
Fuente de la imagen, Cortesía de Lorena Laya
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- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 17 julio 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
Lorena Laya se trasladó a La Guaira en busca de su padre, su madrastra y sus hermanos, tras los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio pasado.
Este cambio de residencia sintetiza la rutina que ha llevado a cabo durante las últimas tres semanas: estar atenta junto a la excavadora oruga que remueve escombros durante el día y pernoctar en la casa de su abuelo paterno.
Sólo regresa a su vivienda en Caracas cuando necesita ropa limpia.
«Desde que la máquina arranca hasta que se detiene, estamos aquí», comenta la joven de 24 años desde un lugar donde su teléfono recupera señal, apartado del ruido de los equipos y bajo la sombra de un árbol que atenúa el calor del sol caribeño.
«Mientras la máquina trabaja no me aparto de ella. En dos ocasiones ha ocurrido que, si no estamos pendientes, podría arrastrar cuerpos», relata Lorena cerca de una carpa que algunos vecinos instalaron tras haber hallado a familiares bajo las ruinas.
Esa carpa le sirve como refugio cuando ya no tiene fuerzas para seguir vigilando las máquinas. Allí comparte con los familiares de otros desaparecidos la esperanza de encontrar a alguien más con vida.
«Si sobreviví, fue para poder encontrarlos. Estoy poniendo todo de mi parte para lograrlo».

Supervivientes de otra catástrofe
Hace 27 años, en diciembre de 1999, la vivienda de la familia paterna de Lorena permaneció intacta cuando un alud de barro, piedras y árboles bajó violentamente por las laderas tras varios días de lluvia en el deslave de Vargas, nombre que tenía en ese momento el estado de La Guaira.
Sin embargo, el hogar de su madrastra, Nohelia Iriarte, no corrió la misma suerte. Quedó enterrado bajo el barro en Carmen de Uria, una de las localidades que desaparecieron en esa tragedia.
El deslave de Vargas provocó la muerte de entre 10.000 y 30.000 personas, y cerca de 100.000 perdieron sus viviendas.
Los Iriarte permanecieron en refugios por varios años, hasta que el gobierno del expresidente Hugo Chávez les entregó apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, un programa de construcción de viviendas sociales destinado principalmente a reubicar a los damnificados de Vargas.
Nohelia Iriarte recibió un apartamento en el edificio 27 del complejo de viviendas OPP, siglas de Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, organismo encargado de construir los edificios en el sector Caribe de la parroquia Caraballeda, zona afectada por los terremotos.
Nohelia Iriarte (45) residía en el tercer piso del OPP 27 junto a su esposo Henry Laya (55) y sus hijos Diego (14) y Giannys (6).
La hermana de Iriarte, que también perdió su hogar en Carmen de Uria, vivía en el piso 11 del mismo edificio y logró sobrevivir a los sismos.
El derrumbe de más de 100 edificios construidos bajo la Misión Vivienda en La Guaira generó críticas hacia el gobierno venezolano y cuestionamientos sobre la calidad de los materiales empleados en estas edificaciones.

Fuente de la imagen, Cortesía de Lorena Laya
La esperanza que traen los tambores
La última vez que Lorena tuvo contacto con su madrastra, esta le comentó que tenían planeado acudir al pueblo de Naiguatá, ubicado a unos 13 kilómetros de Caraballeda, para disfrutar de los tambores de San Juan, una celebración tradicional que se realiza cada 24 de junio en honor a San Juan Bautista.
Ese día fue miércoles y festivo. También se recordaba la Batalla de Carabobo, la victoria decisiva que aseguró la independencia de Venezuela frente a España. A las 18:05 hora local, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano.
«Al principio no tenía claro si estaban en casa porque me dijeron que querían ir a los tambores de Naiguatá», relata Lorena. «Pero cuando llegué y vi que el edificio había colapsado, sentí que el corazón se me encogía y la garganta se me apretaba».

Fuente de la imagen, Cortesía de Lorena Laya
«Como si no importaran»
Al llegar a La Guaira, Lorena comenzó a recorrer hospitales y morgues con el fin de localizar a sus familiares. “Los buscaba tanto vivos como fallecidos”, recuerda.
El sábado 27 de junio, tres días después de los sismos, acudió al Hospital José María Vargas de La Guaira para revisar si estaba alguno de ellos entre los cuerpos que permanecían sin resguardo en el estacionamiento.
“Le pregunté a un militar si podía entrar para revisar si había algún familiar”, dice Lorena. “Con indiferencia me dio permiso, me entregó unos guantes y me urgió a que me apurara porque en 20 minutos los trasladarían”.
Por primera vez en su vida, vio cuerpos apilados. La mayoría estaban sólo cubiertos con sábanas o toallas que habían usado sobrevivientes o rescatistas para extraerlos de los escombros.
“Me impactó ver los charcos de sangre. Los amontonaban allí, como si no tuvieran historia, familia o valor alguno”, afirma.
Tras visitar otras morgues, se convenció de que sus parientes permanecían bajo los escombros, por lo que comenzó a cavar en las ruinas de la OPP 27 con sus propias manos.
“Buscar por mis propios medios fue muy diferente a lo que imaginaba. Es extremadamente duro; a veces encuentras sólo un pie o un fragmento de vértebra”.

Fuente de la imagen, Cortesía de Lorena Laya
«Siempre será mi Negrita»
Con el paso de los días, la labor manual empezó a agotarla y Lorena comenzó a preocuparse por la carencia de maquinaria para remover las losas de concreto más pesadas.
A tres semanas del desastre, persisten en redes sociales videos donde sobrevivientes y rescatistas solicitan excavadoras para continuar con el rescate de cuerpos.
“Las máquinas que están aquí son del Estado”, aclara. “Un policía que vivía acá y su hermana, que es militar, lograron contactar a las personas necesarias para que las trajeran”.
Gracias a una de esas excavadoras, Lorena recuperó los restos de su hermana menor y su madrastra el viernes 10 de julio, 16 días después del sismo.
Según estiman por los muebles encontrados, estaban en lo que fue la sala del apartamento.
“Hallamos objetos que siempre permanecían en esa habitación. Aunque estaban en mal estado, aún se distinguían sus rasgos”, comenta.
“Mi madrastra tenía una cartera con sus documentos, y mi bebé estaba acostada en un colchón que sabíamos era suyo”, refiere en alusión a su hermana Giannys.
“Quiero hablar de mi hermana en presente porque siempre será mi Negrita, aunque ya no esté en este mundo”, dice Lorena con la voz quebrada por el llanto.

Fuente de la imagen, Cortesía de Lorena Laya
«No diré que siento alegría, pero sí algo de tranquilidad al saber dónde están, que ahora están con nosotros».
Actualmente, Lorena se cuestiona si los cuerpos de su hermano Diego y su padre Henry ya fueron recuperados, aunque ella no pudo identificarlos.
«Salen muy deteriorados, no sólo por el tiempo que llevan bajo los escombros, sino también por las heridas que recibieron”.
«Temo no poder encontrarlos».
A 23 días del terremoto, la excavadora oruga que retiraba escombros en la OPP 27 permanece detenida.
Aunque ya se solicitaron repuestos para su reparación, Lorena Laya comenta que sólo la maquinaria pesada es capaz de mover los grandes escombros.
El último informe oficial señala que 4.930 personas murieron en los terremotos en Venezuela, 16.740 resultaron heridas y 17.907 perdieron sus viviendas.
Por su parte, Naciones Unidas estima que hay 50.000 desaparecidos.

