Asturias ha ordenado la incautación del animal, mientras su dueño sostiene que todo se basa en «mentiras»: «Nunca ha causado daño a nadie»

«Urgente, necesito ayuda porque quieren confiscar a mi amigo Rayo». Con esta petición desesperada, David Arroyo ha transformado un mero trámite administrativo en un movimiento de apoyo masivo. El Principado de Asturias le impuso el decomiso de Rayo, el toro de lidia que mantiene como mascota, y lanzó una campaña para protegerlo, la cual ha conseguido un respaldo social amplio que traspasa fronteras, sumando apoyos desde «toda España» hasta Argentina, Italia, Chile y Venezuela.
Para David, Rayo es mucho más que un toro de lidia o un crotal —el código identificador equivalente al DNI del ganado—. El animal perdió a su madre al nacer y, conmovido, David decidió criarlo él mismo con biberones, estableciendo un vínculo que, tras nueve años, lo convierte en parte de «su familia». Para mejorar su bienestar y calidad de vida, cambió la sierra madrileña por los prados de la aldea de Villaviciosa, en Asturias. Sin embargo, cuando parecía vivir tranquilamente, una serie de denuncias vecinales colocó al animal en el centro de atención administrativa.
David sostiene que «Rayo es un ser pacífico, calmado y nunca ha agredido a nadie». No obstante, la administración asturiana mantiene una postura opuesta. El Principado decidió imponer una multa de 2.000 euros y ordenar la incautación del toro por una infracción administrativa grave bajo la Ley de Tenencia, Protección y Derechos de los Animales, fundamentada en «no controlar debidamente a los animales, permitiendo que deambulen por espacios públicos o privados sin autorización».
David denuncia que este expediente está basado en «falsedades y rumores». Afirma que los problemas comenzaron tras un conflicto personal con un vecino que, según el relato de este madrileño de 35 años, «primero infundió temor» en el pueblo alegando que el animal era peligroso y, después, llegó a soltar al toro en su propiedad «para generar caos».
En medio del conflicto, un informe de la Policía Local de Villaviciosa llegó al Principado y se abrió el expediente que, según interpreta David, «podría acabar con el sacrificio del toro». El documento policial, al que ha accedido EL MUNDO, recoge que el animal ha sido visto deambular sin control varias veces por caminos de la parroquia de Oles, donde se halla la finca que lo alberga, «hasta el punto de provocar alarma social entre los vecinos» y protagonizar incidentes «que representan un riesgo para la seguridad tanto de personas como de bienes».
Además, los agentes relatan conductas agresivas y mencionan un incidente ocurrido en 2023 cuando el animal embistió un vehículo estacionado en una finca privada, causando daños como abolladuras, rayaduras y la rotura del parabrisas delantero. Frente a estas afirmaciones, David sostiene que «no existen pruebas de que haya atacado a nadie ni de los hechos que se relatan». Insiste en que «siempre he pedido evidencias y nunca me las han presentado».
Respecto a la supuesta embestida, en el expediente se incluye una carta de la propietaria del coche, Eva Menéndez, quien asegura que «en ningún momento el toro cargó contra el vehículo» y que «su comportamiento no fue agresivo ni tuvo intención de causar daño». Este medio intentó contrastar la versión municipal, pero el Ayuntamiento de Villaviciosa declinó ofrecer comentarios.
El Principado notificó la sanción el 13 de abril, indicando que la vía administrativa concluye con estas multas, aunque existe la opción de presentar recurso ante el Juzgado de lo Contencioso-administrativo. David y su pareja, Edgar Soriano, quienes cuidan conjuntamente de Rayo, han optado por acudir a la vía judicial para «llevar la defensa hasta el final» y así poder estar tranquilos.
Paralelamente a la campaña en redes sociales y una recogida de firmas promovida en la plataforma Change.org, David continúa reuniendo documentos que respalden su versión. Cuenta con un informe de valoración de riesgo elaborado por el Seprona de la Guardia Civil en agosto de 2025, que confirma que el toro se encuentra «dentro de una finca protegida con pastor eléctrico y vallado metálico en algunas partes» y que lleva un collar de cadena que limita su movimiento a la finca sin que pueda salir. El informe concluye que «mientras siga en estas condiciones y nadie invada su espacio, no debería presentar ningún peligro para personas o propiedades».
Asimismo, un veterinario ratifica la versión de David y Edgar. Jorge Fernández Sienra declara que Rayo no representa «ningún riesgo» y certifica que el toro muestra una «gran docilidad y mansedumbre, tanto con su dueño como con personas desconocidas, ya que su único comportamiento es olfatear a quienes se acercan y aceptar caricias y reconocimiento».
Al igual que el veterinario o la propietaria del coche, «la mayoría» de los habitantes de la localidad respaldan a David y Edgar, quienes se sienten profundamente agradecidos por el apoyo recibido a nivel global a partir de la publicación en redes sociales. «Ver tanto respaldo y a tantas personas dispuestas a ayudar me ha emocionado hasta las lágrimas», reconocen, especialmente en medio de la situación difícil que genera un sector del pueblo que, aunque pequeño, hace mucho ruido.
La presión ha sido tal que han tenido que trasladarse a Colunga, una villa cercana, debido a la «falta de comprensión» y a los conflictos surgidos en Oles. David confiesa que lleva tres años padeciendo ansiedad y pesadillas, todo desde que su vecino empezó a propagar los «rumores» sobre su toro.
«A ese animal le salvé la vida… Es como un hijo para mí, y me destrozaría que me lo quiten», relata David, mientras el vídeo que se hizo viral sigue acumulando reproducciones, recordándole al Principado que, para miles de personas, «Rayo no representa un peligro, es una vida».

