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Información del artículo
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- Autor, Ángel Bermúdez
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 27 mayo 2026
- Tiempo de lectura: 10 min
María esperaba que el único resplandor necesario en su cumpleaños fuera el de la vela situada en su pastel.
Sin embargo, el 5 de mayo pasado, cuando la llamé para felicitarla, el suministro eléctrico en su hogar de Maracaibo, la segunda ciudad más grande de Venezuela situada al oeste del país, estaba interrumpido.
"Pensaba que hoy no nos cortarían la luz porque ya nos la habían suspendido ayer y en semanas anteriores los apagones eran interdiarios", me comentó con cierto desaliento.
El corte duró desde las 8 p.m. hasta la medianoche, así que cuando llegó el momento de entonar la tradicional canción venezolana de cumpleaños "Ay, qué noche tan preciosa", todavía no tenían electricidad.
Afortunadamente, no hicieron falta más velas que la del pastel, porque tras años de fallas constantes en el suministro, María adquirió lámparas con batería. Además, compró ventiladores que le ayudan a soportar el calor sofocante de su ciudad, donde la temperatura anual promedio ronda los 30 °C.
El problema con la electricidad no se limita solo a Maracaibo. Según la última edición de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) de 2025, realizada por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, 9 de cada 10 hogares en Venezuela reportaron interrupciones en el servicio eléctrico y 4 de cada 10 afirmaron que estos cortes ocurren diariamente durante varias horas.
Este no es un desafío nuevo. Desde 2009, durante el mandato de Hugo Chávez, el gobierno comenzó a implementar medidas para racionar el consumo eléctrico y, en 2010, declaró una llamada "emergencia eléctrica" con el fin de facilitar la inversión necesaria en este sector.
Más de 15 años después, los venezolanos todavía enfrentan problemas con el suministro eléctrico y, de hecho, los apagones parecen haberse incrementado en 2026.

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¿Crecimiento sin electricidad?
En el primer trimestre de 2026, se registraron 36 protestas en Venezuela debido a fallas eléctricas, 24 de ellas solo en marzo, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. Este organismo atribuyó las manifestaciones a los frecuentes y no programados cortes eléctricos que afectan actividades domésticas, comerciales y de servicios, además de generar pérdidas económicas y daños a equipos.
El gobierno interino, liderado por Delcy Rodríguez, señala que estas dificultades son consecuencia del aumento en las temperaturas y la mayor actividad económica del país.
"Estamos observando cómo la apertura y desarrollo económico recientes han traído consigo un incremento en el consumo. Los venezolanos disponen de más ingresos, lo que les permite adquirir más electrodomésticos. Al incrementar el número de dispositivos conectados, la demanda sube", manifestó el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, en una entrevista con la televisora estatal VTV a principios de mayo.
Alcalá declaró que la demanda eléctrica ha crecido hasta alcanzar los 15.579 megavatios, destacando la reactivación de los sectores industrial y comercial.
"Desde la perspectiva industrial y comercial, aquellas empresas y negocios que operaban a la mitad de su capacidad han incrementado su actividad, lo que provoca un aumento en el consumo eléctrico", explicó.
Miguel Lara, ingeniero que durante 30 años hasta 2004 laboró en la oficina encargada de la coordinación y planificación del sistema eléctrico venezolano, indica que una demanda de 15.579 megavatios representa solo un aumento superior al 5% respecto a los 14.724 megavatios registrados en 2025.
Si un incremento tan modesto de la demanda causa cortes dominantes de hasta ocho horas diarias en algunas ciudades, surge la interrogante de cómo Venezuela podrá avanzar en la recuperación económica y petrolera prometida por Rodríguez y el presidente estadounidense Donald Trump.
Limitaciones en potencia y transmisión

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Miguel Lara, quien fue líder del equipo técnico que apoyó el programa eléctrico de María Corina Machado, explica que Venezuela cuenta teóricamente con una capacidad instalada de unos 36.000 megavatios para generación, pero la capacidad real disponible oscila entre 13.000 y 13.500 megavatios.
"El sistema eléctrico está en una etapa crítica, probablemente en déficit constante. Ha alcanzado su límite y no puede asumir nuevas demandas de electricidad, ni en potencia ni en energía", indica.
Aunque Venezuela posee las mayores reservas petroleras probadas del mundo, la mayoría de su energía eléctrica proviene de fuentes hidroeléctricas.
Lara señala que actualmente las fuentes renovables —fundamentalmente hidroeléctricas— generan alrededor de 17.000 megavatios, pero solo se puede utilizar un máximo de 10.000 megavatios debido a que el sistema de transmisión no está capacitado para transportar más energía.
Los restantes 3.000 megavatios disponibles provienen de plantas termoeléctricas que, según datos de Reuters, funcionan operando cerca del 13% de su capacidad.
Por tanto, la electricidad realmente disponible en el país está bastante por debajo de la capacidad instalada teórica.
"¿Cómo se puede reactivar un país sin electricidad? No es posible. El aparato productivo no tiene actualmente los megavatios suficientes ni la posibilidad de obtenerlos a corto plazo", afirma Lara.
Esta limitación también repercute en la capacidad de Venezuela para incrementar la producción petrolera, que parece ser el objetivo principal de la intervención promovida por el gobierno de Trump desde la captura, el 3 de enero pasado, del entonces presidente Nicolás Maduro.
Trump ha propuesto inversiones por US$100.000 millones para restaurar la industria petrolera venezolana, pero sin electricidad no se puede producir petróleo.
"Sin electricidad no funcionan los taladros, el componente fundamental para iniciar la producción", comenta Miguel Lara a BBC News Mundo.
"Las refinerías y todos los procesos desde la extracción hasta la comercialización, incluyendo el movimiento de gasoductos, requieren motores eléctricos", añade.
El especialista sostiene que para garantizar electricidad en los campos petroleros, las compañías extranjeras que deseen invertir en Venezuela tendrán que importar sus propias plantas eléctricas y combustible.
Indica además que el combustible que ofrece PDVSA es de baja calidad, lo que exige un mantenimiento más frecuente y costoso para las plantas eléctricas que lo utilizan.
Susana Brugada, gerente de asuntos corporativos de Chevron en Venezuela, explica que los campos petroleros que operan están directamente conectados a la red eléctrica, por lo que la producción se ve afectada cuando ocurren fallas.
"Cada vez que suceden cortes de luz, que hacen que los refrigeradores comiencen a tener problemas o que las computadoras fallen, imagínense el impacto en los pozos petroleros", declaró.
"Cada parpadeo de la electricidad puede dejar fuera de servicio 40 pozos de un solo golpe, y no es que al regresar el suministro, esos 40 pozos vuelvan a funcionar automáticamente. Calculamos que esto representa una pérdida considerable en la producción nacional", añadió en comentarios difundidos el 21 de mayo por la televisora Televen.
Brugada puntualizó que, aunque algunos pozos cuentan con plantas eléctricas independientes, la mayoría del crudo venezolano se extrae en la Faja Petrolífera del Orinoco, que depende de la red eléctrica nacional.
La escasez de energía podría ser un problema aún mayor si regresan a Venezuela parte de los ocho millones de venezolanos que emigraron.
"El país no tiene electricidad para abastecer a toda la población actual. Imagínese si regresara la mitad de quienes se fueron, eso sumaría cuatro millones de personas, equivalente a la población de Caracas. Actualmente no hay capacidad para suministrar electricidad a más habitantes", advierte Miguel Lara.
Soluciones a mediano y largo plazo

