Zverev consigue su primera victoria en un Grand Slam tras ganar Roland Garros en un partido decisivo contra Cobolli

Zverev levantando el trofeo de Roland Garros. El tenista alemán consiguió finalmente levantar el trofeo de un ‘major’, algo que hasta ahora se le había negado en su etapa como parte de la llamada ‘generación perdida’ del tenis.

Alexander Zverev, que afrontaba en París su cuarta final en un torneo de ‘major’, logró por fin alzar el título que no pudo conseguir en intentos anteriores, en una edición marcada especialmente por la ausencia de los dominadores recientes del circuito. [Narración y estadísticas: Cobolli – Zverev]

Enfrente, Flavio Cobolli demostró que su irrupción en este Roland Garros no fue casualidad y llevó la contienda mucho más allá de lo previsto por los pronósticos iniciales (6-1, 4-6, 6-4, 6-7 y 6-1, en 4 horas y 19 minutos de partido).

El encuentro comenzó de forma complicada para el italiano. Zverev se impuso en el primer set con un contundente servicio y un dominio casi absoluto desde el fondo de la pista, aprovechando los momentos de incertidumbre de Cobolli y marcando un ritmo que hacía prever un enfrentamiento breve.

No obstante, el romano respondió con coraje en la segunda manga: mejoró notablemente sus devoluciones, se atrevió a variar alturas y direcciones, y su agresividad fue recompensada igualando el marcador a 1 set por lado.

El tercer set volvió a caer del lado del alemán, que fue más preciso en los puntos decisivos con su servicio y mostró más intención al restar cuando detectó debilidades en el saque de Cobolli.

Aunque no se dio por vencido, el italiano prolongó la batalla en un cuarto set intenso y con constantes alternativas. Zverev mostró algo de inseguridad al cerrar, lo que permitió que el italiano forzara un tie-break, donde la iniciativa y el descaro del número diez del mundo prevalecieron para llevar la definición al quinto set.

Sin embargo, el desenlace tuvo un claro vencedor. Liberado finalmente de las sombras de derrotas anteriores, Zverev elevó su nivel, recuperó precisión en el saque y aprovechó el desgaste acumulado de Cobolli, que mostró limitaciones físicas y perdió peso en los intercambios. Dos quiebres rápidos encaminaron un quinto set que el alemán dominó con firmeza hasta cerrar el título sin mirar atrás.

Zverev, con el trofeo de Roland Garros.

Zverev, con el trofeo de Roland Garros. Reuters

Zverev llegó a esta final con la sensación de una deuda pendiente que arrastraba desde hace años: una final perdida en el US Open, otras dos oportunidades desaprovechadas y diversas derrotas en París que parecían condenarle a seguir siendo un aspirante eterno.

La Philippe-Chatrier, escenario donde sufrió algunos de esos tropiezos, se convirtió esta vez en el lugar donde cerró definitivamente ese ciclo y se desligó de la etiqueta de eterno candidato.

Más allá del alivio personal de Zverev, la victoria tiene también un significado generacional. Durante años, su grupo quedó estigmatizado como la ‘generación perdida’, atrapada entre el dominio prolongado del Big Three y la aparición de jóvenes promesas que parecían superarles en los grandes torneos.

Este Roland Garros rompe con esa narrativa: un jugador que lleva una década entre los mejores del ranking, marcado por lesiones y derrotas dolorosas en finales, finalmente alcanza el título importante que se le negaba, demostrando que todavía hay lugar para que ese grupo intermedio reclame su espacio en la historia.

De algún modo, la copa de París no solo cierra la cuenta pendiente de Zverev consigo mismo, sino que representa un reconocimiento tardío para toda una generación considerada ya sin opciones de luchar por los grandes trofeos.

Cobolli, por su parte, se va de París con la derrota más significativa de su carrera. A sus 24 años, con un historial de victorias destacadas y una final en la que llevó al límite a un top-3 consolidado, el italiano adquiere un nuevo estatus y la certeza de que su nombre será habitual en las etapas finales de los grandes torneos.

Más allá del resultado, la jornada quedará marcada como el día en que Zverev finalmente rompió su maldición con los Grand Slam y en que Italia descubrió a otro referente capaz de soñar con títulos sobre la tierra parisina.

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