España se prepara para enfrentar a Inglaterra o Argentina en un duelo táctico marcado por seis décadas de rivalidad y la primera aparición de Messi en esta etapa

Inglaterra - Argentina. Del recuerdo a Maradona hasta la guerra de las Malvinas, el segundo finalista del Mundial se define en un clásico que trasciende el fútbol.

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Inglaterra y Argentina. Dos países, décadas de heridas abiertas y una semifinal de Mundial inédita hasta ahora.

El dato más impactante esta noche es un cero. Cero encuentros de Lionel Messi contra Inglaterra a lo largo de sus 21 años de carrera internacional, más de 200 partidos y seis Mundiales. El jugador que conquistó casi todo guardaba para este partido la última asignatura pendiente frente a una gran selección.

La relación entre Argentina e Inglaterra en los Mundiales es, ante todo, una historia de enfrentamientos.

Comenzó en Wembley en 1966, cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en cuartos de final sin que los jugadores entendieran el motivo: todavía no existían las tarjetas y ninguno hablaba el idioma del otro.

Rattín se negó a salir del campo durante varios minutos, y al abandonar el césped se sentó en la alfombra roja destinada a la reina y retorció el banderín de córner junto a la bandera británica. El entrenador inglés Alf Ramsey impidió el intercambio de camisetas y dejó una frase que retumba aún en Buenos Aires: se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con «animales».

Inglaterra ganó 1-0 y continuó su camino hacia el título. Además, ese encuentro tuvo una consecuencia inesperada: el caos tras la expulsión de Rattín impulsó la adopción definitiva de las tarjetas amarilla y roja en el fútbol profesional.

Dieciséis años más tarde, en las mismas islas del Atlántico Sur que ambos países reclamaban, estalló una guerra de 74 días. Centenares de argentinos y británicos perdieron la vida, el crucero ARA General Belgrano fue hundido por un submarino nuclear y el conflicto quedó grabado para siempre en la memoria colectiva argentina.

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La derrota aceleró el fin de la dictadura militar; por otro lado, en el Reino Unido fortaleció la posición de Margaret Thatcher. Las Malvinas continuaron siendo británicas. El dolor permaneció en Argentina.

Cuatro años después, otro escenario y el mismo oponente. El 22 de junio de 1986, en un Estadio Azteca colmado, Argentina e Inglaterra se enfrentaron en cuartos de final. Ese día, Diego Armando Maradona convirtió el fútbol en una expresión de catarsis nacional.

Primero, con su mano izquierda, anotó el gol conocido como la Mano de Dios, un acto clandestino que el árbitro tunecino Ali Bennaceur no advirtió. Más tarde, recorrió más de medio campo, eludió a media defensa inglesa y firmó lo que la FIFA denominó Gol del Siglo.

Argentina ganó 2-1 y para muchos argentinos fue algo más que una victoria. Maradona relataría años después: fue como vencer a una nación, no solo a un equipo de fútbol. En Inglaterra, desde entonces, ese recuerdo combina fascinación y resentimiento: genialidad y trampa en una sola jugada.

El 'gol del siglo' de Maradona a Inglaterra en 1986.

El ‘gol del siglo’ de Maradona a Inglaterra en 1986. Fuente: Opta

La rivalidad siguió viva. En 1998, en Saint-Étienne, Argentina e Inglaterra volvieron a enfrentarse en octavos. Otro partido intenso, otra polémica, otra prórroga y penales. David Beckham fue expulsado por una patada a Diego Simeone, Owen anotó un gol memorable tras una carrera imparable y Argentina se impuso en la tanda desde los once metros.

En 2002, en Sapporo, Beckham tomó revancha ejecutando un penal que significó el 1-0 que dejó fuera a la generación de Batistuta y Verón en la fase de grupos. Cada encuentro sumaba un nuevo capítulo a esta rivalidad, siempre marcada por la política y ambientada en el Mundial.

La primera vez de Messi

Hasta hoy, todos esos episodios tuvieron un ausente principal: Messi. Desde su debut en la selección mayor en 2005, Argentina e Inglaterra se cruzaron solo una vez, en un amistoso en Ginebra, pero ese día él estaba sancionado por la roja recibida en su primer partido con la albiceleste.

No hubo Wembley. Tampoco amistosos en Londres ni cruces en Mundiales. Cuando el sorteo de esta Copa del Mundo reveló que Inglaterra y Argentina podrían enfrentarse, muchos se fijaron en ese detalle: el mayor futbolista de la historia nunca se había medido a los Tres Leones.

«Es un encuentro especial porque es la primera vez. He jugado contra casi todos, pero no contra Inglaterra. Y es especial porque son un equipo fuerte, una potencia», admitió Messi antes del partido.

Leo Messi celebra su gol ante Egipto en el partido de octavos en el Mundial.

Leo Messi celebra su gol ante Egipto en el partido de octavos en el Mundial. Reuters

A sus 39 años, llega a Atlanta liderando nuevamente la tabla de goleadores del torneo y extendiendo una marca que es histórica: ningún futbolista ha anotado más goles en Mundiales que él. El entorno esta vez está a su favor.

Porque la Argentina que aterriza en Atlanta no es solo un equipo de talento desbordado. El conjunto dirigido por Lionel Scaloni funciona como una máquina extremadamente eficiente.

