Un año después de la tragedia del Jet Set Club con 236 fallecidos, las familias dominicanas continúan exigiendo justicia ante el gran dolor sufrido

Acompañada de familiares, Marilin (segunda por la izquierda) en la audiencia

    • Autor, Atahualpa Amerise
    • Título del autor, Enviado especial de BBC News Mundo a Santo Domingo
  • 41 minutos
  • Tiempo de lectura: 21 min

«Sí, está bien, mami».

Ese es el último mensaje que Marilin Vargas recibe de su hija menor, Lorraine.

Esta mujer de 63 años muestra su última conversación por WhatsApp frente a la sala de audiencias del Palacio de Justicia de Santo Domingo, donde se celebra una de las vistas preliminares de un caso que tiene en vilo al país entero.

Hace poco más de un año, en la madrugada del 7 al 8 de abril de 2025, Lorraine festejaba su 38º cumpleaños junto a tres amigos en Jet Set, la discoteca que durante tres décadas fue un emblema de la vida nocturna capitalina de República Dominicana.

En el escenario, «la voz más alta del merengue», Rubby Pérez, interpretaba una de sus canciones emblemáticas cuando el techo se desplomó.

Cientos de toneladas de hierro y concreto cayeron sobre los asistentes, dejando un saldo devastador: 236 fallecidos.

Marilin Vargas muestra una foto de su hija Lorraine

Fuente de la imagen, Marilin Vargas

La caída causó la pérdida de vidas sin distinción; desde profesionales como Lorraine, una médica internista, hasta reconocidas figuras como Rubby Pérez, las ex estrellas del béisbol Octavio Dotel y Tony Blanco, y miembros de algunas de las familias más influyentes del país.

Más de 180 personas resultaron heridas, algunas con daños permanentes, y al menos 174 menores quedaron huérfanos a causa de esta tragedia.

Un año después, República Dominicana intenta comprender cómo pudo pasar y se cuestiona si se hará justicia.

Frente a los tribunales donde se dirime la responsabilidad penal de los dueños del Jet Set, el duelo convive con la espera entre familiares que demandan al juez una respuesta proporcional a la magnitud de la catástrofe.

En la audiencia del 27 de abril, también participó Ana María Ramírez, odontóloga de 40 años que sobrevivió al derrumbe.

Ana María en la audiencia.

Con lágrimas, rememora las horas que permaneció bajo los escombros, aferrada a la mano de una amiga, mientras otra amiga murió allí, y los daños físicos que aún la afectan.

Esta es la crónica de una noche de celebración que se transformó en la mayor tragedia humana del siglo en República Dominicana.

El emblemático Jet Set

Con artistas destacados sobre el escenario, los «lunes de merengue» en el Jet Set eran un clásico de la vida nocturna en Santo Domingo.

El edificio, inicialmente un cine en los años 70, fue convertido en discoteca en los 90.

Jet Set no distinguía edades ni clases sociales: casi todos los dominicanos consultados —sean vendedores, taxistas, abogados o empresarios— afirman haber bebido, bailado y compartido allí en alguna ocasión.

Discoteca Jet Set.

La propiedad pertenecía a los hermanos Antonio y Maribel Espaillat.

Antonio es un empresario destacado, dueño de un grupo mediático que controla buena parte de las emisoras de radio dominicanas, junto a otras empresas de publicidad exterior y locales de ocio.

Maribel ejercía como directora operativa del Jet Set.

«Los hermanos Espaillat son figuras conocidas en el país. La familia siempre ha contado con recursos económicos», explica la periodista de investigación Camila García Durán.

García Durán ha dedicado más de un año a reconstruir lo sucedido aquella noche basado en testimonios, documentos y pruebas, algunas de las cuales no fueron facilitadas ni a las víctimas ni a sus defensores legales.

La periodista Camila García Durán.

Esa misma mañana del 7 de abril de 2025, según denuncian testimonios y pruebas, se constataron problemas con el techo del establecimiento.

No obstante, el local abrió sus puertas para comenzar la velada.

Lorraine, relata su madre, decidió seguir celebrando en Jet Set el cumpleaños que había iniciado horas antes en un restaurante cercano.

