El salmantino concluye su ciclo como entrenador del equipo blanco con un balance de 18 triunfos, 2 empates y 8 derrotas.
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Álvaro Arbeloa finalizó frente al Athletic Club lo que, sin duda, representaba su mayor aspiración: ocupar el banquillo del primer equipo del Real Madrid. Sin embargo, la cima de su trayectoria como entrenador se resumió en un periodo breve y turbulento de apenas 130 días.
Este romance comenzó en enero, sucediendo a Xabi Alonso, y terminó de forma anticipada en mayo, confirmando su partida del lugar que siempre consideró su hogar. El técnico salmantino, moldeado por la paciencia y el cuidado formativo de La Fábrica, terminó siendo consumido por la exigente presión del Santiago Bernabéu, un entorno dominado por la necesidad urgente de resultados, donde los procesos prolongados son un lujo inalcanzable y la paciencia brilla por su ausencia.
La llegada de Arbeloa al máximo nivel fue abrupta y sin periodo de adaptación, lanzándolo directamente a un escenario hostil. Su estreno culminó con una dura eliminación en la Copa del Rey ante el Albacete, un equipo de Segunda División que frustró el primer objetivo del año y encendió todas las alarmas.
En La Liga, la tendencia tampoco favoreció al conjunto, que bajó de estar a solo cuatro puntos del liderato en enero a distanciarse a ocho tras una amarga derrota en el Clásico frente al FC Barcelona, un golpe que confirmó el adiós al título doméstico.
Curiosamente, en estos 130 días también hubo espacio para momentos épicos en la Champions League, donde un entrenador novel logró destacar en las noches internacionales. Arbeloa superó en las rondas eliminatorias a dos grandes estrategas históricos como José Mourinho y Pep Guardiola, victorias tácticas que insuflaron ánimo a un proyecto que, no obstante, se venía abajo en el día a día.
La sentencia final llegó en cuartos de final contra el Bayern de Múnich de Vincent Kompany, donde, a pesar de disponer de la prórroga en Alemania, la expulsión de Eduardo Camavinga en el minuto 86 desmoronó la estructura defensiva, facilitando que Luis Díaz y Olise marcaran en el tiempo añadido para un doloroso 6-4 global.
Más allá de lo táctico, la gestión humana resultó ser el verdadero punto débil de un proyecto que nació demasiado rápido. En un club consumido por la premura, los conflictos internos surgieron con rapidez y se hicieron públicos, dejando ver que el vestuario se había convertido en un polvorín difícil de controlar.
La armonía del plantel se vio afectada por la creciente presión competitiva, manifestándose en tensiones internas que alteraron la cohesión del grupo. Se presentaron situaciones complejas, como las disputas entre Rüdiger y Carreras, o una acalorada discusión entre Tchouaméni y Valverde.
Este ambiente de desgaste también provocó desavenencias con figuras clave como el capitán Carvajal, falta de sincronía con Asencio y la pérdida de rol de Ceballos, quien terminó la temporada apartado de la dinámica del equipo.
Todo ello coincidió con un intenso foco mediático en la vida fuera del fútbol de Mbappé, desviando la atención de lo estrictamente deportivo en un momento especialmente delicado.
La cantera
Pese al ruido exterior, los conflictos internos y un historial que concluye sin títulos tras 28 partidos oficiales, repartidos en 18 victorias, dos empates y ocho derrotas, Arbeloa mantuvo firmes sus raíces.
Frente a la grave necesidad y la escasez de jugadores, el técnico recurrió a las categorías inferiores, convirtiendo a la cantera en su principal aportación, mostrando que La Fábrica no era un recurso de último recurso, sino un sello de identidad para intentar salvar el proyecto.
Durante su breve mandato, Thiago Pitarch pasó a ser un habitual en las convocatorias del primer equipo, mientras que Manuel Ángel acumuló minutos valiosos tanto en La Liga como en las exigentes veladas de la Champions.
La audacia del entrenador salmantino también se reflejó en la titularidad de David Jiménez en un escenario imponente como Mestalla, la aparición temprana de Jorge Cestero, las seis participaciones de César Palacios y los debuts breves pero significativos de Daniel Mesonero y Álvaro Leiva.
El sueño que siempre persiguió se extinguió rápidamente, consumido por la urgencia y la tiranía de los resultados, pero en medio del derrumbe, Arbeloa deja una semilla para el futuro del club, despidiéndose con la esperanza de que esta despedida sea solo un hasta luego.

