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- Autor, Soutik Biswas
- Título del autor, Corresponsal de la BBC, India
- Fecha de publicación 24 julio 2026Actualizado 25 julio 2026
- Tiempo de lectura: 9 min
Todo comenzó con el miedo compartido por millones de jóvenes indios: si los exámenes que determinan su futuro no pueden ser confiables, ¿en qué se puede confiar?
Semanas después, el lunes, decenas de miles de jóvenes, hombres y mujeres, intentaron avanzar hacia el Parlamento de India. La policía respondió utilizando gas lacrimógeno y golpes de bastón.
El Partido Popular Cucaracha (CJP, por sus siglas en inglés), un movimiento juvenil nacido de la indignación causada por las repetidas filtraciones en los exámenes universitarios, se ha convertido rápidamente en la mayor movilización estudiantil en India en años recientes.
Exigen reformas en el sistema educativo y la renuncia del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, que tuvo lugar este sábado. En el centro de esta protesta está el activista Sonam Wangchuk, quien asegura haber perdido 11 kilos tras una huelga de hambre de 26 días en apoyo al movimiento. El jueves por la noche rompió su ayuno, pero los líderes estudiantiles aseguran que las manifestaciones continuarán hasta que se atiendan sus demandas.
La interrogante principal es si esto se limita a ser otra protesta estudiantil o si es el comienzo de algo mayor.
La historia ofrece motivos tanto para ser cautelosos como para albergar esperanzas.
En distintas épocas, los movimientos estudiantiles han transformado la política india. La campaña de reformas Nav Nirman en Gujarat impulsó el movimiento liderado por el socialista Jayaprakash Narayan contra la primera ministra Indira Gandhi a finales de los años 70. Otros movimientos estallaron con fuerza pero luego se desvanecieron.
Un movimiento que supera las barreras de casta, clase y género

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Lo que distingue al CJP no es solo su magnitud, sino también la naturaleza y el alcance de sus demandas.
A diferencia de muchas de las grandes protestas contra el gobierno del primer ministro Narendra Modi durante la última década —ya sean por la nacionalidad, leyes agrarias u otras políticas polémicas— este movimiento no gira en torno a una ideología específica ni está vinculado a los intereses de una comunidad o grupo social particular.
En cambio, cuestiona si el Estado aún puede garantizar la imparcialidad en el sistema de exámenes que millones de jóvenes indios consideran como su principal camino para la movilidad social.
«El examen y el sistema educativo representan una vía que en gran medida supera las barreras de casta, clase y género», dijo a la BBC Yamini Aiyar, investigadora senior invitada en la Universidad Brown, EE.UU. «El núcleo originario de estas protestas no responde a un solo grupo de interés».

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Esta diversidad es también lo que diferencia políticamente al movimiento.
«Este movimiento pone el foco en las deficiencias administrativas», señaló a la BBC Rahyl Verma, analista del Centro de Investigación Política de Delhi. «La incapacidad estatal para garantizar exámenes justos y evitar filtraciones representa un desafío político distinto para el BJP (partido gobernante)».
Esta diferencia, sostiene, modifica la política. En contraste con protestas previas basadas en ideología o política, esta cuestiona la capacidad del BJP para gobernar. «Tendrán que ajustar su estrategia», advierte Verma.
Agrega que muchos de quienes protestan no son opositores naturales del BJP.
Son «jóvenes indios con aspiraciones, junto con sus padres, que consideran estos exámenes como la ruta hacia la movilidad social». Debido a que sus demandas giran en torno a la gobernabilidad y no a la ideología, argumenta, el BJP no puede convocar fácilmente a sus bases ni emplear las narrativas políticas contrarias que le ayudaron a enfrentar movimientos de protesta anteriores.

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De las redes digitales a las protestas callejeras
Las manifestaciones del 20 de julio parecen reforzar esta interpretación.
Durante las dos semanas anteriores, las comparaciones con el movimiento anticorrupción de 2011 se centraban principalmente en el alcance digital del CJP, mientras que los escépticos dudaban de que el impulso en línea pudiera traducirse en movilización callejera. La participación registrada ese lunes sugiere que sí pudo.
Joyojit Pal, profesor en la Universidad de Michigan especializado en tecnología y sociedad, afirma que las redes sociales se han convertido «en un polvorín listo para estallar con la siguiente chispa», debido a la velocidad y alcance alimentados por la emoción.
La frustración acumulada, basada en la percepción de que el gobierno elude su responsabilidad, creó el terreno para esta «implosión», dijo Pal a la BBC, subrayando que la arquitectura de las redes sociales «favorece este tipo de explosiones».
La duda que queda es si este auge digital ha tomado forma de algo más persistente.
«Creo que la concentración del lunes indica que este movimiento pudo haber superado el punto crítico», sostiene Verma. De aquí en adelante, la evolución dependerá en gran medida de la respuesta del gobierno.
Para Aiyar, la protesta del 20 de julio mostró algo igualmente significativo. Si bien sindicatos estudiantiles, grupos de izquierda y organizaciones como el Ejército Bhim, un grupo defensor de derechos de los dalit (parias o intocables), estaban presentes, fueron «superados numéricamente por un flujo espontáneo de estudiantes de todo el país».
«Eso es algo sin precedentes en cualquier protesta relevante en la historia reciente de India», asegura la investigadora.