Ana María llegó al lugar sobre las 22:15 con dos amigas: «Era temprano y casi no había gente», recuerda.

El ambiente poco a poco se llenaba y la noche parecía transcurrir con normalidad.

Se perciben señales de peligro

Al inicio de la fiesta ocurrió un primer incidente preocupante: según testigos, pedazos de concreto y yeso cayeron sobre un cliente frecuente, quien fue atendido por el personal.

Ana María presenció el hecho y comenta: «Cayó un fragmento de techo, un cuadro de plafón, y no pensé que fuera algo grave».

Minutos después inició el concierto y la gente se levantó para bailar merengue.

Los testimonios y documentos recogidos evidencian que los problemas de filtraciones y desprendimientos del techo eran recurrentes desde años atrás.

Para remediarlo se aplicaron reparaciones puntuales que no solucionaron la falla estructural del local.

Entrada del Jet Set donde se ve fotografías y mensajes en honor a las víctimas.

Así lo relata Gregory Adames, quien trabajó en Jet Set durante ocho años y llegó a ser persona de confianza de los hermanos Espaillat en el negocio.

Sobreviviente del derrumbe, Adames es ahora un testigo fundamental en el proceso judicial.

«Desde mi ingreso siempre hubo problemas de filtración y goteo en el techo, y desde la pandemia, cada vez que llovía parecía un colador», afirma.

Para mitigar este problema, colocaban lonas plásticas sobre los plafones para acomodar el agua y drenarla «antes de cada evento».

En los días previos al colapso, comenta Adames, comenzaron a caer fragmentos de concreto sobre los plafones, dañándolos.

«Una semana antes sucedió un incidente con clientes; cayó un pedazo de plafón muy cerca de ellos», recuerda.

Adames asegura haber alertado reiteradamente a los Espaillat sobre la gravedad de estos problemas, según mensajes que posee en su teléfono.

«La respuesta siempre fue un ‘se va a solucionar’ o ‘Manuel, el de mantenimiento, irá’, pero nunca tomaron acción efectiva», lamenta.

La periodista Camila García Durán reveló documentos importantes obtenidos del Ministerio Público, incluidos mensajes entre los hermanos Espaillat poco antes del derrumbe.

Maribel informa a su hermano por WhatsApp que un plafón cayó sobre un hombre. Antonio, que estaba fuera del país, responde: «voy a cambiar la mayoría», refiriéndose a los plafones.

La directora operativa replica: «Sí, pero el techo está dañado».

Estos mensajes de Maribel Espaillat a su hermano pueden ser clave en el proceso judicial.

Fuente de la imagen, Camila García

Esa conversación es una de las pruebas principales que usan los abogados de las víctimas para demostrar la responsabilidad de los propietarios del Jet Set.

Gregory Adames, marcado por un trauma intenso desde el día del desastre, se emociona en varias ocasiones al recordar los momentos previos a la catástrofe.

Confiesa que horas antes del concierto de Rubby Pérez pidió a Maribel suspenderlo.

«La doña me dijo: ‘Esto no se puede cancelar, porque esta fiesta es buena y la próxima también es una fecha importante’».

Mientras el merenguero tocaba en el escenario, las señales de peligro persistían.

Ana María rememora los instantes previos:

«Cayó un segundo fragmento, más grande, cayó una lona azul y comenzó a filtrarse agua y arena. Al verlo, pensé que esto no era normal, le dije a mi amiga que me iba ya. Me levanté, tomé mi cartera y celular y le dije: ‘Me voy’».

No pudo hacerlo. En segundos, el techo se desplomó.

El desplome

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Ana María vio que parte del techo caía al otro lado de la sala y, momentos después, la sección sobre ella: «Sentí que algo me empujaba hacia adelante, rompí la mesa con la cara y caí boca abajo al suelo».

«Empecé a sentir que algo me aplastaba. Un pedazo del techo cayó sobre mí desde la cintura hacia abajo, me dejó completamente atrapada. Esta mano (derecha) también quedó prensada por un objeto, como una varilla. La otra mano quedó libre, pero comprendí que no podía moverme», recuerda.

