Las claves
España atraviesa este verano una oleada inédita de incendios forestales, con más de 153.000 hectáreas consumidas por las llamas, cifra que multiplica por seis la del año anterior en estas mismas fechas.
Las zonas más afectadas se encuentran en Ávila, que ha perdido 55.000 hectáreas, la Comunidad de Madrid con 25.000 hectáreas y Castellón, donde el fuego ha provocado la evacuación de 16.000 personas.
La llegada inminente de una nueva ola de calor complicará aún más la situación, dificultando las tareas de extinción y aumentando el riesgo de nuevos focos.
Los especialistas y bomberos alertan sobre la falta de gestión forestal y el efecto del cambio climático, subrayando que el principal objetivo es proteger vidas y comunidades frente a la magnitud de los incendios.
El infierno forestal que arrasa España este verano alcanza cifras históricas, con más de 153.000 hectáreas quemadas, seis veces superior a las registradas el año pasado en este periodo.
La destrucción se concentra de forma alarmante en el centro y este de la Península.
Ávila contabiliza 55.000 hectáreas devastadas en el incendio más grave de su historia reciente; la Comunidad de Madrid pierde 25.000 hectáreas; mientras que en Toledo se suman 2.000 hectáreas afectadas en el foco de Almorox, que ya está bajo control.
Al mismo tiempo, en Vall d’Uixó (Castellón), el incendio consume más de 6.500 hectáreas a lo largo de un perímetro de 48 kilómetros que amenaza la Sierra de Espadán, con 16.000 personas evacuadas y cerca de 65.000 confinadas.
En total, los incendios afectan ya a 65 municipios y han impactado a más de 170.000 personas en toda España.
«Es el incendio más grande en nuestra historia, no solo por el área afectada, que objetivamente es mayor, sino por el impacto urbano forestal que ha provocado el desplazamiento de tantas personas«.
Así lo afirma Javier Villanueva, bombero forestal de la Comunidad de Madrid, quien advierte con contundencia que «hoy y mañana no será posible apagar el incendio» debido a la extensión de las zonas afectadas.
«No se puede lograr una completa liquidación del fuego y están apareciendo reactivaciones en áreas ya controladas.
A pesar de ello, las autoridades insisten en que lunes y martes representan una oportunidad clave, las «48 horas decisivas» antes de que las condiciones meteorológicas se compliquen aún más.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto con el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, han subrayado que estas horas son críticas para estabilizar los perímetros.
Desde el miércoles, las condiciones meteorológicas serán mucho más adversas debido a la proximidad de la cuarta ola de calor de este verano.
«Las circunstancias empeorarán considerablemente. Complicarán mucho más las tareas de extinción. No es que hoy las condiciones sean buenas, pero si no se avanza antes del miércoles… podríamos regresar a una situación similar a la del viernes pasado«, explica Villanueva.
Un cóctel letal
La elevada virulencia de los incendios este año no es fruto del azar.
Villanueva detalla que las fuertes lluvias en enero propiciaron un incremento notable del combustible fino (pasto y matorral). La falta de precipitaciones posteriores y el temprano arranque de temperaturas de 30 grados desde mayo causaron que esa vegetación se secara rápidamente.

Este combustible fino y seco actúa como un conducto para la rápida propagación del fuego, que eleva las llamas hasta las copas de los árboles, en un entorno donde la vegetación gruesa también ha perdido gran parte de su humedad debido al calor acumulado del verano.
Este «cóctel letal«, como lo describe, se verá potenciado el miércoles por una configuración atmosférica alarmante.
La Aemet advierte sobre un patrón de bloqueo tipo «Rex» –con bajas presiones en el Mar del Norte y altas presiones en el Mediterráneo occidental– que canalizará una masa de aire extremadamente cálido, estable y seco.
Rubén del Campo, portavoz de la Aemet, alerta que esta cuarta ola de calor elevará el riesgo de incendios a niveles extremos en toda la nación.
Este panorama complicará mucho más las tareas de extinción, que ya avanzan lentamente.
Las temperaturas se mantendrán muy altas el jueves, viernes (con máximas que en el interior sur rozarán los 42 °C) y durante el fin de semana.
Agotamiento en la línea de fuego
Actualmente, unos 3.000 efectivos y cerca de 1.000 medios materiales trabajan incansablemente contra el fuego. No obstante, los recursos humanos están sobrepasados.
«El calor nos afecta, pero es nuestro trabajo y estamos acostumbrados,» señala José Pedro Hernández, bombero de la Brigada de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF).
Reconoce que frente a incendios de esta magnitud, el objetivo ya no es extinguir todo el terreno.

«Solo queda proteger las localidades; no podemos cubrir todo, es imposible. Solo podemos defendernos, proteger las poblaciones y establecer líneas de control en carreteras y caminos».
Hernández y Villanueva coinciden en que esta crisis pone de manifiesto graves deficiencias estructurales en el modelo de gestión forestal. Hernández critica que la fragmentación de competencias debilita la respuesta a nivel nacional.
«Seguiremos solicitando apoyo a Europa mientras muchos recursos permanecen inmovilizados en las comunidades». Añade: «La ola de calor volverá a provocar grandes incendios forestales (GIF) en cualquier lugar de España«.
Por otro lado, Villanueva resalta que algunas comunidades autónomas cuentan con plantillas reducidas y terminan «recurriendo a voluntarios locales«, lo que compromete seriamente la seguridad de personas sin preparación.
Ambos coinciden en que limpiar el monte por completo es inviable y que la raíz del problema es el abandono socioeconómico del medio rural junto con el incumplimiento reiterado de la Ley de Montes por parte de propietarios privados.
A lo anterior se suma que las normativas ambientales dificultan la limpieza del territorio en un 31% de la superficie española, pues se trata de zonas protegidas que requieren autorizaciones específicas para desbrozar o retirar material vegetal.
Asimismo, «el cambio climático amplifica la agresividad de los incendios«, no directamente porque los origine –que muchas veces es producto de la actividad humana– sino porque «provoca que las olas de calor sean más prolongadas».
Por ello, Villanueva insiste en la necesidad de «mayor prevención y mejor gestión forestal«.
Frente a la expansión de la ola de calor, la prioridad fundamental para Protección Civil, bomberos, militares y voluntarios es la protección de vidas humanas.
Las autoridades insisten en la importancia de que la población cumpla estrictamente las órdenes de evacuación y adopte una «cultura de autoprotección».
Esto implica evitar conductas riesgosas en el monte, seguir siempre las indicaciones oficiales y eliminar la vegetación altamente inflamable en las urbanizaciones.

