León XIV genera aplausos en el Congreso mientras persisten las divisiones tras la partida del Papa

León XIV saluda a la bancada del Congreso de los Diputados. Las claves

El Papa León XIV expresó un discurso en el Congreso español que fue aclamado con una ovación de siete minutos, captando la atención excepcional de todos los diputados.

Miriam Nogueras, de Junts, protagonizó un episodio polémico al solicitar al Papa en inglés que en Cataluña se utilice el catalán, provocando conmoción dentro del Parlamento.

León XIV defendió la separación entre religión y política, destacó la herencia católica de España y cuestionó leyes como las del aborto y la eutanasia.

El discurso del Papa fue interpretado desde perspectivas partidistas por los distintos grupos políticos, quienes resaltaron las partes que apoyaban sus propios argumentos.

Se fingió perfectamente el orgasmo de la convivencia. Era lunes 8 de junio de 2026 en España, y todos los diputados aplaudían la misma intervención. Escucharon durante una hora a León XIV sin distraerse con el móvil ni conversar entre sí. Trabajando a jornada completa.

La mañana comenzaba con una sorpresa. En la ronda de saludos anterior, Miriam Nogueras aprovechó para darle un mensaje cargado de carlismo al Papa: ella es catalana, como Gaudí –algo irrelevante para el Pontífice– y que en Cataluña debe hablarse la lengua propia. ¡Lo expresó en inglés!

No fue un acto improvisado, sino calculado con precisión. Minutos después, el partido de Puigdemont difundía un mensaje a todos los periodistas anunciando ese gesto como épico y revolucionario.

Nogueras no soltaba la mano del Pontífice en el Salón de Pasos Perdidos mientras en el Parlamento, cruzando el pasillo, crecía un murmullo al observar en pantalla lo que parecía un secuestro organizado por la portavoz de Junts.

Fue como arrojar la copa de vino tinto al altar nupcial. Unos segundos que duran toda una vida. Y realmente lo merecemos –no el Papa, pobre hombre, sino los españoles–. Porque, ¿qué fue la escena con Nogueras salvo el reflejo de una política dirigida desde Waterloo?

Luego, ya liberado, León XIV ingresó al Hemiciclo y, con Armengol de apoyo, comenzó a leer su discurso. Conviene asumirse desde ahora: probablemente pasaremos a mejor vida antes de oír algo similar en este lugar.

Quizás la conclusión sea exagerada, pero de Patxi López a León XIV parecía que el cielo había entrado en el Congreso, envolviéndolo en un aire de filosofía política y virtudes morales.

No era tanto el contenido –que examinaremos a continuación– sino la forma, el fondo y el empeño con que estaba escrito. León XIV ofreció en cuarenta minutos un retrato de España y su herencia católica salpicado por nuestros grandes pensadores.

Cervantes, Teresa de Ávila, Unamuno, la escuela de Salamanca… con todos ellos construyó las virtudes de una nación. En el Congreso generalmente predomina lo peor –golpes de Estado, Guerra Civil, dictadura, ETA– por lo que resultó cautivador escuchar a alguien hablar en favor de un proyecto común.

Bajo el influjo de León XIV, que terminó con un aplauso generalizado de siete minutos, los diputados se comportaron de una manera hasta ahora inédita. Puede parecer un cliché o exageración, pero así ocurrió.

Antes de la llegada del Papa a la Carrera de San Jerónimo, quienes lo escucharían conversaban dentro. Nadie cruzaba la Línea Maginot. Los del PP con sus iguales, los de Vox con los de Vox, y los del PSOE con los del PSOE.

Esto se rompió en algún momento y se perdió la percepción común: “En el Congreso discuten, pero luego salen a tomar una caña juntos”. Aquella España, no del todo idealizada, era un lujo. Porque de eso se trata, ¿no? Discutir leyes dentro y poder compartir una caña fuera.

El Papa lo iba a afirmar poco después, aunque afortunadamente envuelto en abundantes referencias culturales.

Lo cierto es que León XIV entró y, ya fuera conversión o simulacro, los diputados mutaron y se erigieron en defensores del buen comportamiento.

