El Ejecutivo ejerció «presiones» para que la UCO fuera investigada a raíz de los mensajes de WhatsApp del presidente del Gobierno y del ex ministro.

En un punto impreciso dentro de la deriva de la discusión pública, no queda claro en qué momento exacto España empezó a permitir la práctica poco honorable del rastreador de fuentes periodísticas. Este rastreador puede ser un político, un periodista o incluso un activista profesional que se dedica a deducir, sin verificar, el origen de una noticia, es decir, quién la filtró, según el vocabulario muy español y persistente de estos buscadores de fuentes. Basándose en sus propias conclusiones a veces arbitrarias, elaboran teorías sobre oscuros e interesados motivos que, según ellos, justifican la mencionada «filtración».
Existe toda una industria periodística y política sustentada en esa práctica del rastreo de fuentes. En ocasiones, aporta beneficios notables. Durante los meses en que esta actividad alcanzó su mayor auge y notoriedad, la cloaca vinculada al PSOE, liderada por la fontanera Leire Díez y el influyente Santos Cerdán, se centró precisamente en esta tarea: perseguir las fuentes de prensa para intentar neutralizarlas y de esa manera frenar algunas investigaciones relativas al entorno de Pedro Sánchez.

El punto culminante de este plan llegó en mayo de 2025, cuando el propio Gobierno intensificó las «presiones» sobre la Guardia Civil para que abriese una investigación sobre la Unidad Central Operativa (UCO), después de que EL MUNDO publicara en exclusiva un extenso serial basado en los mensajes de WhatsApp entre Sánchez y su ex mano derecha, José Luis Ábalos.
Así lo confirma el reciente y detallado informe de la UCO, que dedica nada menos que 18 páginas a explicar cómo esa cloaca casi logra que se iniciara una investigación formal para identificar la fuente de este diario dentro de la unidad de élite de la Benemérita. La fontanera Leire Díez contó con respaldo gubernamental; justo después de su conversación con la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, el Director Adjunto Operativo (DAO), Manuel Llamas, admitió al jefe de Seguridad del Cuerpo que había recibido «muchas presiones políticas» para investigar a la UCO por la presunta filtración.

El 11 de mayo de 2025, EL MUNDO empezó la publicación de los mensajes de WhatsApp del ex ministro y el presidente. Esa misma mañana, a las 9:16, Mercedes González y la fontanera intercambiaron mensajes por WhatsApp. Dos horas más tarde, el DAO convocó al jefe de Seguridad en una cafetería de la Dirección General de la Guardia Civil, para sugerirle iniciar una investigación interna contra la UCO, con el fin de encontrar al presunto filtrador.
Al día siguiente, portavoces tanto del PSOE como del Gobierno —incluida la entonces número dos, María Jesús Montero— exigieron esclarecer el origen de los mensajes, apuntando claramente a la UCO, responsable de la «custodia». La presión se incrementó. Cuatro días después, el 16 de mayo, el jefe de la UCO reconoció que el instructor le había manifestado que «el DAO estaba recibiendo muchas presiones políticas» para continuar con la investigación interna.

No obstante, la operación contra la unidad de élite de la Guardia Civil fracasó rotundamente: fue frenada por el magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Puente, quien advirtió explícitamente al instructor de que iniciaría diligencias contra cualquiera que ordenara o ejecutara dicha investigación para detectar al filtrador dentro de la UCO.
Eso sí, el informe no especifica quién ordenó al DAO activar esa «información reservada» en forma de búsqueda persecutoria. En cualquier caso, el documento difundido ayer confirma que la presión del Gobierno surtía efecto hasta que se encontró con la oposición del juez Puente.
Hay que destacar que dos días antes de la publicación de los WhatsApp en EL MUNDO, es decir, el 9 de mayo, la fontanera había apostado «una comida» con la directora de la Guardia Civil afirmando que las filtraciones procedían de la UCO. Así se lo comunicó ella misma a Leticia de la Hoz, abogada de Koldo García.
El segundo día de la serie, este diario dio a conocer los WhatsApp de Sánchez a Ábalos, donde el presidente le expresa: «He echado de menos muchas veces trabajar contigo, también tu amistad». Ese mismo día, Leire le escribió a De la Hoz: «No ha sido Ábalos». «¿UCO?», preguntó la abogada. «Sí», respondió Díez. A continuación, De la Hoz contestó de forma gráfica que la directora de la Guardia Civil había perdido la apuesta: «Dile a tu amiga que te debe, más que una comida, la comida de todo un año».
Veinticuatro horas después, De la Hoz se comunicó con Díez diciendo: «Parece que ya todo el mundo da por hecho que ha sido la UCO». «Es que no hay dudas», se reafirmó con convicción la fontanera del PSOE.