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De igual forma, Aiyar considera que el movimiento ha superado la organización inicial que lo creó y la huelga de hambre de Wangchuk.
«El factor detonante pudo haber sido el CJP», comentó, «pero se transformó en algo más grande que ellos».
Los estudiantes se movilizaron no solo por la respuesta oficial a las protestas, sino también porque buscaban «un espacio y lugar para manifestar la profunda frustración» acumulada durante tiempo. «Los memes, carteles y consignas reflejaban demandas que iban más allá de las filtraciones en los exámenes».
Al principio, la respuesta estuvo en manos de ministros y portavoces del partido; sin embargo, el miércoles, la cúpula del BJP intervino. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, acusó a la oposición de instrumentalizar a los estudiantes como «una herramienta política» y reiteró el compromiso del gobierno para dialogar sobre sus inquietudes en el Parlamento.
Por primera vez, el primer ministro Modi abordó el asunto públicamente el jueves.
«Nada es más importante que el bienestar y el futuro de la juventud», escribió en X, anunciando tribunales de procesamiento rápido para asegurar «castigos rápidos y estrictos» contra responsables de las filtraciones. «No habrá clemencia para quienes pongan en riesgo el futuro de nuestros jóvenes».
Aún es incierto si estas afirmaciones bastarán para frenar las manifestaciones.
Preocupaciones profundas

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Aiyar considera que el movimiento ha capitalizado las preocupaciones más amplias respecto a la desaceleración económica, la falta de empleos y una creciente sensación de que el futuro ofrece menos oportunidades.
«Existe una insatisfacción económica y angustia profundas, que se traducen en una pérdida de esperanza en el futuro», explica Aiyar. «Esto podría reflejar un desgaste creciente hacia un gobierno que lleva mucho tiempo en el poder. Su incapacidad para cumplir promesas clave ha llegado a un punto crítico».
Para esta analista, las protestas abordan mucho más que un solo fracaso político.
«El mensaje de los manifestantes es claro: están agotados. Requieren un nuevo tipo de política, una nueva forma política basada en ideas y centrada en la gobernabilidad y cumplimiento».
Sin embargo, otro interrogante es si esa frustración podrá sostenerse como un movimiento político duradero.
El politólogo Suhas Palshikar estima que el movimiento Cucaracha podría ser una válvula de escape para la indignación pública antes de perder fuerza paulatinamente, como ocurrió con las protestas de los agricultores.
«¿A dónde llegará el movimiento Cucaracha? Tal vez a ninguna parte. Permitirá liberar la frustración y luego se desvanecerá», escribió en X.
También advierte sobre idealizar este movimiento como una rebelión de la Generación Z.
«Sería un error imaginarlo como un movimiento juvenil o de la Generación Z; esos son mitos convenientes para comentaristas». El «carácter ideológico y político» del movimiento «es aún fluido», argumenta, con diversas fuerzas políticas intentando influir en él.
Lo que, sin duda, han demostrado los manifestantes es su disposición a enfrentar al Estado.
«La juventud ha evidenciado su angustia y rechazo. Ha recibido la mayor parte de la brutalidad policial en este gobierno democrático. Además, ha mostrado que solo con movilización en las calles el régimen escucha y dialoga».
La posibilidad de que esta energía perdure, considera, dependerá de diversos factores, incluyendo la represión estatal, cortes informativos, dificultades al liderazgo y complejidades para construir una coalición social amplia.
El economista Surajit Mazumdar, de la Universidad Jawaharlal Nehru en Delhi, también considera que el movimiento apunta a algo mucho más amplio que las filtraciones en los exámenes.

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«Las manifestaciones actuales y la respuesta espontánea que han generado son un indicio del amplio descontento de la juventud y estudiantes frente a la situación del país y del sistema educativo, que van más allá del problema puntual de las filtraciones», manifestó a la BBC.
En comparación con movilizaciones estudiantiles previas, este movimiento parece ser «más extenso y numeroso», señala.
Mazumdar también descarta que las protestas carezcan de ideología. Al igual que el anterior movimiento de agricultores, «demuestran que el espíritu democrático sigue vivo en la sociedad india», afirma.
Para Aiyar, esta corriente democrática ya está influyendo en la política.
«La ciudadanía busca rendición de cuentas y gobernabilidad en ámbitos donde no existen elecciones», destaca Aiyar. «La separación entre legitimidad electoral y responsabilidad democrática fuera del espacio electoral es un fenómeno político nuevo en India».
Solo el tiempo dirá si esto definirá el legado de las protestas del Partido Popular Cucaracha o si se convertirá en un episodio transitorio de indignación pública.

