14 de diciembre Manuel: Injusta su carta última. Me lastimó y no quise contestarla rencorosa. Por eso he callado. Ya he olvidado algo y vuelvo a hablarle. No me trate de usted. Déme esa alegría que es para usted fácil. Yo le soy una extraña, pero usted no es un extraño para mí. Tráteme como siempre, míreme como siempre. Una mentira de mi Carta anterior tengo que retirar: la de que lo he visto últimamente. No; es un retrato suyo desfigurado. (¿Por qué hizo cambiar su fisonomía de mi sueño?) Me dio la impresión anotada en mi carta anterior. No lo he visto. Sea bueno mientras yo esté en esta tierra. Nada gravoso le irá de mí. No me siento con fuerza para levantar su espíritu. El mío ya no es fuerte aunque, cosa extraña, es tranquilo por vez primera. Padecer era un vigor de mi alma. Ya no padezco. En vacaciones le escribiré o le mandaré versos, cuando no pueda, por razones que no quiero decir, escribirle. Que dios lo guarde, porque lo deseo yo vivamente, porque usted lo necesita más que lo que en Él creen, y que yo tenga palabras suyas de tarde en tarde. Lucila
