El papel de la energía solar y eólica en posicionar a España como la principal plataforma europea para la inteligencia artificial

Según el informe más reciente de Esade, en esta nueva era digital la seguridad energética significa disponer de una energía abundante, económica, limpia y confiable, justo lo que España ofrece.

Una imagen conceptual que muestra un planeta Tierra brillante sobre un chip de IA. A la izquierda, una ciudad verde y energías renovables; a la derecha, naturaleza y tierra agrietada. Circuitos unen todo.

El planeta está próximo a afrontar un nuevo shock energético que no tendrá relación alguna con la geopolítica, el bloqueo del estrecho de Ormuz o la falta de petróleo. Se tratará de un shock de demanda que surge del despliegue de la Inteligencia Artificial (IA). Solo cuatro años después de la popularización de herramientas como ChatGPT o Claude, la velocidad de adopción de dichas tecnologías es tan vertiginosa que los centros de datos requeridos para operarlas demandarán un volumen enorme de energía.

Si en la economía industrial del siglo XX garantizar la seguridad energética equivalía a asegurar el acceso a petróleo, gas y carbón, en esta nueva era digital dicho concepto se refleja en disponer de energía que sea abundante, asequible, limpia y estable, condiciones que España satisface. Por ello, el país se perfilan como un líder del futuro industrial en Europa.

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Europa quedó rezagada durante la primera gran ola tecnológica impulsada por el internet y hoy está detrás de potencias como Estados Unidos —el actor principal en combustibles fósiles y tecnología— y China, que domina la producción de tecnologías limpias. Sin embargo, según el último Informe Económico y Financiero de Esade, España entra en esta nueva competencia con ventajas competitivas que carecen otras regiones.

Ventaja competitiva, aunque el éxito no esté garantizado

Nuestro país cuenta con una posición sólida debido a una menor dependencia inicial del gas ruso y una capacidad de regasificación muy alta, que a mediados de 2025 equivalía aproximadamente a un tercio del total de la Unión Europea. A esto se añade una significativa implantación de energías renovables, que en el primer semestre del año pasado representaron cerca del 60% de la generación eléctrica nacional, cifra que se eleva al 75% al incluir otras fuentes descarbonizadas, como la energía nuclear.

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España, entre los países con la electricidad más barata de Europa gracias a las energías renovables, fotovoltaica y la eólica. (Canva)

Esta combinación energética más limpia ha impactado directamente en los costos empresariales. Mientras potencias industriales como Alemania han experimentado un aumento del precio del gas ruso, España ha logrado mejorar su competitividad en costos de energía entre un 2% y 3% frente a Alemania y Francia en el sector manufacturero intensivo en energía, durante el período 2019-2023. Dicho de otro modo, la producción energética en España resulta hoy más económica, lo que coloca al país en una posición ventajosa para atraer centros de datos y encabezar el crecimiento verde en Europa.

No obstante, no debe confundirse esta capacidad con un triunfo asegurado. El informe de Esade también señala que, para transformarse en la fábrica de IA, España debe resolver con urgencia su problema de aislamiento y transformarse en un sistema eléctrico ágil y flexible.

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De atractivo turístico a motor económico

El principal punto débil del país son las interconexiones eléctricas con el resto de Europa. En 2025, el nivel de interconexión era solamente del 3%, muy por debajo del mínimo del 15% establecido por la Comisión Europea para 2030. Esta isla energética limita la capacidad para exportar excedentes de energía barata cuando hay abundancia de sol y viento, además de dificultar la importación de electricidad cuando es necesaria.

David de Falguera, abogado especializado en IA y Derecho Digital, examina el desfase existente entre la rápida evolución de la inteligencia artificial y la lentitud legislativa. Explica la urgencia de crear normativas que protejan los derechos digitales sin frenar la innovación tecnológica.

Asimismo, el exceso de generación renovable, como sucede con la fotovoltaica durante las horas centrales del día, está modificando los patrones del mercado, con un aumento considerable de horas donde el precio de la electricidad es cero o incluso negativo, aproximándose al 10% de las horas en 2025. Esto reduce los ingresos de las propias empresas renovables y desincentiva nuevas inversiones. ¿La alternativa? Almacenar dicha energía. Sin embargo, Europa aún no está a la altura de potencias como China, que en 2024 concentró el 60% de la nueva capacidad global instalada de baterías a gran escala, mientras que la UE apenas alcanzó el 3,8%.

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España enfrenta una encrucijada histórica. La descarbonización es no solo una obligación, sino también una cuestión vital para la economía y la soberanía tecnológica. En caso de acelerar el despliegue de redes y sistemas de almacenamiento, el sol y el viento españoles dejarán de ser meramente un atractivo turístico para convertirse en el motor de la próxima gran revolución industrial.

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