El ex pívot, que militó en equipos como Nets, Celtics y Wizards, falleció a los 47 años debido a un tumor cerebral.
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Jason Collins, exjugador de la NBA y referente en la visibilidad LGTBIQ dentro del deporte profesional en Estados Unidos, perdió la vida a los 47 años por un cáncer cerebral, según informó su familia mediante un comunicado.
Su muerte marca el fin de una trayectoria destacada tanto en el baloncesto de élite como en el cambio social impulsado por su valentía al revelar su orientación sexual durante su carrera activa.
Collins, un pívot de 2,13 metros formado en Stanford, sostuvo una carrera de 13 temporadas en la NBA, participando en equipos como New Jersey Nets, Atlanta Hawks, Boston Celtics y Washington Wizards, entre otros.
Aunque no destacaba por sus números, se consolidó como un especialista defensivo y jugador de equipo, habitual en las rotaciones de plantillas con aspiraciones a playoffs.
No obstante, fue su decisión en 2013 la que dejó una huella profunda más allá de las canchas.
Ese año, Collins hizo pública su orientación sexual en un artículo para Sports Illustrated, convirtiéndose en el primer jugador activo en las cuatro principales ligas profesionales estadounidenses (NBA, NFL, MLB y NHL) en dar ese paso.
«Soy un pívot de la NBA de 34 años. Soy negro. Y soy gay», afirmó entonces, en una frase que se volvió emblemática para el movimiento LGTBIQ en el ámbito deportivo.
Obituario de Jason Collins NBA
Su valentía recibió el apoyo tanto de la NBA como de sus compañeros y figuras políticas, posicionándolo como un símbolo de inclusión y un referente para muchos deportistas que mantenían su orientación en secreto.
Más de una década después de aquel anuncio histórico, la enfermedad irrumpió en su vida.
En 2025, informó que le detectaron un glioblastoma grado 4, uno de los tumores cerebrales más malignos con un pronóstico adverso, y señaló que su tumor no era operable, quedando limitadas las opciones a radioterapia y quimioterapia convencionales.
Buscó métodos alternativos con un tratamiento experimental en Singapur, pero el cáncer recidivó y se volvió irreversible.
La familia comunicó que Collins falleció tras «una lucha valiente» contra la enfermedad, y pidieron que se recuerde su legado más allá del diagnóstico.
Desde la NBA, excompañeros y organizaciones LGTBIQ han destacado su papel pionero, describiéndolo como una inspiración para aquellos que desean vivir conforme a su verdadera identidad, tanto dentro como fuera de la cancha.
Su legado no solo queda en las estadísticas, sino también en la demostración de que un atleta de élite puede rendir al máximo nivel sin ocultar quién es.

