Procedentes de todos los puntos de España aguardan con ilusión la vigilia que esta tarde oficiará León XIV en la plaza de Lima.

Cuando se alcanza cierta edad, se piensa que el mundo puede cambiar su rumbo. Por eso, en las revoluciones y causas, los jóvenes suelen ser los primeros en llegar. También sucede así en la fe. Este sábado la juventud ha tomado Madrid. Arriban en grupos, con mochilas al hombro, banderas anudadas a la cintura y el teléfono en mano, que funciona como brújula y medio para guardar recuerdos. «Ahora todo mi Instagram son fotos del Papa, qué guay», comenta una joven en el metro rumbo a la plaza San Juan de la Cruz, muy cerca de la plaza de Lima donde León XIV dirigirá una vigilia pasada la ocho de la noche.
Están «armando jaleo», como pedía el ya fallecido Francisco, y dejando claro que «esta es la juventud del Papa», un cántico popularizado durante el pontificado de Juan Pablo II que ha perdurado a pesar de cambios de época, modas y pontificados.
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En una ciudad colmada de turistas este primer fin de semana de junio, ellos se distinguen especialmente por la expectación en sus rostros. Esa emoción se refleja en sus movimientos, que se detienen ante cualquier furgón que no pertenezca a la Policía. Les recorre una energía casi eléctrica, resultado de “la densidad del aire”, según explica Manuel.
Manuel conoció a su esposa, Paloma, hace diez años en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Cracovia, en 2016. Actualmente están ubicados en el carril central de la Castellana con dos carritos de bebé, alzando las manos al ritmo de Dios está aquí. «Inicialmente pensábamos que solo uno vendría, porque la pequeña tiene dos meses», relata Paloma, mientras señala a su cuñada que sostiene en brazos a la diminuta bebé. «Finalmente asistimos todos juntos, la familia completa, porque somos de Dios y este es nuestro primer encuentro con el Papa como familia», añade mientras Manu hijo apunta a la cámara que los está retratando. «Nos recuerda mucho el ambiente de la JMJ, se percibe claramente la presencia de Dios por la atmósfera tan intensa«, subraya su marido.
Es un entorno alegre que une incluso a quienes se desconocen. El argentino David Lo Russo (26 años) no conocía la oración La muerte no es nada de San Agustín, pero se abraza a esta cronista tras escucharla mencionar. «Somos de la orden de los Agustinos Recoletos, igual que el Papa, y además compartimos apellido», bromea. Sus compañeros provienen de diversos países: Rumiando, de Uruguay; Eduardo, de Brasil, y Edwin, de México.
Hoy el entusiasmo se refleja en muchos rostros, como los de Nuria Leal (21 años), Andrea de Meer (18) y Lorena Ushiña (24). «Ahora que somos jóvenes, es nuestro momento de entregarlo todo por la fe al máximo», afirman. Han llegado con el Hogar de la Madre y valoran que el Papa dialogue con los jóvenes porque «muchas veces el mundo intenta arrebatarles la fe». Luego hacen una precisión fundamental para ellas: «Él sabe que venimos a verle no por quién es, sino por lo que representa: Jesús».
Con esa intención se han desplazado hasta Madrid María Carmela (44), Bernardina (37) y Cecilia (33). Tras estos nombres tan clásicos y propios se encuentran tres hermanas misioneras vietnamitas. Provienen de la zona de la bahía de Ha Long, pero llevan más de una década en España. «Queremos ir a visitarle para comulgar con él y con la Iglesia española. Ahora podremos hacerlo», celebran.
La enorme cantidad de personas que asisten a esta vigilia refleja el incremento de fieles que se ha venido notando en tiempos recientes. Aunque todos remarcan que «no es una moda, porque la fe permanece», celebran que la Iglesia se adapte a los nuevos tiempos y transmita el mensaje de Jesucristo mediante canales actuales, entre ellos la música.
«A mí me parece la mejor forma de unir a jóvenes en torno a la fe«, opina Jimena, sentada frente a Nuevos Ministerios con su grupo de amigas del colegio. Ven en León XIV a un Papa «muy actualizado, continuista de Francisco, pero también muy discreto«. Las jóvenes recuerdan con entusiasmo los retiros de Effetá, la plataforma que ha impulsado su fe con fuerza. «A través de esos retiros hemos hecho amistades y ahora, entre todas, hemos formado un grupo estupendo», cuentan.
Los gritos de «¡Viva el Papa!» se suceden a los cánticos de «¡El Papa León, mola mogollón!», mientras los fieles se toman de las manos, ríen, celebran, cantan y rezan. «Al Papa León hay que escucharlo más», reclama Ismael, de 24 años, llegado anoche desde Valencia en tres autobuses llenos de jóvenes. «Vale la pena comprobar si todo esto es verdad para poder confiar en Dios, pero hay que estar abierto. Y no hay mejor lugar que en casa, ni mejor persona que él».