Tras cesar abruptamente la música, los gritos y llantos inundaron un espacio sumergido en el caos.

«Cuando el techo cayó, se escuchaban voces de personas gritando, llorando, pidiendo auxilio, llamando a sus padres y hasta maldiciendo».

Ana María Ramírez.

Bajo los escombros, Ana María encontró a su amiga Mena aún con vida.

«Nos tomamos de las manos y comenzamos a rezar. Ella repetía: ‘Me voy a morir aquí’. Tenía un golpe en la cabeza, mucha sangre en la boca y el rostro. Calmándola logré tranquilizarme», relata.

Entre los atrapados estaba Nelsy Cruz, gobernadora del municipio de Monte Cristi, quien antes de fallecer logró comunicar al presidente Luis Abinader, alertando a las autoridades.

El ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, acudió al sitio y, además de coordinar ayuda, enfrentó la dura noticia de que su hijo y nuera habían muerto en el derrumbe.

Bomberos, policías, paramédicos y voluntarios emprendieron una carrera contrarreloj en la madrugada para rescatar a los sobrevivientes.

Bomberos en el rescate.

Fuente de la imagen, EPA

Tras casi cuatro horas aferradas de la mano bajo los restos, Ana María y Mena fueron rescatadas y trasladadas en ambulancia; la tercera amiga, Pierima, venezolana de 39 años, perdió la vida.

En otro lugar, Marilin, que se encontraba fuera de Santo Domingo, recibió a media noche la llamada de su sobrino.

«Me dijo: ‘Tía, ha pasado algo terrible. Se cayó el techo del Jet Set, tu hija Lorraine estaba ahí. Llamamos a sus dos teléfonos y no contesta’.

En ese instante sentí que todo terminaba para mí, el corazón me latía sin parar, la respiración acelerada, boca seca», recuerda Marilin.

En el sitio del derrumbe, el rescate continuaba.

Las ambulancias entraban y salían, familiares gritaban nombres, y los rescatistas intentaban mover bloques de concreto mientras la esperanza de hallar más sobrevivientes menguaba.

Los hospitales de la ciudad recibieron a decenas de heridos con traumatismos variados, entre ellos Ana María y Mena, quienes fueron sometidas a varias intervenciones para salvar sus vidas.

El martes por la noche apareció el cuerpo de Lorraine, y horas después su hermano comunicó la trágica noticia a su madre.

«Mami, debo contarte. Tenemos que ir a Patología Forense para reconocer el cuerpo».

¿Por qué se desplomó el techo?

En junio de 2025, dos meses después del colapso, el Ministerio Público recibió un informe técnico preliminar que investigaba las causas del desplome.

El análisis fue elaborado por ingenieros mediante inspecciones, análisis estructurales, pruebas de laboratorio y revisión de documentos.

El reporte concluyó que la falla del techo no fue repentina, sino resultado de años de sobrecarga y modificaciones que afectaron su diseño original.

Vista aérea del Jet Set.

Fuente de la imagen, Reuters

El inmueble fue construido en 1973 como cine, con un techo sencillo cuya única función era cubrir un espacio rectangular de casi 500 metros cuadrados.

En 1994 cambió de propietarios y se transformó en una de las salas de fiestas más icónicas de la capital dominicana.

El informe detalla cómo con el paso de los años el techo acumuló peso: se instalaron equipos de aire acondicionado, depósitos de agua, casetas técnicas y otros sistemas, que sumaban hasta 17 elementos al momento del colapso.

Como la estructura se hundía en el centro, la lluvia quedaba estancada provocando filtraciones. La solución fue agregar sucesivas capas de nivelación —también llamadas «finos»— llegando a un total de 37,5 centímetros, según el informe.

«Cuando las losas ceden, le ponen una capa de fino. Pero el edificio vuelve a hundirse y el agua se acumula otra vez. Entonces añaden otra capa para drenar el agua y vuelve a hundirse. Así sucesivamente hasta siete capas», explica Andrik Soto, ingeniero estructural dominicano con 25 años de experiencia y sin relación con el caso.

El ingeniero estructural Andrik Soto, con camisa blanca y gesto serio, mira de frete a la cámara.

