Declaración crucial sobre la ausencia frecuente de Dios en nuestra sociedad actual

Hay personas que rezan por su futuro esposo incluso antes de conocerlo, y hay quienes dejaron a su novia por Dios.

Un sacerdote confies a un joven en la víspera de la vigilia de forma espontánea

Madrid, más allá de todo lo que acontece alrededor de la plaza de Lima, lugar de encuentro para la vigilia, continuaba con su habitual ritmo. En Sáinz de Baranda, dos hombres de mediana edad compartían varias latas de cerveza sentados en un banco, y uno le contaba al otro sobre un problema que había tenido con el coche. Se miraban con una mezcla de afecto y resignación. «La vida es una porquería», comentaban con tono desesperanzado.

En uno de los trenes que se dirigía hacia el distrito de Chamartín, se escuchaba un tipo de conversación diferente. «Mi Instagram está lleno de fotos del Papa, qué genial». Este grupo de jóvenes disfrutaba de Despistaos. Uno de ellos llevaba un rosario de madera rodeando su muñeca. Los asistentes a la vigilia eran fácilmente identificables, casi todos portaban algún símbolo religioso en la muñeca. Como amuleto, solían llevar pulseras del Camino de Santiago o de Effetá (una iniciativa católica enfocada principalmente en jóvenes, que organiza retiros espirituales).

Estos amigos habían decidido asistir porque no se le puede ignorar al Papa. «Nos convocó. No podemos dejar de responder al Papa, queremos escuchar lo que tiene que decirnos. Ya estuvimos en Lisboa [durante la visita del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud hace tres años], y fue increíble ver a tantos jóvenes juntos, a toda la Iglesia unida», explicó Julia.

Dentro del espacio que rodeaba el escenario desde donde habló el Papa León XIV, en una de las áreas de la plaza de San Juan de la Cruz, había personas de todas las edades. Algunas de ellas bastante mayores. Belén, de 78 años, deseaba disfrutar la cercanía de Su Santidad. Iba acompañada por su hija, que la esperaba a su derecha, y por amigos de su parroquia. «Me emociona que venga, tenerlo tan cerca. A mi edad quizá no tenga otra oportunidad», confesaba a este diario mientras su hija la observaba atentamente, con varias mochilas en el suelo con todo lo necesario para soportar el calor.

Muchos intentaban mitigar el calor con pequeños abanicos portátiles. También las religiosas. Entre ellas, estaba la hermana María, que lleva colgado del hábito un rosario. Pertenece a la congregación de las Siervas de María. Se habían reunido procedentes de diferentes ciudades. «Hermanas de Santander, Almería, Salamanca, Valladolid… y podría seguir, eh». Admira al Papa León XIV por sus enseñanzas. «Siempre responde con una palabra del Evangelio. Además, es un hombre conciliador».

-¿Cuál es su Papa preferido?

-Para mí, todos lo son. Es un embajador de Cristo en la Tierra. Y creo que tenemos a los Papas que se necesitan en cada época.

Sor María relata que profesó en la orden a los 18 años.

Con los sacerdotes no era sencillo entablar conversación porque estaban ocupados. Confesaban a quien se lo solicitase. «No lo conocía de nada», dijo un joven sobre el religioso con quien había llorado hace menos de cinco minutos. «Necesitaba confesarme. Se lo comenté a mi amigo. Era algo que venía postergando. Me cuesta mantener la constancia de tener a Dios presente todos los días. Se me hace difícil porque mi entorno no lo tiene presente». Se sintió aliviado. «Volver siempre es sencillo».

A pocos metros otro sacerdote esperaba que alguien se acercara para pedirle perdón por sus pecados. «Acabo de llegar, así que aún no ha venido nadie. Pero siempre lo hacen». Este sacerdote experimentó su vocación de un modo que lo llevó a dejarlo todo. «Llevaba siete años con mi novia, pero estaba más cerca de Dios que nunca. Y nunca me he arrepentido», confesaba, bajo el sol.

En las horas previas a la vigilia del Papa, algunos permanecían en silencio. Un joven, sentado en el suelo, cerraba los ojos sin estar rezando. «Estoy agotado, no rezando», se reía. «Quería venir. Cuando el Papa visitó España la última vez tenía diez años y me llamó la atención. Me parece una oportunidad interesante. Al pensar en la iglesia no imaginas esto, a tanta gente reunida. Me parece impresionante que todos los jóvenes estemos juntos». Álex no había admirado a todos los Papas. «Fui hater del papa Francisco, pero luego maduré en la fe y comprendí que era un Papa para el pueblo y para los misioneros». Álex estaba acompañado por dos amigos, y los tres lucían una pulsera del Camino de Santiago, que mostraban con orgullo.

ÁNGEL NAVARRETE

«Creer en Dios es más sencillo», explicaba una pareja. Llevan cinco años casados y ayer se resguardaban en una esquina de la calle, pues había una aglomeración en la entrada de su sector y llevaban a su hijo de tres meses. El bebé dormía. «La intención es permanecer, pero no sabemos el momento exacto». Alberto y Alicia fueron vírgenes hasta la boda. «Existe una entrega física total. Siempre supe que esperaría. Rezaba por él antes de conocerlo. Este amor es diferente, tiene eternidad».

-¿Son los católicos más felices?

-Probablemente haya ateos más felices. No tienen conciencia ni entienden el pecado, pero nosotros somos muy felices. Pensamos en la eternidad.

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