Lo más interesante de este efecto está en la conciencia no revelada del Papa: ¿se percataba del milagro? ¿Hasta qué punto le habían informado sus asesores españoles sobre el ambiente en la Cámara? ¿Qué sabe realmente León XIV sobre la crisis generacional que afecta a la representación política española?

Para los diputados habituales, algunos pasajes podrían haber generado reacciones violentas, pero fueron otros parlamentarios; tocados por la gracia divina y la vergüenza noble.

“En este Hemiciclo se da forma jurídica a la convivencia social. Aquí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisiones compartidas”, afirmó el Papa. ¡Y asentían! ¡Dios mío!

¿Qué habría ocurrido si su discurso hubiera terminado con un “queridos hermanos, denos fraternalmente la paz”? ¿Se habría producido una explosión parlamentaria similar a Hiroshima o habrían dado un abrazo reconciliador?

El Papa, defensor firme del laicismo estatal, enfatizó desde el inicio la separación entre comunidad religiosa y política. Paradójicamente, los diputados de Junts no pudieron replicar esta idea, incapaces de distinguir religión y política.

Además del incidente con Nogueras, sucedió esto: mientras sonaba el himno vaticano, todos prestaban atención de pie en señal de respeto. Todos. Cuando comenzó el himno de España, el diputado de Junts Josep María Cruset se sentó rápidamente. ¡Ni siquiera los de Bildu lo hicieron!

Afortunadamente, el Papa no fue testigo. De haberlo visto, habría preguntado a sus consejeros: ¿por qué un diputado español demuestra respeto por el himno del Vaticano y no por el de su país?

Un par de horas antes del discurso, la delegación de la Santa Sede distribuyó a la prensa el texto completo del Papa bajo embargo. Es una práctica habitual que facilita mucho la cobertura.

En los despachos de los partidos no hubo conversión. Se dividieron en bandos para subrayar como cosacos las frases que respaldaban sus proyectos.

Si hablaba a favor de la inmigración, era de izquierdas. Si defendía la familia, de derechas. Si criticaba el aborto, también. Si atacaba a los oligarcas tecnológicos, de izquierdas. Y así sucesivamente.

El semblante de Sánchez era inescrutable. En cambio, en Feijóo se notaba claramente qué frases le beneficiaban y cuáles no. Sánchez permaneció impasible ante momentos como este: “Ese legado vive también en estas Cortes, cuando el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, lo legal humano y la voluntad de la mayoría proteja bienes comunes”.

Al citar a Unamuno, León XIV ignoraba que se refería a nuestro Sánchez al mencionar a ese «hombre que no acepta morir por completo».

¿Hasta dónde alcanza la fe? ¿Se imagina que, tras “comulgar” con este discurso, Sánchez reflexione sobre “los límites morales del poder”? Por suerte, esa parte fue seguida por la crítica a las tecnológicas, que posiblemente le permitió al presidente relajarse.

Se presenta a León XIV como un Papa progresista, pero sigue siendo Papa. Quiso agrupar su rechazo a las leyes del aborto y eutanasia en esta frase: “Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde su concepción hasta su fin natural”.

En este Parlamento, sólo Vox comparte esta posición. Abascal aplaudió con entusiasmo también. Fue un discurso en que, desde una óptica restringida, cada uno halló su propio refugio.

Lamentablemente, con esa interpretación partidista más que política, se perderán las ideas más valiosas del Papa.

La parte favorita de Sánchez fue: “Donde una persona es discriminada por origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su situación económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de igualdad y dignidad humana”.

Hasta hace poco, antes de la “prioridad nacional” que el PP concedió a Vox, esa frase era un mantra para los dos grandes partidos nacionales.

Lo más inspirado fue cuando el Papa habló de la poesía al mencionar el “lucernario” por donde penetra la luz en el Congreso: “Esa luz que viene de lo alto recuerda que la política también necesita reconocer una medida que la antecede y supera”.

Luego analizó algunos frescos del Hemiciclo para subrayar la tradición cristiana como pilar de la libertad moderna. Finalmente, como si supiera que enfrentaba la reencarnación de Caín, apeló a una “renovación moral”.

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