El Papa expresa en el Congreso su postura contra el aborto y la eutanasia, defendiendo la vida desde la concepción hasta su fin natural

El papa León XIV pronuncia su discurso el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Las claves

El Papa León XIV ofreció un discurso histórico en el Congreso de los Diputados, defendiendo la vida desde la concepción hasta su fin natural y condenando el aborto y la eutanasia.

Solicitó a los responsables públicos que renuncien al lenguaje bélico y eviten la polarización, fomentando el respeto y la conversación en la esfera política.

El Pontífice abordó la crisis migratoria, apoyó el multilateralismo y censuró el incremento del gasto en Defensa, promoviendo una paz fundamentada en la justicia y el derecho internacional.

La sesión finalizó con una ovación unánime que duró casi siete minutos y con referencias a figuras históricas y culturales españolas, en un ambiente poco común de consenso.

La Cámara, un claro reflejo de la polarización política, fue testigo este lunes de un discurso sin precedentes. Por primera vez en la historia española, un Papa, León XIV, ocupó la presidencia de la Cámara Baja durante una sesión solemne en la que únicamente faltaron Podemos y BNG.

El Sumo Pontífice alertó de que “el mundo atraviesa una grave crisis espiritual y cultural” que se manifiesta en diversas formas de violencia, polarización y desconfianza mutua.

El hemiciclo, habitualmente ruidoso, guardó silencio. Desde la tribuna donde cada semana se intercambian reproches, León XIV instó a “desarmar el lenguaje” a quienes desempeñan cargos públicos.

“La firmeza no implica desprecio: la discrepancia no debe conllevar humillación”, afirmó, defendiendo que “la pluralidad política no debería degenerar en la descalificación constante del adversario”.

Incluso solicitó “una memoria histórica”, en clara referencia a la ley, con la intención de “buscar la verdad y la reconciliación”.

El discurso, cuidadosamente calibrado, resumió los principios que el Vaticano ha defendido en los últimos años, entrelazados con la sutil diplomacia de la Santa Sede. Fue suficiente para que todos encontraran fragmentos con los que identificarse y otros que les generaran incomodidad.

Se esperaba que se abordara el “drama migratorio”, como ya lo hizo en su discurso en el Palacio Real. Sin embargo, otras expresiones resultaron sorprendentes.

En esa misma Cámara donde hace pocas semanas se aprobó la primera fase para proteger el aborto como derecho constitucional —aunque la iniciativa parece no prosperar— y donde en 2020 se aprobó la ley de eutanasia, el Papa realizó una defensa apasionada de la vida, afirmando que “no es una cuestión parcial ni un interés confesional”, sino “un objetivo civilizatorio”.

Añadió que “toda vida humana debe reconocerse y protegerse desde la concepción hasta su muerte natural”. Estas palabras fueron casi idénticas a las pronunciadas por su predecesor, Francisco, en 2021.

Este Pontífice, popular entre la izquierda por sus posiciones sobre inmigración, utilizó esta ocasión para recordar que, en cuestiones morales, la Iglesia mantiene su postura tradicional.

Más centrado en la ley de eutanasia, denominada “el ocaso de la vida”, expresó que “la dignidad inalienable de la persona humana no puede subordinarse a consensos sociales cambiantes ni al vaivén de mayorías pasajeras”, aludiendo a la norma aprobada con el respaldo de todos los partidos excepto PP y Vox. Para León XIV, “todo ordenamiento jurídico debe ser positivo”.

Hasta este punto, la intervención generó incomodidad entre la izquierda, que escuchó con atención.

Buena parte de su discurso se basó en la primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, publicada el lunes anterior y centrada en la Inteligencia Artificial. En ella, pide “proporcionar vías seguras y legales, una acogida digna y oportunidades reales de integración” para “migrantes y refugiados”.

El Papa concluyó este segmento expresando su deseo de “reforzar la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas” y afirmando que “el grave drama migratorio conmueve hoy la conciencia de las naciones y la base ética del orden internacional”.

La defensa del multilateralismo también fue un elemento principal del discurso. León XIV sostuvo que “las armas pueden imponer un silencio temporal, pero jamás construirán una paz verdadera y duradera”.

En este sentido, criticó el rearme europeo y de la OTAN, manifestando su “preocupación” porque en Europa “se vuelva a presentar” el aumento del gasto en Defensa como la “respuesta casi inevitable frente a la fragilidad del panorama internacional”.

León XIV concluyó este bloque con unas palabras pronunciadas anteriormente en la Universidad de La Sapienza en mayo pasado, asegurando que “la auténtica paz nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política que coloque la vida de los pueblos por encima de los intereses de quienes se lucran con la guerra”.

Estas afirmaciones fueron las que más agradaron a la izquierda y causaron mayor incomodidad en Vox.

Si para Juan Pablo II España era “la tierra de María”, para León XIV es “una noble nación” a la que desea que “nunca olvide sus raíces ni pierda el valor de mirar hacia adelante”, a la vez que expresó su anhelo de que siga siendo “un territorio de encuentro, cultura, solidaridad y esperanza”.

Tras elogiar a los Reyes Católicos por su alcance universal y a la Escuela de Salamanca, León XIV reconoció que “hace 500 años la sociedad y la Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que resonaban en su propia tradición cristiana”.

El discurso incluyó también referencias a Unamuno, Teresa de Ávila y Don Quijote.

Los diputados y senadores prestaron atención al discurso, manteniendo un silencio solemne y poco habitual que solo se rompió con una ovación de pie al final, que duró varios minutos. Fue una prolongada ovación de seis minutos y 50 segundos, que unió a la izquierda y a la derecha en un consenso poco frecuente.

Solo fue interrumpida por gritos de ¡Viva el Papa! desde la bancada popular.

Todo ello tuvo lugar en una sesión solemne que comenzó con la Banda Sinfónica de la Policía Nacional interpretando los himnos de España y del Vaticano ante las máximas autoridades del Estado, incluyendo la presidenta del CGPJ y del Tribunal Constitucional.

Antes de la intervención de León XIV, tomó la palabra la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien obvió las diferencias morales entre la izquierda y el Vaticano y aseguró, en referencia a la nueva encíclica sobre Inteligencia Artificial, que “identificarse con las palabras de Su Santidad es un deber ético de cualquier Estado democrático”.

Incluso elogió la referencia de León XIV a “la herida abierta” que representan los abusos en la Iglesia. Armengol destacó el “exhaustivo informe” del Defensor del Pueblo, que calcula en 440.000 las víctimas de pederastia.

En línea con lo expuesto por León XIV, Armengol pidió “restaurar el orden internacional” y que deben “prevalecer las leyes, no la fuerza”. “Deben imponerse el humanismo y la solidaridad”, concluyó la tercera autoridad del Estado.

Antes, hubo un saludo extenso por parte de las mesas del Congreso y Senado junto a los portavoces parlamentarios y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Fue notable la presencia del líder de Vox, Santiago Abascal, quien ocupó el lugar de su portavoz, Pepa Millán.

Solo la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, rompió el protocolo para pedirle que hablara “la lengua de la tierra” durante su visita a Barcelona.

Tras firmar en el libro de honor, Armengol le entregó un facsímil del manuscrito Liber Horarum o Libro de las Horas, del siglo XV, mientras que el presidente del Senado le obsequió con el manuscrito del Beato de Liébana, códice de Fernando I y Doña Sancha.

Scroll al inicio