A este proceso se sumaron ampliaciones del local que añadieron peso sobre la cubierta.

En una ocasión, para agrandar el escenario se eliminó una de las 12 columnas estructurales, reemplazándola por un soporte metálico a aproximadamente un metro, según el informe técnico.

El ingeniero Andrik Soto utiliza una analogía particular para explicar por qué el techo colapsó repentina y completamente.

«Es como las galletas soda: cuando se rompen, tiran migas. Este techo era prefabricado y tenía muchas ‘galletitas’, que eran fragmentos que caían cada vez que una losa se rompía —como el trozo que le cayó al cliente horas antes—. No colapsaban porque los cables las sostenían, pero empezaron a quebrar en cadena, haciendo una fisura; cuando rompió el primer cable, todo cayó como fichas de dominó en segundos», señala.

El jet set derrumbado.

Fuente de la imagen, Getty Images

También se le consultó por qué cree que el derrumbe ocurrió esa noche, tras años de sobrecarga.

«Cuando las estructuras acumulan fisuras, el agua penetra y las oxida. Ese día llovía y había fiesta con vibraciones por el sonido, que actúan como un terremoto. Esas vibraciones, provenientes de las bocinas, fueron la gota que derramó el vaso», explica.

La lucha de las familias

Frente al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva en Santo Domingo, se reúnen periodistas, camarógrafos, activistas y familiares vestidos de rojo para honrar la memoria de sus seres queridos fallecidos.

Dentro, fiscales, abogados, testigos y el juez participan en sesiones de la audiencia preliminar.

La corte debe decidir la resolución más trascendente hasta ahora: si se abre juicio contra los hermanos Espaillat —lo que parece seguro— y qué cargos les serán imputados.

Maribel y Antonio Espaillat acudiendo a las audiencias protegidos por custodia policial.

Fuente de la imagen, EPA

Por ahora, la fiscalía acusa a los hermanos de homicidio involuntario, con pena máxima de dos años y partiendo de que no hubo intención de causar las 236 muertes.

Las familias y sus defensores discrepan.

Solicitan que se reconozca lo que consideran evidente: el derrumbe del Jet Set fue resultado de decisiones conscientes que pusieron en peligro vidas.

Legalmente, esto corresponde a homicidio voluntario con dolo eventual, según explica Plinio Pina, abogado de diez víctimas.

En el homicidio involuntario, señala Pina, el responsable no tiene relación directa con el hecho, que «simplemente ocurrió y estaba fuera de su control».

El letrado sostiene que la conducta atribuida a los acusados encaja mejor en la figura de homicidio voluntario por dolo eventual.

«Aquí alguien tenía responsabilidad en la seguridad y no solo falló, sino que adoptó acciones que pusieron en riesgo toda la estructura».

La diferencia radica en el conocimiento previo del peligro: «Los Espaillat recibieron alertas de la posible catástrofe, las ignoraron y siguieron adelante con la fiesta».

Aunque el dolo eventual no está en el Código Penal dominicano, la jurisprudencia lo reconoce como intención dentro del homicidio voluntario, penado con hasta 20 años.

Esta es la postura defendida por el Movimiento Justicia Jet Set, liderado por Ana María Ramírez e integrado por Marilin Vargas, que reclama una respuesta penal proporcional a la tragedia.

Los acusados alegan desconocer el mal estado del techo y que no imaginaron que pondría en riesgo a sus clientes, tal como declaró Maribel Espaillat el 1 de mayo ante el juez.

Familiares frente al Jet Set.

Fuente de la imagen, EPA

Uno de los testimonios más influyentes es el de Gregory Adames, exempleado y sobreviviente, cuyo relato reforzó la percepción del caso.

El abogado Pina cuenta que inicialmente creyó que fue un accidente, pero cambió de opinión tras escuchar a Adames.

«Al principio pensé que solo era un colapso estructural y no me interesé mucho, pero Gregory explicó el deterioro progresivo, cómo empeoró hasta que los plafones comenzaron a caer, y que sus informes fueron ignorados».

Esa información, respaldada en mensajes, audios e informes internos, sustenta la acusación de las víctimas más allá de la fiscalía.

