«El vacío en las aulas no surge por falta de interés, sino por un modelo pedagógico y social obsoleto», denuncian los estudiantes

Los gestores universitarios y los estudiantes están inmersos en un debate sobre la presencia en clase. Los primeros reprochan a los segundos su ausencia en las aulas. Estos, a su vez, han respondido este viernes responsabilizando directamente a los docentes por mantener una metodología que desmotiva la asistencia. «La carencia de innovación está vaciando las facultades», apunta la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (Creup), que agrupa a alumnos de 37 campus públicos, sumando más de un millón de jóvenes.
Después del conflicto entre la Generación Z y los boomers por el acceso limitado a la vivienda, surge un nuevo foco de debate social: la presencialidad. El detonante ha sido un estudio llevado a cabo en la Universidad Autónoma de Barcelona, que señala una inasistencia que alcanza el 40% en determinadas asignaturas. El análisis concluye que, especialmente desde la pandemia de Covid, algo más de la mitad del alumnado afirma asistir a todas las clases, mientras que un cuarto declara una asistencia comprendida entre el 60% y el 80%.
Los estudiantes han aseverado que «el vacío en las aulas no responde a falta de interés, sino a un modelo pedagógico y social desgastado». «La precariedad económica y la escasa innovación docente están provocando que los estudiantes abandonen la presencialidad».
Exigen «adaptar la universidad a las realidades del siglo XXI» y sostienen que «no enfrentamos una crisis de actitudes, sino un colapso de un modelo que continúa anclado en metodologías y sistemas que no se ajustan a las circunstancias actuales del estudiantado».
«Ha perdido sentido»
Desde Creup insisten en que «la digitalización ha modificado las reglas del juego». «En un contexto donde los recursos docentes y las lecciones magistrales están accesibles en plataformas virtuales, la asistencia obligatoria a clases meramente expositivas ha dejado de tener sentido para muchos estudiantes», afirman los alumnos.
Además, subrayan: «Si la presencialidad se limita a escuchar pasivamente una lectura de diapositivas que ya tenemos descargadas, el sistema está fallando al no aportar un valor añadido».
A los estudiantes les ha molestado profundamente las críticas de ciertos decanos. Abel Escribà Folch, responsable de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, envió hace poco una misiva a los alumnos de 1º y 2º curso reprochándoles «niveles bajos de asistencia», una «escasa implicación en el seguimiento de las asignaturas», «tareas realizadas con poco rigor» y una «actitud poco comprometida con el proceso de aprendizaje».
El trabajo
«La universidad pública debería ser un espacio de encuentro y no un trámite burocrático. En vez de vigilar las sillas vacías, las instituciones deben cuestionarse por qué esos asientos no resultan atractivos o habitables para quienes las financiamos con nuestras tasas y esfuerzo», responden los estudiantes, que también justifican su absentismo señalando que «el encarecimiento de la vida y los alquileres en las ciudades universitarias ha obligado a un alto porcentaje de estudiantes a compaginar sus estudios con empleos precarios».
«La rigidez de los horarios universitarios, diseñados para un perfil de estudiante minoritario, funciona como una barrera de acceso», argumentan. ¿Son sus afirmaciones correctas? Según datos de Eurostat publicados en enero, el 16% de jóvenes entre 15 y 29 años estudian y trabajan simultáneamente, frente al 25,4% de la media de la UE. España, en realidad, se encuentra en la parte baja del ranking europeo de los denominados sisis, muy lejos de países como Países Bajos (74%), Islandia (72%), Suiza (58%), Dinamarca (56%) o Noruega (54%).
La salud mental
Otra causa que expone Creup es «el deterioro de la salud mental», definido como «un factor determinante». «El agotamiento y la presión generada por un sistema de evaluación asfixiante y punitivo están alejando a los estudiantes de los campus, convirtiendo el absentismo en un síntoma de un problema mayor relacionado con el bienestar emocional».
En efecto, las dificultades de salud y familiares son la razón más mencionada por los alumnos entrevistados en la encuesta de la Autónoma (un 32%). Según el estudio La salud mental en el estudiantado de las universidades españolas, realizado por el Ministerio de Universidades en 2022 y 2023, más de la mitad de los participantes ha expresado la necesidad de apoyo psicológico debido a problemas recientes de salud mental. Los síntomas más habituales son la depresión y la ansiedad, con una prevalencia mayor entre estudiantes de grado que de máster.
Los estudiantes sugieren que, «más allá del control de firmas», los docentes apuesten por «modelos pedagógicos útiles, dinámicos y participativos, en lugar de una presencialidad obligatoria carente de contenido práctico o valor real para el aprendizaje».
Más conciliación
También reclaman una mayor «flexibilidad y conciliación académica», con el objetivo de «ajustar los planes de estudios a las necesidades de estudiantes que trabajan y tienen responsabilidades familiares».
Finalmente, instan a los profesores a implementar «una evaluación adaptada a la realidad del estudiantado», diversificando los métodos evaluativos y «garantizando, al menos, que el alumnado pueda elegir entre evaluación continua o evaluación final».

