión original aquí.

