Alexander Zverev, de 29 años, comenta la dificultad que enfrentó su padre al verlo depender constantemente de inyecciones

Zverev, junto a su padre. El tenista alemán demostró a los doctores que podía seguir compitiendo en la élite a pesar de su enfermedad.

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Tras la imponente figura que domina el circuito mundial de tenis, se oculta una historia de lucha médica y apoyo familiar que comenzó cuando apenas tenía cuatro años.

El alemán Alexander Zverev, estrella consolidada de la ATP, compartió de forma directa y emotiva el impacto psicológico que le provocó su diagnóstico de diabetes tipo 1 durante su participación en el foro Mextenis Talks, realizado en Acapulco el 22 de febrero de 2026.

Frente a un público profundamente conmovido, el tenista de Hamburgo recordó sin reservas el sufrimiento y la impotencia que su enfermedad generó en su entorno más cercano durante sus primeros años.

Con una notable carga emocional, confesó cómo vivió aquella etapa: «Fue duro y triste para mi padre que yo tuviera que enfrentar inyecciones y medir el azúcar. Cuando el doctor les decía a mis padres que no podría practicar deporte de alto rendimiento por la diabetes, yo salía de la consulta porque no lo creía; así que he demostrado a los médicos que puedo practicar deporte sin inconvenientes».

Esta declaración reveló la realidad de una infancia marcada por las inyecciones regulares y el control constante de glucosa.

Alexander Zverev, durante un partido en Roland Garros

Alexander Zverev, durante un partido en Roland Garros Reuters

Esa temprana sentencia limitada que les dieron los médicos no detuvo las aspiraciones del joven deportista; por el contrario, se convirtió en el motor que impulsó su exitosa trayectoria en el tenis profesional.

Apoyado sin reservas por sus padres y su hermano Mischa, el jugador eligió desafiar los diagnósticos convencionales de aquel entonces.

Zverev expuso en el foro mexicano que su triunfo actual evidencia que la disciplina férrea, la tecnología médica avanzada y el control riguroso pueden superar cualquier barrera biológica, transformando un problema crónico en una fuente de fortaleza mental para enfrentar la alta competición.

Ahora, a sus 28 años y completamente establecido en la élite deportiva mundial, utiliza su gran proyección mediática para inspirar a millones de niños y jóvenes que conviven con esta misma condición.

Mediante la fundación global que lleva su nombre, Zverev se compromete a facilitar el acceso a la insulina y tratamientos adecuados en comunidades vulnerables.

Su intervención en el Abierto Mexicano de Tenis dejó claro que su mayor logro no solo se mide en títulos de Grand Slam o posiciones en el ranking, sino en demostrar al mundo que un diagnóstico adverso jamás debe ser un obstáculo para alcanzar un sueño.

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