Razones por las que Irán considera su pacto con EE.UU. un logro significativo

Una mujer sostiene una bandera iraní en una calle de Teherán, Irán.

Fuente de la imagen, Reuters

    • Autor, Amir Azimi
    • Título del autor, Editor del Servicio Persa de la BBC
  • Fecha de publicación 1 hora
  • Tiempo de lectura: 7 min

Los líderes de Irán intentan presentar el memorando de entendimiento que se está elaborando con Estados Unidos no como una retirada, sino como fruto de la resistencia y el triunfo.

No obstante, este argumento resulta complicado de sostener.

La nación acaba de salir de un conflicto devastador, su economía enfrenta una gran presión, y sectores dentro de la base de apoyo del régimen islámico rechazan desde hace meses cualquier negociación con Washington.

A su vez, hay iraníes dentro y fuera del país que perciben esta crisis no como una oportunidad para la diplomacia, sino para un cambio de régimen.

En este contexto político fragmentado, Teherán intenta ahora promover el acuerdo.

La narrativa de Teherán

Altos cargos iraníes han descrito el pacto como un triunfo.

Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y figura central en las conversaciones, declaró que Irán ha dado «un paso significativo hacia la victoria final».

El presidente Masoud Pezeshkian calificó el acuerdo como potencialmente transformador, señalando que, si se cumple íntegramente, podría resolver numerosos problemas de Irán y establecer «un mundo distinto» dentro del país y en Medio Oriente.

El papel de Qalibaf es relevante, ya que no se le considera parte del sector moderado que representa Pezeshkian.

Su apoyo público indica que el acuerdo cuenta con respaldo dentro de sectores influyentes del sistema, incluso en el interior del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento de Irán, ante un micrófono

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Los líderes también califican el pacto como un triunfo porque, según el discurso oficial, Estados Unidos e Israel no alcanzaron sus objetivos principales.

Ni forzaron a Irán a la capitulación, ni derrocaron la República Islámica, ni eliminaron su programa nuclear con acciones bélicas, ni deshicieron los vínculos con Hezbolá.

Por el contrario, Irán sigue sentado en la mesa de diálogo, con Líbano incluido dentro del marco del acuerdo y con el alivio de sanciones en perspectiva.

Sin embargo, esta versión oficial encuentra resistencia dentro del país.

Las críticas internas

Se ha reportado que un diputado de línea dura, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, definió el borrador como un documento que transformaría a Irán en una colonia estadounidense.

Además, acusó a los negociadores de desatender la instrucción del líder supremo de no reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación.

Esta crítica es relevante porque proviene de dentro del sistema, específicamente de una de las entidades responsables de la supervisión de la seguridad nacional.

Durante meses, las voces de línea dura en el Parlamento, medios afines al régimen y manifestaciones nocturnas a favor del gobierno sostienen que Estados Unidos no es confiable.

Afirman que la diplomacia continuaba poco antes del estallido bélico y acusan a la administración Trump de usar las negociaciones como tapadera mientras Israel y Estados Unidos preparaban acciones militares.

Para estos sectores, cualquier acuerdo con Washington podría interpretarse como una política de apaciguamiento.

Sin embargo, algunas de estas posturas parecen haberse suavizado últimamente.

Esto podría indicar que la decisión de avanzar ha sido legitimada por las más altas instancias del Estado.

No obstante, no implica que exista unanimidad completa.

Podría reflejar que, por ahora, el centro de poder considera que rechazar el acuerdo implicaría un costo superior al de enfrentar la resistencia de los sectores más rígidos.

El factor económico

Embarcaciones en el estrecho de Ormuz

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Es probable que los líderes iraníes atribuyan el acuerdo a la influencia militar del país, incluyendo las presiones ejercidas en el estrecho de Ormuz y los ataques dirigidos a intereses energéticos estadounidenses y regionales.

No obstante, la realidad económica ha forzado a Teherán a tomar acción.

La guerra, las sanciones, las restricciones en el transporte marítimo, el acceso limitado a los mercados petroleros y divisas fuertes, sumado a una inflación elevada, han ahogado tanto a la nación como a sus ciudadanos.

Para numerosas familias iraníes, lo importante no es si el acuerdo se percibe como una victoria, sino si logra reducir los precios y el temor a un nuevo conflicto.

El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, aseguró que Irán no recibiría fondos de los contribuyentes, pero estaría habilitado para acceder a miles de millones de dólares si cumple sus compromisos y se levantan las sanciones.

Esto abre la posibilidad para Teherán de presentar el pacto como una puerta hacia la inversión y la reconstrucción, más que una dependencia de Estados Unidos.

No obstante, los riesgos permanecen claros: aún falta conocer todos los detalles del memorando y las negociaciones están previstas para comenzar este viernes en Suiza.

En esas conversaciones se deberán abordar los temas más complejos: el futuro del uranio enriquecido por Irán, los límites permitidos para el enriquecimiento, los mecanismos de verificación, el alivio de sanciones y la situación en Ormuz y Líbano.

También persiste la incertidumbre respecto a Israel.

Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha negado los reportes sobre una retirada israelí del sur de Líbano y afirmó que las fuerzas israelíes permanecerán allí el tiempo que sea necesario.

Por otro lado, Donald Trump criticó públicamente el accionar israelí en Líbano, señalando el alto número de víctimas.

También expresó su descontento por un ataque israelí en Beirut poco antes de que se alcanzara el acuerdo con Irán, aunque afirmó que su relación con Netanyahu sigue siendo positiva.

Para Teherán, esta tensión visible entre Washington e Israel resulta conveniente.

Sirve para demostrar que la presión iraní ha limitado la libertad de acción israelí.

Sin embargo, también hace que el acuerdo sea vulnerable.

Si Israel continúa sus operaciones en Líbano, Irán se verá obligado a responder.

Y si Washington no logra controlar a Israel, la afirmación iraní sobre la inclusión de Líbano en el memorando podría ser cuestionada rápidamente.

La opinión de los iraníes

Dos mujeres iraníes pasan junto a una pintura mural con la bandera nacional de Irán en una calle de Teherán.

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La respuesta de la audiencia del Servicio Persa de la BBC muestra que la narrativa oficial de victoria no convence por igual a todos.

Un usuario expresó su preocupación por un posible nuevo ataque israelí, pero dijo que, incluso tras conocer el acuerdo, no sentía «ninguna confianza» y le inquietaba saber si el país se administraría correctamente si el pacto se mantenía.

Otro iraní opuesto al régimen, que inicialmente apoyó la acción militar estadounidense, cuestionó los resultados del ataque y afirmó: «Nuestra esperanza era un cambio en el sistema gobernante, pero, aparte de miseria, inflación y más daño económico, ¿qué beneficios ha traído para la gente?».

Otros manifestaron una postura más cercana a la del gobierno.

Un participante calificó a Irán como el ganador y consideró que la guerra mostró que las sanciones no se levantan «suplicando», sino ejerciendo poder.

Otro adoptó una visión más cautelosa, indicando que el acuerdo permitía a la población retomar sus labores y la vida diaria con mayor tranquilidad.

«Creo que es temporal», afirmó, «pero necesitábamos unos meses de respiro y calma».

Esta perspectiva quizá sea la más pragmática: la República Islámica presenta el pacto como una victoria porque resulta difícil venderlo simplemente como una necesidad.

Sin embargo, para muchos iraníes, el éxito se medirá no con eslóganes.

Se comprobará en función de si cesa la guerra, se estabilizan los precios, llegan las facilidades por el alivio de sanciones y si los líderes logran gestionar la próxima etapa sin que surja una nueva escalada abrupta.

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