Sánchez enfrenta una crisis inevitable al aceptar recibir el barco afectado por hantavirus

Más allá del mandato legal, el presidente del Gobierno impulsa el multilateralismo que representa la OMS

Pedro Sánchez mantiene, un encuentro con el director general de la OMS, Tedros Adhanom.

La sala está dominada por dos atriles oscuros, ubicados a una distancia apropiada. Sin embargo, se decide desmontarlos y colocar la clásica mesa desde la cual los miembros del Ejecutivo ofrecen sus declaraciones tras los Consejos de Ministros. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), concede una entrevista a Catalunya Ràdio, concertada con antelación. Imágenes que remiten a un pasado doloroso para la mayoría. Que evocan la COVID. La crisis sanitaria causada por el hantavirus examina de nuevo la resistencia del Gobierno, la política y la sociedad española. Esta emergencia imprevista cuya asunción y manejo «estuvo clara desde el primer momento» en La Moncloa. «¡Cómo no vamos a atender el barco! Hemos gestionado crisis mucho más graves».

El hantavirus representa un problema que ha ido incrementándose desde el 2 de mayo y que convirtió a España en protagonista mundial el martes 5 por la tarde, cuando Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), contactó telefónicamente a Pedro Sánchez para adelantarse a que en la reunión prevista entre el Gobierno español, esta organización, la Comisión Europea y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) se solicitaría formalmente que España asumiera la responsabilidad del buque MV Hondius.

«Por nuestra posición y principios, no se podía rechazar acoger el barco. Pedro no podía negarse, no únicamente por la repercusión en su imagen, sino porque se alinea con su forma de pensar y sus valores. Somos un país que rescata personas en el mar y regulariza migrantes», explican desde el equipo del jefe del Ejecutivo.

«Acto solidario y deber moral. Porque eso es exactamente», agradeció ayer Adhanom en una carta dirigida a «la gente de Tenerife».

El presidente ha venido elaborando un perfil político internacional que enfatiza la defensa del multilateralismo y la necesidad de fortalecer organismos como la ONU o la OMS, posicionándose como opuesto a países como EEUU, que están retrocediendo en su participación en estos foros y recortando sus presupuestos.

«¿Cómo podríamos negarnos a atender a estas personas?». Además, desde el Ejecutivo argumentan que más allá de un asunto «humano, ético y moral» existe un marco jurídico internacional «que se está obligado a cumplir». Señalan los artículos 13 y 44 del Reglamento Sanitario Internacional. El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, discrepa y mantiene que la operación podría haberse realizado en Cabo Verde.

Desde el Gobierno explican que la OMS les informó que este archipiélago africano presenta «limitaciones sanitarias estructurales bien documentadas» y que, entre otros motivos, llevar a cabo la operación allí habría impedido activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil. Dentro del Ejecutivo hay molestia hacia Clavijo y el PP. Consideran que han generado «ruido» y manifestado «deslealtad» institucional. «Han sido irresponsables al hablar de caos, de peligro y crear una alarma inexistente», sostiene un integrante del Gobierno.

«Existe un mandato de la OMS, España defiende los derechos humanos, no hay riesgo para la población canaria. Entonces, ¿qué cuestionan? Tanto Clavijo como el PP se han dejado llevar por el populismo, creyeron que les beneficiaría impedir la llegada del barco y eso supone una irresponsabilidad institucional».

Las críticas provenientes de Canarias y del PP profundizaron en La Moncloa la percepción de que «era necesario comunicar a la ciudadanía que no hay peligro alguno y que todo está cuidadosamente controlado». Para ello, como en la pandemia, se han planificado comparecencias diarias y se ha dado protagonismo a los técnicos, destacando el papel de Virginia Barcones, secretaria general de Protección Civil y Emergencias, y Pedro Gullón, director general de Salud Pública. Sánchez mantuvo ayer un encuentro en La Moncloa con el director general de la OMS y está previsto que hoy se pronuncie sobre esta cuestión en el mitin del PSOE en La Línea.

Pedro Sánchez.

La crisis del hantavirus modifica el rumbo del Gobierno y la política española, en un contexto donde el juicio por el caso mascarillas, con el exministro José Luis Ábalos sentado en el banquillo, afecta la imagen del PSOE – La Moncloa considera que lo ha salvado mejor de lo esperado –, mientras persisten en su intención de centrar el debate en la economía. Aunque reconocen que lo que percibe la población «es una crisis nueva» y comprenden que exista «preocupación» o «temor», aseguran que el país «está preparado para afrontar esta situación».

Creen que, frente a las investigaciones judiciales y la debilidad parlamentaria, cuentan ahora con una oportunidad para proyectar su marca y gestión, tal como sucedió en la evacuación de Afganistán, cuando España actuó como hub europeo. «El Gobierno gestiona porque sabe gobernar, frente a una oposición que ofrece una imagen de inacción. Pensamos que eso desgasta a ellos y consolida la imagen positiva de gestores que tienen a Sánchez al frente cuando llega una crisis», señalan.

Sin embargo, esa imagen se vio afectada por la confusión generada tras las declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, sobre que las cuarentenas eran voluntarias. Tanto la ministra de Sanidad, Mónica García, como el de Presidencia, Félix Bolaños, salieron a aclarar sus palabras. No se trató de un conflicto PSOE-Sumar. «Fue algo que no debería haber sucedido», reconocen miembros del Gobierno. «Fue un error expresado de forma incorrecta», concede un integrante del Ejecutivo. «Todos sabían lo que Margarita quería decir, pero se ha buscado convertirlo en una polémica política», comenta otro.

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