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- Autor, Guillermo D. Olmo
- Título del autor, BBC News Mundo
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Luego de un extenso y complicado escrutinio, los nombres de los dos candidatos que competirán por la presidencia de Perú en la segunda vuelta están casi confirmados.
Keiko Fujimori, con más del 17% de los votos, y Roberto Sánchez, con un 12%, serán los contendientes en la segunda fase electoral prevista para el 7 de junio, según los resultados preliminares con el 99,63% de las actas escrutadas tras un recuento ajustado que se ha prolongado casi un mes.
El conservador Rafael López Aliaga quedó fuera por un estrecho margen, habiendo obtenido el 11,9% del respaldo. Estas cifras indican que Sánchez lleva una ventaja de más de 14.000 sufragios sobre él.
Aunque quedan aún unos pocos miles de votos por contabilizar, los actores políticos y medios de comunicación en Perú dan por sentado que Sánchez superó a López Aliaga y avanzará a la segunda vuelta junto con Fujimori.
Con todo, la proclamación oficial corresponde al Jurado Nacional de Elecciones.
La jornada electoral del domingo 12 de abril registró demoras en la instalación de mesas y problemas logísticos que obligaron a extender la votación hasta el lunes en algunos lugares.
Esta primera vuelta presidencial estuvo caracterizada por la dispersión del voto, con más de 30 candidaturas en competencia, ninguna de las cuales alcanzó el 20%.
El futuro presidente recibirá el país marcado por una creciente desconfianza hacia las instituciones, producto de años de inestabilidad política que provocaron que en la última década haya habido nueve presidentes, además de una inseguridad ciudadana vinculada al aumento del crimen organizado, la extorsión y la violencia en las zonas urbanas.
Deberá enfrentarse a un Congreso que retorna al sistema bicameral tras la reforma constitucional aprobada en 2024 y que conserva la facultad de destituirlo mediante la figura de la vacancia presidencial si se reúnen los votos necesarios.
Este panorama anticipa retos en la gobernabilidad para el próximo líder del país, sea quien sea.
A continuación, se explica quiénes son los dos candidatos que se disputarán la presidencia.
Keiko Fujimori, la heredera del fujimorismo que busca la presidencia por cuarta vez

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Se pueden objetar diversos aspectos sobre Keiko Fujimori, pero su persistencia no es uno de ellos: luego de tres derrotas, la candidata de Fuerza Popular accede por cuarta vez consecutiva a la segunda vuelta electoral.
Keiko se ha mantenido como una de las figuras constantes en una política peruana que, en los últimos años, ha visto desaparecer a muchos líderes debido a la sucesión acelerada de escándalos de corrupción.
Ella enfrentó también una acusación: lavado de activos en el marco del caso Odebrecht. Después de incluso haber estado en prisión, el Tribunal Constitucional finalmente archivó el caso, lo que le permitió presentarse nuevamente como candidata a tiempo para estas elecciones.
Para captar a electores fatigados por la corrupción e inseguridad, Fujimori no dudó en reivindicar el legado de su padre, fallecido en 2024, quien estuvo aproximadamente 16 años encarcelado tras ser condenado por crímenes de lesa humanidad.
Con el lema electoral de «vuelve el orden», intentó vincular su imagen con la que tienen los seguidores de Alberto Fujimori: un líder firme que estabilizó un país golpeado por la crisis económica y la violencia de Sendero Luminoso en los años 90.
Sin embargo, la figura de su padre continúa siendo divisiva en Perú. Para muchos, también representa las violaciones de derechos humanos registradas durante su mandato y los fuertes recortes derivados de sus reformas económicas.
Su apellido es un activo político importante, aunque también supone un obstáculo. La imagen de Keiko ha estado siempre ligada a la de su padre.