«No fue un accidente, fue homicidio», afirma Pina.

Ahora, el juez decidirá si hay juicio y bajo qué cargos contra los Espaillat: homicidio involuntario o voluntario con dolo eventual.

El Ministerio Público dominicano no atendió a la solicitud de entrevista de BBC Mundo.

Los Espaillat

El Jet Set está ligado a un apellido de origen francés con larga presencia en la vida económica, política y mediática dominicana: Espaillat.

Una de las 32 provincias del país lleva ese nombre en honor al expresidente Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823–1878).

Desde hace un año, ese apellido está relacionado con la tragedia, con Antonio y Maribel como acusados.

Antonio posee RCC Media, que incluye cerca de 50 emisoras de radio, siendo el segundo mayor radiodifusor del país.

También controla empresas de publicidad exterior; según la investigación de Camila García Durán, compró una compañía de cartelería por US$5,6 millones tres meses después del colapso.

Maribel estaba encargada de la operación diaria del Jet Set y otros establecimientos del grupo.

BBC Mundo contactó a Miguel Valerio, abogado de ambos, cuyo equipo informó que no ofrecerían declaraciones.

Hermanos Espaillat en la audiencia

Fuente de la imagen, EPA

Antonio y Maribel han mantenido el silencio público, salvo algunas ocasiones, como una entrevista televisada dos semanas después de la tragedia en la que él brindó explicaciones.

Antonio admitió conocer problemas de filtraciones y caída de plafones, aunque negó haber aprobado reformas que comprometieran la integridad del techo, y aclaró que estaba en Las Vegas esa noche.

Maribel testificó ante el juez el 1 de mayo.

La directora operativa recordó los momentos tras el derrumbe, describiéndose como otra víctima, y dijo que nunca imaginó que el techo colapsara.

El hecho de que Maribel sobreviviera y ambos asistieran regularmente a las fiestas del Jet Set es argumento central de la defensa para sostener que ignoraban el riesgo.

Familiares criticaron que no visitaran el lugar durante los rescates.

También ha habido controversias sobre cómo manejaron las consecuencias laborales y legales.

La periodista García Durán recogió testimonios de empleados sobrevivientes —7 murieron en el colapso— que fueron convocados a las oficinas de RCC Media en días sucesivos al desastre.

En sus cartas de despido figuraba un acuerdo de confidencialidad para no divulgar información, que, según Adames, todos firmaron sin entenderlo, excepto él.

Adames se ha vuelto pieza clave por denunciar irregularidades y aportar indicios de conocimiento previo del mal estado del techo.

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Simultáneamente, la defensa de los Espaillat ha promovido acuerdos económicos con familiares.

«Algunos han aceptado sumas mínimas como 20.000 pesos (US$335). El monto más alto conocido son unos 5 millones (US$84.000). Hay ofertas desde 100.000 pesos (US$1.680) hasta un millón (US$16.800)», dice García Durán.

La periodista también denuncia maniobras dudosas.

«Sé que abogados de los Espaillat ofrecen bonos a los abogados de las víctimas para que persuadan a sus clientes de aceptar aproximadamente 700.000 pesos (US$11.750)».

Esto ha dividido a las familias: mientras algunas aceptan compensaciones y retiran demandas, otras buscan agotar vías legales para que los responsables enfrenten consecuencias penales.

Las imágenes de la tragedia

Días después del colapso, comenzaron a difundirse videos grabados con móviles durante el suceso.

Eran fragmentos poco claros en medio del caos, insuficientes para comprender el acontecimiento, aunque aportaban indicios.

Hasta que se obtuvieron imágenes clave: grabaciones de las 16 cámaras de seguridad del local, que registran desde horas antes hasta minutos después del derrumbe.

García Durán las consiguió luego de meses de investigación y múltiples solicitudes a autoridades, no conformándose con el material parcial entregado a abogados.

«Hace como dos meses recibí dos discos duros y lo primero que vi fue una carpeta llamada ‘cortes de video’, con cerca de 30 archivos mp4 de todas las cámaras», afirma.

Algunas imágenes muestran la actividad en Jet Set antes de la tragedia: empleados y clientes miran y señalan al techo, conscientes de que algo no estaba bien.

