Proyección demográfica de España para 2035: aumento del 47% en personas mayores y déficit de residencias junto a un excedente de 850.000 plazas escolares

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En 2035, uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años, y la población de mayores de 80 aumentará un 47,5%.

El sector educativo perderá alrededor de 850.000 alumnos, mientras que será necesaria la creación de 250.000 nuevas plazas residenciales para personas mayores.

El Gobierno apuesta por disminuir la cantidad de estudiantes por aula y adaptar los cuidados a modelos domiciliarios, en lugar de construir grandes residencias.

El envejecimiento implicará transformaciones sociales y culturales, con más individuos viviendo solos y un crecimiento de la llamada ‘generación sándwich’, que cuida tanto a hijos como a padres mayores.

El reloj demográfico de España configura un panorama sin precedentes. Dentro de una década, la imagen del país se modificará drásticamente. Las aulas estarán casi vacías y las residencias para mayores saturadas.

Para 2035, uno de cada cuatro españoles (el 26,5%) superará los 65 años, y la población con más de 80 años será un 47,5% mayor que la actual. En contraposición, la educación obligatoria verá una reducción de cerca de 850.000 estudiantes.

Es la España a la que se enfrentará pronto: con pocos niños y una esperanza de vida en constante aumento, que en 2035 alcanzará los 83 años para hombres y cerca de 88 para mujeres, según datos del INE.

En el otro extremo, la natalidad continúa descendiendo rápidamente. Por esta razón, la Educación Primaria perderá casi 400.000 alumnos hasta 2035.

De acuerdo con el último informe de la Fundación Ramón Areces, la Educación Secundaria (ESO) sufrirá una caída similar, con una reducción de cerca de 400.000 estudiantes, mientras que Bachillerato verá desaparecer otros 157.000.

Ante esta dramática evolución demográfica, los actores involucrados presentan diagnósticos muy diversos.

«Indudablemente estamos frente a una transformación en la estructura social«, advierte Rebeca Cordero, socióloga de la Universidad Europea de Madrid.

En el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 valoran la longevidad como un «éxito democrático» que requiere reformar el modelo de cuidados. Por su parte, el Ministerio de Educación busca «convertir los riesgos en oportunidades» en las aulas.

No todos comparten esta tranquilidad. «Llegamos tarde. El envejecimiento poblacional exige un plan integral», afirma Carlos García Carreras, directivo del grupo de residencias Arapa.

Aulas vacías

¿Qué se debe hacer ante un país con exceso de pupitres?

Ante el próximo déficit de estudiantes, desde el Ministerio de Educación aseguran que el sistema «está en constante adaptación».

Su estrategia consiste en aprovechar la reducción de alumnos para mejorar la calidad educativa, según fuentes ministeriales.

Para ello, impulsan un nuevo proyecto de ley para bajar drásticamente las ratios.

El tope legal pasará a ser un máximo de 22 alumnos por aula en Primaria (actualmente 25) y 25 en la ESO (frente a los 30 que rigen ahora).

Además, cada niño con necesidades educativas especiales contará como dos a la hora de asignar plazas en educación pública y concertada, asegurando una atención mucho más personalizada.

Menos macro-residencias

El alivio logístico en las escuelas tendrá un contrapunto en las residencias. Carlos García Carreras estima que si en el sector educativo habrá un exceso del 10% de plazas, en la atención a mayores «faltarán más del 50%».

Las cifras son alarmantes. Para 2035, España contará con 13 millones de personas mayores.

Para atenderlas, se necesitarán 250.000 plazas residenciales nuevas. Sin embargo, la tasa de construcción actual es de apenas 6.000 por año.

«Serán necesarios más de 40 años para alcanzar la meta, y quedan menos de diez», advierte el directivo de Arapa.

El principal obstáculo es económico. Una plaza nueva cuesta hoy más de 100.000 euros. Edificar la infraestructura requerida exigiría una inversión inicial de 25.000 millones de euros, más 8.000 millones anuales para su mantenimiento.

Sin un pacto de Estado urgente, las familias tendrán que «liquidar su patrimonio inmobiliario» para sufragar los cuidados de sus mayores.

Sin embargo, desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 plantean una perspectiva diferente para enfrentar esta situación demográfica crítica.

El crecimiento en el número de personas mayores de 80 años es un «logro del Estado del Bienestar», aseguran desde la cartera que dirige Pablo Bustinduy.

Este Ministerio reconoce la urgencia de adaptar los servicios públicos a este aumento de dependencia, pero descarta que la solución pase por la construcción masiva.

«No puede basarse en aumentar plazas residenciales, algo que tampoco responde a las preferencias de las personas y familias», sostienen de forma categórica.

Su propuesta es diferente: llevar los cuidados al hogar. Por ello, modifican la Ley de Dependencia para ofrecer opciones «basadas en la comunidad y próximas a los domicilios».

Igualmente, han establecido un grupo interministerial (con Sanidad y Economía) para asegurar que el sistema público no colapse financieramente.

Y para responder al reto laboral que preocupa a las empresas, Asuntos Sociales está desarrollando junto a Educación una FP modular y rápida para formar a los «miles de nuevas trabajadoras» que el sistema demandará pronto.

La ‘generación sándwich’

No obstante, la España de 2035 no solo enfrentará cuestiones de plazas, legislación y presupuesto. Está ante una profunda transformación cultural.

La socióloga Rebeca Cordero diagnostica un modelo social marcado por el «individualismo, la competitividad y el hipernarcisismo».

Presionados por mantener la juventud y afectados por el FOMO (miedo a perderse algo), se desvía la atención de la vejez.

«En las grandes ciudades no es común encontrar personas mayores», ya que muchas terminan institucionalizadas y excluidas del imaginario colectivo.

El diseño urbano confirma esa distancia emocional.

En 2039 la vivienda unipersonal será el modelo predominante en España: casi 8 millones de individuos vivirán solos.

Las viviendas actuales son más pequeñas y las grandes redes familiares se han esfumado. Esto se agrava por un mercado laboral estricto con «techos de cristal» y «suelos pegajosos» que limitan la carrera femenina y dificultan la natalidad.

Así surge el drama de la «generación sándwich» (Generación X), cargada con la responsabilidad de cuidar simultáneamente a padres ancianos e hijos pequeños. Ante esta carga, Millennials y Generación Z han decidido romper con ese modelo.

Rechazan una «vida plena de responsabilidades» y optan por vivir «sin tantas ataduras».

Paradójicamente, al evitar estas responsabilidades, han caído en el aislamiento, padeciendo la misma epidemia de soledad que aqueja a los ancianos ignorados.

El futuro próximo de España ya está trazado: la pirámide demográfica se estrecha por abajo y se ensancha por arriba. El desafío será construir rápidamente un país capaz de cuidar, financiar y, fundamentalmente, acompañar a una población mayor que arriesga envejecer en completo abandono.

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