Tadej Pogacar logra una histórica victoria en Alpe d’Huez, consiguiendo su quinta etapa y consolidando su liderazgo en el Tour

Pogacar celebra la victoria en Alpe d'Huez. Un ataque indiscutible del esloveno a falta de 12 kilómetros para la llegada le otorgó la victoria en la cima legendaria, donde Juan Ayuso perdió todas las opciones de podio.

Alpe d’Huez esperaba a Tadej Pogacar con la montaña engalanada y un Tour sacudido por incertidumbres. En los días previos, un virus había afectado al UAE como un viento frío: McNulty se retiró, Wellens llegó debilitado, Adam Yates sufrió dos jornadas complicadas y Vermeersch perdió fuerza.

Por primera vez en mucho tiempo, el equipo del maillot amarillo mostró señales de vulnerabilidad. Sus adversarios percibieron una oportunidad. La montaña también. Sin embargo, Pogacar llegó a las 21 curvas, ajustó sus zapatillas, levantó la mirada y transformó cada duda en un motivo más para atacar.

La etapa comenzó a gran velocidad desde Gap. Cuarenta y dos corredores lograron abrir distancia, formando una escapada numerosa con nombres capaces de convertir cualquier día en una batalla: Carapaz, Kuss, Lenny Martínez, Arensman, Romo, Rubio, Castrillo, Healy y Yates buscaban su momento en un recorrido sin descansos.

Mientras Paret-Peintre y Carapaz peleaban por el maillot de la montaña, Mads Pedersen seguía sumando puntos en la clasificación por el verde. Por detrás, el UAE mantenía el control con menos efectivos de lo habitual y más incógnitas que certezas.

El Col du Noyer comenzó a romper la carrera y el Col d’Ornon terminó de definirla. Pablo Castrillo intensificó el ritmo del pelotón escapado hasta vaciarse completamente. Carapaz coronó en cabeza, dejando el maillot de lunares prácticamente al alcance.

El ecuatoriano comprendió que solo resistir no era suficiente; debía forzar a los demás a responder. Su forma de correr nunca ha sido especulativa. Ataca con la persistencia de quien golpea una puerta cerrada repetidamente, seguro de que alguien cederá antes o después.

El momento decisivo

Al pie de Alpe d’Huez, los escapados aún tenían 3:25 de ventaja. Para la mayoría, sería un margen suficiente. No para Pogacar. La ascensión se convirtió en un túnel humano, un pasillo estrecho rodeado de banderas, gritos, bidones de agua y miles de brazos.

Por momentos, el público invadió tanto la carretera que obligó a los ciclistas a abrirse paso entre una celebración que bordeaba el caos. Allí empezó la sentencia.

A once kilómetros de meta, Pogacar lanzó su ofensiva. Sin tanteos, sin avisos, sin concesiones. Se levantó sobre la bicicleta y dejó atrás al grupo de favoritos con una facilidad impresionante, como si hubiera cambiado de marcha mientras los demás seguían en otra carrera.

Desde ese momento inició una contrarreloj en subida contra la escapada, contra el récord de Marco Pantani y contra la enfermedad que había debilitado a su equipo.

Adam Yates, recuperado tras dos días difíciles, esperó para ofrecer un relevo breve. Fue un gesto modesto dentro de una actuación magnífica.

Luego, Pogacar quedó nuevamente solo. A nueve kilómetros aún cedía 2:27 respecto a la cabeza; a 6.5 kilómetros la distancia ya era de 1:11; medio kilómetro más tarde solo quedaban 52 segundos. La montaña parecía hacerse más pequeña bajo sus ruedas.

Delante, Carapaz se negó a rendirse. Atacó a Kuss y a Lenny Martínez, apretó los dientes y siguió creyendo. Cada vez que miraba atrás, el maillot amarillo se acercaba más.

A 2.8 kilómetros de la meta lanzó otro demarraje y abrió ocho segundos, un acto final de rebeldía, casi una declaración de intenciones: si Pogacar quería la victoria, tendría que arrebatársela.

Pero el final estaba dibujado. Pogacar alcanzó primero a Lenny Martínez y posteriormente a Carapaz en el descanso. Los superó con una aceleración, los mantuvo al límite y esperó hasta el último kilómetro.

Bajo la pancarta roja volvió a cambiar el ritmo. Carapaz resistió unos segundos más, aferrado a la carrera con la determinación de quien nunca cede una victoria sin luchar, hasta que el esloveno abrió la brecha definitiva.

El mejor Evenepoel del Tour

En el pelotón, Remco Evenepoel trató de defenderse con un ataque frenado por una motocicleta, mientras Isaac del Toro superaba a Seixas para perseguir al belga y consolidar su lugar en el podio.

Por su parte, Ayuso empezó a perder terreno desde las primeras rampas. Eran pequeñas batallas dentro de una etapa inmensa, eclipsadas por un corredor que ascendía como si la gravedad hubiera desaparecido.

Pogacar cruzó la línea de llegada en solitario, firmando su quinta victoria en este Tour y completando el doblete en Alpe d’Huez. Además, batió el récord de ascenso de Marco Pantani, mejorando su tiempo en 1 minuto y 27 segundos.

En la montaña de los mitos no solo ganó: volvió a redefinir los límites de lo posible.

La victoria tuvo también un simbolismo especial. Fue una respuesta a las enfermedades, a las dudas y a quienes creyeron que el líder podía flaquear. El UAE llegó a Alpe d’Huez con debilidad, pero Pogacar actuó como el impulso que requería su equipo.

Cuando todo volvió a la normalidad, la montaña confirmó que el maillot amarillo seguía funcionando a un ritmo inalcanzable para el resto.

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