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Los apagones ya están causando un impacto negativo en la economía venezolana.
Ernesto Abbass Sosa, presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, indica que en esta ciudad, la tercera más grande de Venezuela, los cortes eléctricos duran entre 5 y 8 horas diarias.
"Es un problema serio y un reto para todos en el sector comercial. Aunque los negocios no operan durante esos cortes, igualmente deben cubrir gastos fijos como alquiler, impuestos, servicios de energía, agua y aseo, además de la nómina", señaló Abbass en conversación con BBC News Mundo.
Añade que esta situación también afecta a la población en general debido al desgaste y frustración que genera.
"El cansancio físico y mental de las personas afecta la productividad, el desarrollo social y familiar, y repercute negativamente en el progreso del país", comentó.
Desde la Cámara de Comercio de Valencia, han recomendado al Ejecutivo nacional la implementación de un mecanismo que facilite créditos para que los comercios puedan adquirir equipos básicos, como plantas eléctricas y paneles solares, que les permitan funcionar durante los apagones.
Mientras tanto, muchos locales informan a sus clientes a través de redes sociales cuando cuentan o no con electricidad y amplían sus horarios para compensar parcialmente el tiempo de cierre.
Pero, ¿qué alternativas tiene Venezuela para recuperar un sistema eléctrico confiable que impulse su recuperación económica?

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Tiempo, financiación y organización
Miguel Lara estima que para lograr un sistema eléctrico robusto se requiere un equipo de gestión profesional capaz de ejecutar un plan bien estructurado, que incluya todos los subproyectos y acciones legales y técnicas necesarias.
Además, sería fundamental contar con fondos provenientes de organismos multilaterales y del sector privado.
Respecto al presupuesto y el tiempo, el experto calcula que se necesitarían alrededor de US$45.000 millones y aproximadamente seis años para contar con un sistema que soporte un crecimiento anual del 15% en la demanda eléctrica y un incremento del PIB anual del 10%.
Los primeros dos o tres años serían suficientes para estabilizar el sistema y recuperar parte de la capacidad instalada, actualmente inactiva.
No obstante, Lara apunta que el primer paso en esa dirección implica un cambio político en Venezuela, ya que considera que el estado actual del sistema eléctrico no se debe a la falta de recursos, sino a un modelo de gestión.
"Un cambio político positivo es el elemento inicial, aunque no suficiente, para reemplazar este modelo autoritario, sin méritos ni mantenimiento, opaco y plagado de despilfarro e impunidad", afirma.

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Señala que la crisis no se debe a falta de recursos: el sistema eléctrico instalado durante la segunda mitad del siglo XX costó unos US$48.250 millones (ajustados a precios de 1998) entre inversión pública y privada, mientras que durante el chavismo entre 1999 y 2025 se invirtieron aproximadamente US$117.040 millones.
A pesar de ello, el 80% de la capacidad actual proviene de infraestructura anterior a la llegada de Chávez al poder.
"Dinero ha habido en abundancia, pero se ha gastado mal en obras mal planificadas", sostiene.
Como ejemplo, menciona que durante el gobierno de Chávez, Venezuela compró plantas eléctricas revendidas por Cuba con un potencial de 1.800 megavatios, pero actualmente ninguna está operativa.
Considera que estas plantas no eran adecuadas para el país y que funcionaron como una transferencia de capital hacia La Habana.
"Luego se incorporaron gabarras y máquinas en sitios sin combustible ni sistemas de transmisión, máquinas abandonadas que se han perdido", añade.
En el ámbito hidroeléctrico, indica que el chavismo destinó US$9.000 millones a la central de Tocoma —tres veces el costo reportado para la central de Caruachi, que tiene un desarrollo similar—, que debía estar operativa para 2010, pero 16 años después sigue sin funcionar.
En conclusión, con o sin cambio político, parece evidente que María continuará necesitando sus lámparas y ventiladores a batería para evitar pasar futuros cumpleaños solo con la luz de las velas.

