Las claves
El PSOE ha registrado su peor marca histórica en Andalucía, alcanzando únicamente el 22,7% de los votos y consolidando una tendencia a la baja en varias regiones.
La derrota en Andalucía representa la cuarta consecutiva en comicios autonómicos para el PSOE, reforzando la supremacía de las derechas en dichas comunidades.
Pedro Sánchez mantiene su línea estratégica de cara a las elecciones generales de 2027, señalando que el PP dependerá de acuerdos con Vox para formar gobierno.
La debacle electoral pone en duda el futuro de María Jesús Montero en el PSOE andaluz y genera tensiones internas sobre el liderazgo regional.
El PSOE alcanza su peor resultado histórico en Andalucía, quedándose en un 22,7% de los votos en una región donde durante más de treinta años dominó el panorama político y logró una mayoría de escaños que le permitió gobernar más tiempo que cualquier otra fuerza en España.
Esta situación solo puede calificarse como un fracaso electoral para una formación que, además, ostenta el gobierno en España.
Dirigentes del PSOE y miembros del Ejecutivo reconocen este resultado, aunque ya lo espera- ban; lo que evidencia que un partido acostumbrado a ganar se presenta en estas urnas sabiendo que no tiene opciones para gobernar ni para ser la fuerza más votada.
Este fracaso forma parte de un ciclo electoral desatado en Extremadura y proseguido en Aragón y Castilla y León con resultados similares, lo que representa un problema estructural para los socialistas, pues establece la hegemonía de las derechas en todas las comunidades con la vista puesta en futuras generales.
Desde el PSOE se sostiene que los comicios generales no replican los resultados autonómicos y que, en realidad, en 2022, la ventaja del PP en Andalucía fue de 20 puntos, mientras que en las generales la diferencia se redujo a solo tres puntos.
Este cambio se atribuye a los aproximadamente medio millón de votos que los socialistas recuperaron frente a las autonómicas; ese es el objetivo ahora para 2027. Se observa que una mayor participación afecta negativamente al PP, y se buscará que esta tendencia se repita en los comicios generales.
El Gobierno y el PSOE se aferran a este argumento, lo que permite a Pedro Sánchez reafirmar que mantiene su rumbo, que planea mantenerse en La Moncloa hasta 2027 y que intentará superar a Alberto Núñez Feijóo entonces. Sin embargo, para lograrlo, ha sacrificado a su número dos, María Jesús Montero, quien queda completamente debilitada.
Para paliar la percepción de derrota total, los socialistas se apoyan en la consolidación de la dependencia del PP respecto a Vox.
Se observa que en todas las comunidades donde ha habido elecciones en este ciclo, el PP ha tenido que pactar con la extrema derecha, lo que hace probable que en las generales Feijóo repita esta estrategia y posiblemente incluya a Santiago Abascal en un puesto de vicepresidencia del Gobierno de España.
Este es el escenario que aguarda al líder del PP si se mantiene la tendencia de estos comicios autonómicos, especialmente tras el resultado de Andalucía, según fuentes de la Moncloa.
Confianza en las generales
«Desde una perspectiva territorial es un mal resultado. Pero en términos generales, no lo es«, señala un alto cargo del Gobierno.
Este discurso sobre el vínculo del PP con la extrema derecha y la aceptación de demandas programáticas como la «prioridad nacional» será algo que Juanma Moreno tendrá que aceptar, tal como lo hicieron antes María Guardiola, Alfonso Fernández Mañueco y Jorge Azcón.
En Moncloa y Ferraz opinan que Moreno perderá la etiqueta de «moderado» al pactar con Vox, siendo él el último barón del PP con ese perfil.
Además, destacan que el PP «ha empeorado sus resultados en todas las autonómicas, salvo en Castilla y León», y que habrá gobiernos conjuntos PP-Vox antes de las generales, dando por hecho la entrada de la extrema derecha en la Junta de Andalucía.
También subrayan que la suma de la derecha reduce cuatro escaños comparado con 2022.
Pese a eso, el bloque de la derecha cuenta con 68 escaños y el 55% de los votos, mientras que la izquierda solo crece por la gran sorpresa de Adelante Andalucía, una candidatura que no forma parte del Gobierno de coalición dirigido por Pedro Sánchez y que critica la presencia de Sumar, y anteriormente Podemos, en el Ejecutivo.
En el PSOE y en Moncloa llevan días trabajando para proteger a Sánchez del desastre que parecía cernirse sobre Andalucía. Esto implica que Montero asuma por completo la responsabilidad de establecer un nuevo mínimo para el PSOE en su comunidad emblemática, tal como ocurrió tras los fracasos en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Esta interpretación pasa por alto el hecho de que el presidente del Gobierno y líder del PSOE ha liderado las candidaturas y estrategias en esas regiones y ha volcado esfuerzos en ellas.
En dos casos designó como cabezas de lista a dos ministras, y tanto Pilar Alegría como ahora Montero han tenido que enfrentarse al impacto negativo de salir directamente del Gobierno y cargar con el fracaso.
La incógnita del futuro de Montero
Estas maniobras de Sánchez reflejan que lo primordial son las elecciones generales y que las autonómicas sirven principalmente para posicionar candidatos que permitan controlar el partido desde La Moncloa o Ferraz.
Esta estrategia de Sánchez al designar ministros como candidatos autonómicos parece haber fracasado y aún está pendiente el futuro electoral de Óscar López, Diana Morant y Ángel Víctor Torres.
El caso de Montero es especialmente visible por su cercanía a Sánchez, y su fracaso electoral genera incógnitas tanto sobre su futuro como el del PSOE andaluz.
Como vicesecretaria federal del PSOE y líder del partido en Andalucía, en Ferraz temen que los socialistas andaluces empiecen a pensar que quien ha sufrido tal derrota no es la persona idónea para liderarlos ni para reorganizar la estructura.
Voces provenientes del PSOE andaluz ya advertían en semanas anteriores de ruidos en la organización anticipando el desastre.
Los socialistas observan, especialmente en Andalucía, que a su izquierda no queda espacio ya que Sánchez ha ido absorbiendo esas formaciones. Esto se explica por dos motivos: el socio minoritario en un Gobierno de coalición siempre sufre electoralmente y desde Moncloa se ha implementado una política más sesgada a la izquierda.
No obstante, esto implica que la convocatoria al voto útil de la izquierda contra la extrema derecha, que permitió a Sánchez recuperar votos en 2023 respecto a las autonómicas, puede ser ahora más difícil, pues ya no existe margen suficiente de votos a su izquierda que captar.

