La mitad de los empleados extranjeros en Cataluña tienen sobrecualificación, afectando especialmente a africanos y asiáticos

El salario medio de los foráneos es un 22% más bajo que el de los españoles, siendo agricultura, servicios y empleo del hogar los sectores con más precariedad y discriminación

Una persona trabaja al aire libre, a 4 de julio de 2025, en Madrid

La incorporación de la población extranjera al mercado laboral catalán continúa caracterizándose por la precariedad y el desaprovechamiento de sus capacidades. Un reciente estudio del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Cataluña (CTESC) ofrece datos concretos sobre una situación frecuentemente invisibilizada: el 50% de los migrantes con educación universitaria desempeña roles para los que están sobrecualificados, mientras que en el total de extranjeros esta cifra alcanza el 38,5%.

Esta problemática afecta de manera notable a trabajadores africanos y asiáticos, quienes a pesar de su formación académica, enfrentan menos oportunidades para acceder a empleos de calidad. La brecha se intensifica aún más en mujeres extranjeras, que representan el 8,7% de la población catalana, de las cuales el 78% provienen de fuera de la Unión Europea.

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Este grupo, compuesto por mujeres extranjeras, es más joven en comparación con las españolas y los hombres inmigrantes, pero registra las cifras más altas en condiciones laborales precarias. El 52% de las extracomunitarias con estudios superiores trabajan en puestos muy por debajo de su nivel educativo.

Además, las mujeres inmigrantes experimentan mayores índices de empleo temporal (18,5% frente a 13,5% en hombres extranjeros y 13% en mujeres españolas), trabajo a tiempo parcial (25,3%) y subempleo (12,9%). En cuanto a salarios, la disparidad es notable: perciben un 19,4% menos que las mujeres españolas y un 10,9% menos que los hombres extranjeros. Como consecuencia, un gran número de mujeres con formación universitaria se ven relegadas a trabajos en el servicio doméstico, hostelería u otros sectores frecuentemente invisibilizados.

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El salario, otro muro: 6.891 euros menos al año

El informe del CTESC revela que, en promedio, los trabajadores extranjeros en Cataluña perciben un 22,3% menos (aproximadamente 6.900 euros menos anuales) que sus homólogos españoles, una desigualdad que se profundiza en la agricultura y el sector servicios. La prevalencia de contratos temporales y de jornada parcial es habitual en empleos donde la mano de obra migrante resulta esencial pero presenta menor protección laboral.

Un total de 7.030 migrantes han llegado de forma irregular a España hasta el 15 de abril de 2026, un 47,5% menos que en el mismo periodo del año anterior, cuando llegaron 13.390, según datos del Ministerio del Interior. (Fuente: Europa Press / Télam / EBS)

En agricultura, los extranjeros constituyen ya el 32,4% de la plantilla laboral pero enfrentan condiciones laborales más exigentes, peor remuneradas, con altos índices de contratos fraudulentos y horas no declaradas. Una situación parecida se observa en el servicio doméstico y cuidado, donde casi la mitad son mujeres extranjeras y la mayoría realiza su actividad sin contar con derechos laborales fundamentales.

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El fenómeno de la sobrecualificación muestra su mayor incidencia en los empleos peor remunerados. Aunque el 38,6% de los extranjeros posee estudios superiores, el triple que entre los españoles termina en empleos con bajos requisitos académicos, como limpieza, camareros, peones o cuidado de personas. Esto genera una elevada falta de motivación y mantiene la vulnerabilidad socioeconómica de las familias migrantes.

La juventud migrante: directa al paro y la temporalidad

La sobrecualificación viene acompañada de otro problema: desempleo y precariedad entre los jóvenes extranjeros. En Cataluña, la tasa de paro juvenil española ronda el 7,7%, mientras que entre los migrantes alcanza el 13,9%, elevándose al 28,4% en el caso de jóvenes africanos. Esta tendencia se agrava, pues aunque el número de jóvenes extranjeros aumenta, no compensan la baja incorporación de jóvenes nativos catalanes a empleos estables.

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El CTESC y organizaciones sociales demandan políticas activas de inclusión laboral ajustadas a la realidad de este sector, como simplificar la homologación de títulos, mejorar la orientación profesional o fortalecer los itinerarios formativos. También requieren la regularización de quienes están en situación administrativa irregular, la dignificación del trabajo doméstico y la promoción de la contratación en sectores considerados “de difícil cobertura”, en los que la mano de obra extranjera ya es fundamental, aunque injustamente tratada.

Con una inmigración que representa el 21,2% de la población activa, Cataluña enfrenta un reto esencial para su futuro económico y social: lograr que la integración laboral no signifique precariedad ni discriminación sistemática hacia las personas extranjeras residentes.

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