José Mourinho recuerda que su padre se convirtió en entrenador cuando él tenía 9 o 10 años, lo que le permitió acceder a experiencias únicas que otros niños no podían tener.

José Mourinho, en su último partido con el Benfica. El papel de Félix Mourinho fue crucial para que su hijo comprendiera los fundamentos del fútbol desde una edad temprana.

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La inclinación de José Mourinho hacia los banquillos se manifestó mucho antes de que alcanzara la fama como uno de los entrenadores más reconocidos del fútbol europeo.

El técnico portugués ha rememorado en varias oportunidades que su entusiasmo por el juego y su forma de interpretar el fútbol estuvieron profundamente influenciadas por la figura de su padre, Félix Mourinho.

En una entrevista concedida a Audi, Mourinho señaló que quien más impactó en su formación fue justamente su padre. «Cuando tenía entre 9 y 10 años, mi padre se convirtió en entrenador. Tenía acceso a elementos que la mayoría no podía alcanzar», recordó, rememorando su infancia vinculada al fútbol profesional desde una posición privilegiada.

Mucho antes de ser conocido como ‘The Special One’, Mourinho era un niño observador que absorbía conocimientos escuchando. Mientras otros sólo veían los partidos desde las gradas, él tenía acceso a los vestuarios y áreas reservadas para jugadores y cuerpo técnico.

En esos espacios, asistía a diálogos tácticos, discursos motivacionales e instrucciones que fueron fundamentales para formar su visión sobre el fútbol.

Mourinho sentado en el banquillo del Benfica.

Mourinho sentado en el banquillo del Benfica. Europa Press

Su primera experiencia con el campo fue como recogepelotas, aunque sus tareas sobrepasaban esta función. Antes y durante los descansos, permanecía en el vestuario escuchando las indicaciones de su padre.

Luego, desde la banda del campo, incluso se encargaba de recordar ciertas órdenes a los jugadores.

De recogepelotas a entrenador

«Era recogepelotas, pero antes del partido y en el intermedio estaba dentro del vestuario. Por eso prestaba atención a lo que el entrenador quería», relató Mourinho. Además, afirmaba que se encargaba de recordar a los jugadores las instrucciones ya dadas.

Esa actitud evidenciaba un carácter decidido y un perfil enfocado en el liderazgo. «Si el entrenador te ordenaba cerrar una zona, ¿por qué no hacerlo? ¡Eh! ¡Cierra!», evocó sobre sus primeras intervenciones desde la banda.

Con el paso del tiempo, Mourinho nunca ocultó la influencia de su padre en su desarrollo. Aunque reconoce que Félix «no era el mejor entrenador del mundo», siempre ha sostenido que «era el mejor padre del mundo».

Para el técnico portugués, la oportunidad de crecer dentro del fútbol se debió a su padre: «Ese impacto y la puerta que se me abrió fue gracias a él».

Félix Mourinho, fallecido en Portugal en 2017, tuvo una carrera tanto como futbolista como entrenador. Fernando Tomé, una persona cercana a él, destacó en una entrevista con Primera Plana sus cualidades bajo los palos. «Era un portero excepcional que vivía el fútbol de un modo muy particular. Se mostraba como un pilar seguro bajo los tres palos», afirmó.

Tomé también resaltó su faceta como entrenador y destacó especialmente su etapa en el Vitória de Setúbal, donde ganó 21 de 22 partidos dirigidos, empatando el restante. «Entendía el fútbol de forma clara y no tenía miedo a arriesgar», señaló.

Padre e hijo coincidieron además en el mismo club. Félix entrenó al Rio Ave mientras José formaba parte de las categorías inferiores durante las campañas 1980-81 y 1981-82, una experiencia que fortaleció una vocación que comenzaba a definirse.

Los primeros informes de Mourinho

Según Tomé, Félix Mourinho pronto entendió que el futuro de su hijo no estaba en el campo como futbolista, sino en los banquillos. Desde joven, José analizaba partidos junto a su padre y señalaba los errores que observaba.

Con el paso del tiempo, esas charlas se tradujeron en una tarea más compleja: elaborar reportes sobre los equipos rivales.

Los informes del joven Mourinho destacaban por su profundidad y rigor profesional. Examinar al adversario, interpretar sus movimientos y extraer conclusiones se volvió una parte clave de su formación.

Fue también el inicio de una dinámica que años después definiría su carrera: la constante comunicación durante los partidos.

«José actuaba como mensajero cuando era recogepelotas. Para evitar que su padre gritara y que los rivales escucharan las indicaciones, usaba a su hijo para transmitir los mensajes por todo el campo», reveló Tomé.

La infancia de Mourinho también estuvo marcada por un momento particularmente duro. Cuando tenía nueve años, su padre fue despedido el día de Navidad. La familia estaba reunida en la mesa cuando recibieron la llamada del club.

«Nadie terminó la comida. Nos levantamos de la mesa y la tristeza invadió la casa. Incluso los regalos de Navidad quedaron sin abrir», recordó el técnico portugués.

Lejos de alejarlo del fútbol, aquel instante reforzó su determinación. «Desde entonces tomé una decisión clara: sería entrenador. Pelearía hasta que el apellido de mi padre fuera conocido mundialmente», afirmó.

El consejo que cambió su carrera

Con el tiempo, Mourinho desarrolló una carrera destacada al frente de clubes como Benfica, Porto, Chelsea, Inter de Milán, Real Madrid, Manchester United, Tottenham, Roma y Fenerbahçe.

Antes de comenzar como primer entrenador, también trabajó como asistente técnico y traductor en el Barcelona, acompañando a Sir Bobby Robson y Louis van Gaal.

Durante su etapa en el conjunto azulgrana recibió una propuesta para dirigir al Sporting de Braga. Estuvo cerca de aceptar, pero en ese momento recibió un consejo fundamental de su padre. Félix le pidió paciencia con una expresión popular en Portugal: «Tem juízo», que equivale a «sé sensato».

Mourinho acató ese consejo, siguió formándose, acumuló experiencia y finalmente debutó como primer entrenador en Benfica en 2000. Sin embargo, al recordar sus orígenes, rara vez comienza con los títulos o los grandes logros.

Prefiere regresar a la imagen de aquel niño que escuchaba atentamente a su padre en el vestuario y que, sin saberlo, ya estaba aprendiendo a ser entrenador.

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