Alemania considera abrir tiendas los domingos por presión económica, enfrentando la oposición de la Iglesia pese a las creencias religiosas.

El canciller Merz propone una reforma para estimular el consumo interno, pero enfrenta resistencia de sindicatos, iglesias y sus aliados en los estados federados

Vista horizontal de una perfumería con persiana metálica bajada y un cartel rojo que dice "CERRADO" en un centro comercial, con figuras borrosas de personas pasando.

Desde 2019, la economía alemana permanece estancada y ha sufrido el impacto de los aranceles estadounidenses y la competencia china, lo que llevó al canciller Friedrich Merz a plantear la revisión de una tradición profundamente establecida en el país: el Sonntagsruhe, el descanso dominical que desde hace más de cien años mantiene las tiendas cerradas los domingos. La sola idea de modificarlo ha generado un enfrentamiento entre el comercio minorista, que demanda cambios con urgencia, y una coalición que agrupa iglesias, sindicatos y políticos que defienden el domingo libre como un derecho social fundamental.

El artículo 140 de la Ley Fundamental alemana de 1949, que equivale a la Constitución y tiene sus raíces en la República de Weimar de 1919, determina que los domingos y días festivos son “días de descanso laboral y de elevación espiritual”. Esto implica que los comercios minoristas no pueden abrir en esos días. Solo se permiten ciertas excepciones para cafeterías, restaurantes, estaciones de servicio y la venta de productos básicos: pan, bebidas, snacks, cigarrillos y alcohol. Fuera de estas excepciones, las calles comerciales alemanas se transforman, según relata la Frankfurter Rundschau, en auténticos pueblos fantasmas semanalmente.

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El Ejecutivo de Merz ha dado un primer paso anunciando que desde enero de 2027, las panaderías y pastelerías podrán abrir hasta ocho horas los domingos, en comparación con las tres permitidas actualmente, y que las bibliotecas públicas extenderán su horario hasta seis horas. Esta iniciativa es parte de un amplio paquete de reformas que también incluye modificaciones fiscales, medidas para controlar el absentismo laboral y una revisión de la jornada laboral. No obstante, el sector minorista solicita una flexibilización mucho mayor.

Los estados federados tienen poder para impedir la aplicación de la reforma

La oposición a esta propuesta es amplia y proviene de distintos sectores sociales. Entre ellos, la Iglesia Evangélica de Alemania ha destacado a través de un portavoz que el domingo libre es valioso porque “ofrece tiempo para la familia, amistades, voluntariado y descanso, independientemente de la creencia en Dios”. Por su parte, la Asociación Católica de Trabajadores de Alemania lo califica como “un tiempo para la recuperación y el bienestar mental”. El sindicato Verdi es más contundente, señalando que “el domingo es y continuará siendo un logro social que defenderemos, incluso ante el Tribunal Constitucional Federal si es necesario”, advirtió Silke Zimmer, miembro del comité ejecutivo federal del sindicato. Además, el sindicato Gewerkschaft Nahrung-Genuss-Gaststätten (NGG) alerta que trabajar domingos puede hacer que el sector sea menos atractivo para captar trabajadores.

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El canciller alemán, Friedrich Merz. (REUTERS/Christian Mang)

El ámbito político interno también dificulta la reforma. Markus Söder, ministro-presidente de Baviera y compañero de Merz en la CDU, fue claro la semana pasada al afirmar que, en su estado federado, “el descanso dominical no sufrirá cambios”. Esta posición destaca un obstáculo clave: la regulación de los horarios comerciales corresponde a los Länder y no al Gobierno federal, lo que limita la expansión de cualquier reforma promovida desde Berlín. En 2009, el Tribunal Supremo ya emitió un fallo parcial a favor de las iglesias cuando Berlín intentó abrir comercios durante 10 domingos al año.

Sin embargo, las encuestas muestran una sociedad dividida. Dos estudios realizados este mes por INSA y YouGov registran un apoyo cercano al 50% por el cierre dominical. Un sondeo de Civey para el portal Web.de indica que el 58% de los alemanes prefiere que sean los propios comerciantes quienes decidan abrir o no. La aceptación de la apertura es especialmente alta entre jóvenes de 18 a 29 años, con un 61%, y en el Este del país, donde alcanza el 66%.

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Los grandes comerciantes respaldan la reforma

Por otro lado, el respaldo político a la propuesta viene del Partido Democrático Libre (FDP). Su líder, Wolfgang Kubicki, califica la iniciativa como “necesaria” y advierte en declaraciones al diario Spiegel que “quien quiera mantener los comercios cerrados por decreto no debería sorprenderse luego por el declive de los centros urbanos”. Asimismo, Christian von Stetten, presidente del Comité de Economía del Bundestag y miembro de la CDU, apoyó una ampliación de las actuales restricciones.

“Alemania requiere reformas para dinamizar su economía. Es imprescindible revisar todos los aspectos. Además, pedimos que no se ignore nuestro lastre”, señaló Timo Weber, director de la cadena de grandes almacenes KaDeWe, según la Frankfurter Rundschau. Por su parte, Nils Busch-Petersen, representante de la Asociación de Comerciantes de Berlín-Brandeburgo, apuntó a la aparente paradoja que implica la prohibición en plena era del comercio digital: “A lo largo de la frontera polaca trabajan miles de empleados todos los domingos para sostener la ilusión alemana del domingo libre”, declaró al The Telegraph. El sector también cuestiona la razón de una normativa que autoriza el trabajo dominical a médicos, pilotos, taxistas, periodistas, policías y masajistas, pero lo niega a los dependientes de tiendas.

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