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- Autor, Alejandro Millán Valencia
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 18 julio 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
"Fue un teatro del absurdo".
Así describió para BBC Mundo el emblemático defensa chileno Elías Figueroa uno de los episodios más singulares de su extensa y destacada carrera como futbolista: el partido mundialista que se extendió solo 28 segundos.
Este acontecimiento sucedió a tan solo dos meses del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cuando Augusto Pinochet destituyó al presidente Salvador Allende e instauró un régimen represivo.
En medio de este contexto, se programaron los partidos de repechaje entre Chile y la Unión Soviética para definir un cupo en el Mundial de Alemania Occidental de 1974.
Chile había logrado el tercer puesto en las eliminatorias sudamericanas, apoyado principalmente por el talento de dos leyendas: Figueroa, reconocido como el mejor futbolista chileno del siglo XX, y el delantero Carlos Caszely, máximo goleador en la historia de "La Roja" en la menor cantidad de partidos.
Según el sorteo, Chile debía medir fuerzas con la Unión Soviética, que había finalizado primera en el grupo 9 europeo y debía enfrentarse al tercero de la Conmebol para disputar el pase al Mundial.
El partido de ida tuvo lugar en Moscú el 26 de septiembre de 1973 y terminó sin goles.
Sin embargo, el partido de vuelta, celebrado el 21 de noviembre de ese mismo año, tuvo un desenlace muy distinto: apenas duró unos segundos, no contó con rival, se anotó un gol y terminó inmediatamente.

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La justificación de los soviéticos para no presentarse fue la falta de garantías de seguridad en Chile para un equipo procedente de un país comunista, ideología que representaba el gobierno derrocado de Allende.
También se afirmó que el Estadio Nacional, sede del partido, funcionaba como un centro clandestino de tortura.
Moscú había solicitado que el encuentro se trasladara a un país distinto a Chile.
Sin embargo, la FIFA determinó que las condiciones eran adecuadas y que el Estadio Nacional de Santiago, del cual habían retirado a los presos políticos antes del partido, era el lugar correcto para la disputa.
"En esa etapa, con 20 años, era complicado conocer las atrocidades cometidas bajo dictaduras. Nuestra preocupación era representar a Chile como selección, no a un gobierno específico", explicó Caszely a BBC Mundo en referencia a esos encuentros.
Este episodio sería conocido luego como "el partido fantasma".
Partido de ida: el hielo de Moscú
Según el libro "El partido de los valientes" del periodista chileno Axel Pickett, tras varios obstáculos superados, la URSS y Chile jugaron el partido de ida el miércoles 26 de septiembre de 1973 por la noche, en el Estadio Lenin de Moscú.
La táctica chilena dio frutos. El conjunto soviético no logró franquear la defensa chilena y empezó a adaptarse al estilo impuesto por Chile: juego aéreo y centros.
Pero ahí estaban Figueroa y otro defensa icónico: Alberto "El Mariscal" Quintano.

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"Me quedó la cabeza adolorida por todas las pelotas que despejé. Pero lo cierto es que en el juego aéreo siempre fui fuerte, por eso no nos causaron daño significativo", comentó Figueroa a BBC Mundo en una entrevista reciente.
No obstante, hubo un jugador soviético que intentó sobrepasar esa defensa: el ucraniano Oleg Blokhin, estrella del Dínamo de Kiev y Balón de Oro en 1975, quien comenzó a generar peligro constantemente por la banda derecha.
Hasta que Figueroa reaccionó.
"Se me salió el uruguayo", confesó en alusión a sus años jugando en Peñarol. Tras que Blokhin superara por enésima vez su marca, Don Elías lo frenó con una entrada dura que lanzó al soviético fuera del campo y a la pista atlética del Estadio Lenin.
"Luego de eso, Blokhin abandonó la punta y bajó a volantear", recordó Caszely.
Desde entonces, no hubo más problemas. El partido terminó 0-0, un empate que equivalía casi a una victoria.
"Pensaron que nos iban a golear por cinco", anotó Figueroa.
Sin embargo, un empate en ese momento, como ahora, no aseguraba la clasificación.
El partido fantasma
Para mediados de noviembre de 1973, dos meses posterior al golpe de Estado, Chile había roto relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, y durante ese periodo el Estadio Nacional de Santiago se utilizó como un centro secreto de tortura.

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En efecto, según el Centro de Memoria Histórica de Chile, el campo de juego se usó para torturar a detenidos entre septiembre y noviembre, deteniéndose estas prácticas solo cuando se decidió disputar el partido en ese recinto.
A pesar de este contexto, la FIFA mantuvo la programación del partido de vuelta.
Desde Moscú pidieron cambiasen la sede por razones de seguridad, pero Chile rechazó modificar lo ya establecido.
La noche previa al encuentro, que se disputaría un domingo, se informó al equipo chileno que la selección soviética no se presentaría porque ni siquiera había partido a Santiago. Por lo tanto, Chile clasificaba automáticamente al Mundial de 1974.
"Creo que ellos ya lo sabían desde tiempo atrás, pero también sabían que, de informárnoslo, ni Elías vendría de Brasil ni yo de España. Nos querían a todos presentes", explicó el exdelantero chileno.
Sin opciones para cambiar la situación, al día siguiente, con un Estadio Nacional medio lleno, el equipo debió salir a jugar sin contrincantes en el campo.

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Lo que ocurrió luego es descrito por Figueroa y varios de sus compañeros como un verdadero teatro del absurdo.
Los jugadores salieron al Estadio Nacional de Santiago, colocaron el balón en el centro del campo. Un árbitro dio el pitazo inicial. El plantel chileno hizo varios pases hasta ubicarse frente al arco contrario.
En ese momento, el capitán Francisco Valdez anotó el gol. El árbitro finalizó el partido. Todo transcurrió en 28 segundos.
"Fue el ‘teatro del absurdo’. Ni siquiera con los amigos se juega así. Incluso el árbitro era chileno", recordó Figueroa.
En las actas oficiales, el partido quedó registrado como 2-0. Chile accedió al Mundial pero fue eliminado en la fase de grupos. Sin embargo, desde ese momento algo comenzó a tomar forma.
"La historia del fútbol se construye partido a partido, línea a línea. Principalmente, el partido de ida fue nuestra contribución a la gran historia del fútbol chileno", concluyó Caszely.

