El SNTE, pero sobre todo su opositora la CNTE, han protestado contra la Reforma Educativa que plantea la intervención financiera de la iniciativa privada en las escuelas públicas, en las cuales, además, podrán determinar el modelo educativo al ser inversores reconocidos constitucionalmente de estas. Un modelo de “escuelas charters”, como se concibe en Estados Unidos cuyo principal impulsor es el magnate Bill Gates.
Pero la iniciativa pasa por la evaluación de la planta magisterial en los centros de enseñanza, a quienes se les ha amenazado con quitarles su plaza sindical y derechos laborales de no aprobar los requisitos impuestos por las empresas inversoras. Y ya sabemos cómo acabaría eso. Lo que más anhela la patronal es contar con empleados que no accedan a contrato ni prestaciones como ya de por sí se hace en la mayoría de los ámbitos de producción, incluido el gubernamental. Es lo que la Reforma Laboral aprobó: subcontratación por horas y sin seguridad social, ahora aplicado al magisterio, disfrazado de mejora a la educación.
Tras la detención de Elba Esther no está el antielbismo, sino los antisindicatos. También están los que pretenden adueñarse de la educación pública. Cierto, la llamada “Maestra” merecía tal suerte desde hace años durante los cuales gozó de impunidad política y financiera, desde que Carlos Salinas de Gortari, padrino del presidente Enrique Peña Nieto, la colocó en sustitución de Carlos Jongitud en 1989 y es él quien ahora la quita en beneficio de la productividad. Es así: quien quita y pone, también dispone. Lo verdaderamente importante, es el negocio. O como lo dijo Michael Corleone “Dinero y amigos… agua y aceite…”