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Nacida en 1975 y siendo la mayor de cuatro hermanos, le tocó asumir el papel institucional de primera dama de Perú tras la ruptura del matrimonio de sus padres.
Durante ese periodo, el público peruano conoció a una joven Keiko acompañando a su padre en actos oficiales y viajes de Estado.
Tras cursar Administración de Empresas en Estados Unidos, retornó a Perú para dedicarse completamente a la política.
En 2006, con su padre ya detenido en Chile, fue elegida congresista por primera vez.
Cinco años más tarde, se presentó por primera vez a la presidencia, intentando nuevamente en 2016 y 2021; en todas estas ocasiones fue derrotada por políticos que no completaron sus mandatos.
A pesar de ello, mantuvo su liderazgo indiscutido dentro del fujimorismo, incluso llegado a frenar la salida de prisión de su padre (que después solicitó) y deteriorar sus relaciones con su hermano Kenji.
En 2022, se separó del empresario estadounidense Mark Vito, con quien tuvo dos hijas y que actualmente forma parte del mundo televisivo y de entretenimiento peruano.
Esta es la primera candidatura presidencial de Keiko Fujimori después de la muerte de su padre. Durante la campaña, intentó capitalizar aún más ese capital político y el sentimiento de muchos peruanos de que el país atraviesa una situación extraordinaria que exige mano dura, como la que él aplicó.
Sus propuestas incluyen la edificación de megacárceles de máxima seguridad y la salida de Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
En las elecciones de 2026, volvió a clasificar a la segunda vuelta. En pocas semanas se sabrá si finalmente alcanza su objetivo de convertirse en presidenta o si otra vez se queda a las puertas.
Roberto Sánchez, el sobreviviente de la era Castillo

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Parecía complicado sobrevivir al desastre que representó el gobierno del expresidente Pedro Castillo, quien está encarcelado y enfrentando varios procesos judiciales, pero Roberto Sánchez Palomino logró resistir.
Pocos días antes de los comicios, el candidato de Juntos por el Perú aparecía muy rezagado en los sondeos. Sin embargo, consiguió aglutinar votos en poco tiempo y, aprovechándose del panorama electoral fragmentado, se posiciona ahora como el contrincante en la segunda vuelta frente a Keiko Fujimori.
Nacido en 1969 en Huaral, una zona principalmente agrícola a unos 80 km de Lima, y psicólogo de formación, Sánchez transformó su cercanía con Castillo —como ministro de Turismo y Comercio Exterior, fue el único que resistió los diversos cambios de gabinete— en un punto fuerte, cuando para muchos parecía una carga.
No dudó en reivindicar su vinculación con el gobierno de Castillo, incluso apareciendo en debates usando el mismo sombrero campesino con que el expresidente se hizo conocido, que se volvió un símbolo del Perú rural y andino.
Así, logró ganarse el respaldo de sectores que apoyaron a Castillo, especialmente en el sur del país, la región que sufrió más la violencia durante las represiones de las protestas tras la caída del expresidente, y donde el desprecio hacia los políticos limeños está muy extendido.

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Con su estilo tranquilo y tono mesurado en medio de la continua tensión política del país, Sánchez supo manejarse con destreza y, a diferencia de otros miembros del gabinete, no enfrentó cargos judiciales por el intento fallido de Castillo de disolver el Congreso, que resultó en su destitución y prisión en diciembre de 2022.
El entonces ministro Sánchez presentó su renuncia poco después de que Castillo apareciera en televisión anunciando sus medidas excepcionales con la mano temblorosa, y se abstuvo en la votación en el Congreso que finalmente destituyó al presidente, lo que para muchos fue una maniobra para no hundirse junto a él.
Castillo parece no guardar resentimiento hacia él. En una de sus últimas apariciones judiciales, pidió votar por Sánchez. A su vez, el candidato ha sabido aprovechar el descontento de vastos sectores rurales del Perú frente al destino que tuvo el expresidente.
Ramiro Escobar, analista político de la Pontificia Universidad Católica del Perú, comentó a BBC Mundo que el paso de Sánchez a la segunda vuelta «demuestra que las élites políticas de Lima aún no comprenden la profundidad del descontento en las regiones».

