El técnico del Real Madrid se presentó este sábado ante los medios antes del último desplazamiento de la temporada.
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En medio de una nueva polémica generada por el intercambio de declaraciones con Kylian Mbappé después del reciente partido en el Bernabéu, Álvaro Arbeloa compareció ante la prensa este sábado.
El entrenador salmantino habló antes del último compromiso de la campaña para el Real Madrid, enfrentándose al Sevilla, aunque la atención se centró en otros temas: el conflicto —cerrado, según Arbeloa— con Mbappé y el probable regreso de José Mourinho.
Desde el inicio, el técnico quiso calmar las tensiones con su estrella principal. Comentó que justo antes de la rueda de prensa coincidió con el futbolista francés. «Le he pedido que mantuviera la calma, que yo me ocuparía del asunto», explicó, buscando disminuir la importancia de las declaraciones del delantero, que mostraron su descontento por la suplencia ante el Oviedo.
Arbeloa afirmó que el tema se había tratado previamente con Mbappé y que entiende la frustración del jugador al no estar en el once titular: «Sé que Mbappé no estaba satisfecho, y eso me parece lógico. No entendería que estuviera conforme en dicha situación».
El técnico justificó la decisión de reservarlo inicialmente en el último partido debido al calendario y al estado físico del delantero. Consideró que, dada la circunstancia «en la que llegaba», lo mejor era que el francés disputara minutos en la segunda parte. Incluso mencionó que, si el partido se hubiera jugado el domingo, la gestión habría sido distinta.
Por eso solicitó que se tome con normalidad un episodio que ha cobrado demasiada relevancia fuera del vestuario: «Lo veo con naturalidad. Mi relación con Mbappé sigue intacta».
Lejos de mostrarse molesto por que el jugador expresara su malestar públicamente, Arbeloa mantuvo la coherencia con su mensaje habitual en el vestuario. Aseguró que sus palabras a los jugadores son sinceras y no teme que se hagan públicas.
Mbappé entrando al campo durante el Real Madrid – Oviedo. EFE
«Prefiero que lo que digo en privado quede entre nosotros, aunque no me incomoda que se haga público. No supone un problema», apuntó, tratando de cerrar cualquier interpretación de ruptura.
Acepta su marcha
Con el episodio Mbappé relativamente resuelto, la conferencia se dirigió hacia su propio futuro. En un tramo final sin títulos y con el banquillo del Madrid en el centro del debate, Arbeloa fue cuestionado sobre si había contemplado presentar su dimisión.
Respondió con una mirada pausada a estos meses intensos: recordó que apenas hace cuatro meses dirigía en la Primera RFEF y que se marchará «como entrenador del Real Madrid y en Primera División».
Catalogó esta etapa como «una experiencia formidable, un aprendizaje tremendo», un verdadero máster en el que asegura haber crecido diariamente. Subrayó que cuando termine, lo hará «con la conciencia en paz».
Al analizar cómo cree que se recordará su ciclo, el salmantino se apoyó en sus largos años vinculados al club. Mencionó que lleva dos décadas ligado a la entidad, «como canterano, jugador, embajador, técnico de la cantera y, en los últimos meses, del primer equipo».
Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid durante el partido ante el Oviedo. EFE
Reconoció que habrá seguidores que valoren positivamente su labor y otros que no, pero destacó el afecto que percibe del madridismo y afirmó que el Madrid representa su hogar.
Mourinho, la elección
El otro nombre principal fue José Mourinho. Con el futuro del banquillo merengue en el aire y fuertes rumores sobre el regreso del técnico portugués, Arbeloa no eludió el tema.
Primero, descartó que el vestuario sea «ingobernable», una etiqueta que negó categóricamente. Después, elogió sin reservas a su exentrenador. Recordó que siempre ha sido franco respecto a su opinión sobre él y reafirmó su admiración: «Es el número 1. José es y será, siempre, ‘uno di noi’. Si es el entrenador la próxima temporada, estaré encantado de verlo de regreso en casa».
Sus palabras suenan a despedida implícita y a respaldo para una posible transición.
En el plano personal, Arbeloa no ocultó su principal frustración en estos meses: no conseguir que el equipo alcanzara la meta principal. Según él, «no ganar» representa la mayor decepción. Le duele no haber ayudado al club ni a los jugadores a celebrar trofeos, especialmente en una institución con altas exigencias y un gran apoyo detrás.
En la antesala del partido en el Sánchez-Pizjuán, el mensaje fue el de alguien que asume el fin próximo de su ciclo, que valora la experiencia adquirida y que, mientras el club mira hacia un futuro con Mourinho en mente, se mantiene firme en el banquillo con la misma intención de siempre: competir hasta el último instante.