Lidera la estadística de pases totales en el campeonato, mantiene un porcentaje de precisión superior al 90 % y tiene un promedio goleador comparable a las mejores selecciones del torneo.

En teoría, se organiza en un 4-3-3, pero en la práctica actúa como un organismo líquido: con balón, un lateral se retrae para formar línea de tres, el mediocentro a veces se sitúa entre los centrales y la estructura pasa a un 3-2-5 que permite a Messi, De Paul y Mac Allister recibir dentro de líneas.

Sin posesión, el equipo se repliega en un 4-4-2, con Messi y el delantero presionando la primera salida rival, mientras que en transición muta al 4-1-4-1 característico en los momentos complicados.

Messi es el eje y el señuelo. Ya no está fijo en la frontal; retrocede unos metros para actuar como un director de juego adelantado, recibiendo en una zona intermedia donde ni los centrales se sienten cómodos saliendo ni los mediocentros pueden avanzar sin dejar espacios.

A su espalda, Leandro Paredes gestiona el primer pase; delante, la acumulación de interiores –De Paul, Enzo Fernández, Mac Allister- genera superioridad constante.

Argentina es el equipo con más pases completados en campo contrario y uno de los que más disparos logra dentro del área. El coste físico es alto: llega a la semifinal tras dos prórrogas en sus últimos partidos eliminatorios.

La Inglaterra de Kane y Bellingham

Por su parte, Inglaterra presenta un perfil distinto pero igualmente reconocible. Thomas Tuchel ha configurado un equipo pragmático, basado en un 4-2-3-1 que se ensancha alrededor del área rival.

Los laterales -especialmente el izquierdo- atacan para ampliar el ancho, los extremos buscan espacios y la dupla Bellingham-Kane actúa como un eje gravitacional que atrae marcas y crea vías de pase.

Mientras Argentina domina la posesión elaborada, Inglaterra apuesta por la verticalidad y el balón parado: ningún semifinalista ha anotado más goles tras jugadas a balón parado, y gran parte de su peligrosidad surge en córners y faltas laterales bien trabajadas.

Los goles de Bellingham en el Mundial.

Los goles de Bellingham en el Mundial. Fuente: Opta

Harry Kane, máximo goleador histórico de Inglaterra en Mundiales, se ha transformado en algo más que un delantero centro. Baja, recibe, asiste y facilita las llegadas de Bellingham, quien ha demostrado en este torneo por qué es uno de los jugadores más influyentes de su generación.

El mediocampista del Real Madrid ya suma varios goles decisivos, muchos abriendo el marcador o volcando partidos, y su capacidad para aparecer desde segunda línea pone en jaque a cualquier pivote rival.

Declan Rice, a su lado, actúa como baldeador y lanzador largo, capaz de cambiar el juego con un solo pase o de cerrar el círculo sobre el talento argentino.

La clave del plan inglés reside en cómo contener a Messi sin desproteger el área frontal. Tuchel ha enfatizado la cooperación constante del lateral izquierdo sobre la diagonal interior del argentino y la importancia de que Rice no se quede demasiado retrasado.

Bellingham celebra con Kane el gol marcado ante México.

Bellingham celebra con Kane el gol marcado ante México. Reuters

Inglaterra intenta construir una jaula flexible, no un marcaje al hombre. El peligro es claro: si Messi consigue tiempo para girar y conectar con las diagonales de Julián Álvarez o Lautaro Martínez, el equipo podría romperse en dos.

La ventaja, también: cada pérdida argentina en esa zona permite contragolpes liderados por Bellingham, Saka y Foden atacando a centrales que deben retroceder hacia su propia área.

En el otro lado, Scaloni sabe que la vulnerabilidad inglesa se encuentra en los espacios que deja su estructura agresiva al perder la posesión.

La presión tras pérdida de Argentina, una de las más intensas del torneo, será fundamental para impedir que Inglaterra lance contraataques, y la gestión física de un equipo con mucho desgaste también jugará un papel táctico.

Alineaciones probables Inglaterra - Argentina.

Alineaciones probables Inglaterra – Argentina. EE

La semifinal, en ese sentido, se configurará casi como una batalla de tiempos: quién impone su ritmo, quién domina las segundas jugadas y quién es más certero en las dos áreas.

Todo esto bastaría para definir uno de los duelos más atractivos del Mundial, pero sucede sobre un telón que va mucho más allá. Para el hincha argentino, Inglaterra sigue representando una herida abierta y una serie de partidos que forman una saga.

Para el seguidor inglés, Argentina es el recuerdo de Maradona, expulsiones polémicas, penales crueles y noches en las que el fútbol fue escenario de algo que no se puede explicar solo con tácticas.

En Atlanta, sin embargo, no hay soldados ni banderas de guerra. Hay futbolistas que crecieron escuchando esas historias, pero pertenecen a otra generación. Y hay un jugador, Messi, frente a la última casilla que le faltaba en su carrera con la selección: jugar contra Inglaterra en un Mundial.

Si Argentina gana, la narrativa se incorporará al mito: el heredero de Maradona completando la revancha simbólica en el mismo escenario donde se definen las Copas.

Si gana Inglaterra, la historia tomará otro ángulo: un equipo rompiendo su techo en Mundiales al eliminar al vigente campeón y al mejor futbolista de todos los tiempos.

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