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En uno de ellos Gregory Adames conversa con Maribel Espaillat en el almacén.

Según el testimonio del exempleado, intentaba persuadirla de cancelar el concierto tras caer fragmentos sobre un cliente.

Luego las cámaras captan cómo el techo cae al unísono, sepultando artistas, espectadores y empleados.

Minutos después, las cámaras laterales muestran a personas heridas y desorientadas, algunos ayudando a otros, como Maribel, que sale aturdida, asistida por dos personas.

Durante días, la periodista dudó si debería publicar esas imágenes.

«Consulté a las familias y la mayoría, contra lo que pensé, pedían que las difundiera. Dijeron: ‘Aunque sean nuestros hijos o hermanos sufriendo, si puede generar un cambio para que esto no quede impune, publícalas'», recuerda García Durán.

«Al día siguiente las saqué (ocultando partes duras) y se viralizaron en medios, porque nadie sabía que existían».

Además de las grabaciones oficiales, también iluminan lo ocurrido videos realizados por Gregory Adames con su celular horas y días previos al desplome.

Adames había compartido varias grabaciones por WhatsApp a los Espaillat para alertar sobre el estado del techo.

El dolor de una nación

El derrumbe en Jet Set sumió a República Dominicana en un estado de conmoción.

«Nunca había sentido a mi país tan en silencio y lleno de dolor. Somos un pueblo alegre y por meses se veía tristeza en los rostros», expresa García Durán.

La tragedia trascendió ámbitos judiciales y mediáticos, convirtiéndose en eje de debates, crónicas y literatura, como el libro reciente «Jet Set: La fiesta mortal» del periodista Diógenes Pina, que reconstruye esa noche con testimonios familiares y sobrevivientes.

Ana María Ramírez recuerda a diario a sus dos amigas: Mena, que sobrevivió con ella, y Pierima, que falleció.

Mena (que cumplía años), Pierima (que falleció) y Ana María en el Jet Set minutos antes del colapso.

Fuente de la imagen, Ana María Ramírez

«Ese ha sido para mí el dolor más profundo. Que muriera tan joven, con 39 años».

«Era una mujer bella, alegre y carismática. El sostén de su familia. Había traído a su hijo de Venezuela para estudiar arquitectura aquí y ahora él tuvo que regresar».

Un total de 174 niños y adolescentes quedaron huérfanos, de los cuales 34 perdieron a ambos padres.

Marilin Vargas, por su parte, visita casi a diario en su teléfono las cuentas de Instagram y TikTok de su hija, donde permanecen los recuerdos públicos de sus últimos años llenos de vida.

«Lorraine era muy sonriente, feliz, le encantaba celebrar cumpleaños y salir. Soltera, tenía la libertad de compartir con sus amigos. Era un alma libre».

Frente a la sala de audiencias del Palacio de Justicia, explica por qué deja de lado su negocio para asistir a cada sesión del caso.

«No recuperaremos a nuestros seres queridos, pero nos reconforta saber que los responsables pagarán».

Valla publicitaria que anuncia el concierto de Rubby Pérez el 7 de abril de 2025.

Familiares, periodistas y ciudadanos coinciden en que la justicia no trata igual a todos; el poder económico y la influencia ofrecen privilegios a las familias acomodadas.

Este es el caso más importante en décadas en República Dominicana y pondrá a prueba esas afirmaciones.

A unos 15 minutos del Malecón capitalino, el edificio negro de Jet Set conserva la entrada y tres muros intactos.

La parte descubierta muestra a obreros y maquinaria retirando escombros, para elaborar un peritaje alternativo solicitado por los abogados de los Espaillat de cara al juicio.

El perímetro está cercado y un mural en memoria de las víctimas decora el corredor que daba entrada a la discoteca más popular de la ciudad.

El enorme cartel del concierto de Rubby Pérez, fechado el 7 de abril de 2025, domina el lugar, como congelado en el tiempo.

Como si aquel evento hubiera marcado para siempre las vidas de cientos de familias y de los más de 11 millones de dominicanos que jamás olvidarán esa fecha.

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