En un artículo de opinión para Euronews, el eurodiputado Nikos Papandreou insta a la UE a presionar a Egipto para que ponga fin a la discriminación contra la comunidad Baha’i. Sostiene que El Cairo debe cumplir su compromiso constitucional con la libertad de creencias otorgando a los bahaíes igualdad de derechos legales.
Cuando mis colegas del Parlamento Europeo y yo visitamos Egipto la semana pasada, nos alegramos de poder afianzar nuestros lazos con un país con el que mantenemos una relación estratégica y cercana. Nuestra conexión es más sólida que nunca —respaldada por un paquete de 7.400 millones de euros y reforzada por la cumbre de líderes celebrada en octubre pasado—, y me complació realizar el viaje.
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La persecución de la comunidad Baha’i
No obstante, un aspecto en El Cairo me causó preocupación. Algunos miembros de la minoría religiosa bahaí con los que me encontré compartieron las décadas de discriminación y hostigamiento que han sufrido por parte del gobierno egipcio y autoridades religiosas.
La fe Baha’i es una religión mundial independiente, establecida en el siglo XIX, cuya enseñanza principal es la unidad de la humanidad. Sus millones de seguidores están presentes prácticamente en todos los países, convirtiéndola en una de las religiones con mayor dispersión geográfica. En Egipto se estima que hay varios miles de bahaíes.
La persecución que enfrentan los bahaíes en Egipto nos recuerda que Europa debe mantenerse fiel a sus valores, incluso al fortalecer sus relaciones. Al formalizarse en marzo de 2024 la Asociación Estratégica y Exhaustiva UE-Egipto, se incluyó el compromiso de «promover el estado de derecho, la democracia y los derechos humanos». Como amigos de Egipto, y tras valorar la acogida recibida, en Europa podemos y debemos ser transparentes con nuestros aliados.
Egipto se encuentra en una encrucijada
Egipto atraviesa un momento decisivo. Hogar de una diversidad de creencias que se ha tejido durante siglos, su tradición de convivencia está ahora en peligro.
No solo la comunidad judía ha disminuido con el paso de las generaciones, y los cristianos enfrentan dificultades prolongadas y agravadas, sino que también las dudas sobre los derechos iguales para los bahaíes y la posibilidad de llevar una vida cotidiana viable se han vuelto apremiantes.
Los bahaíes son perseguidos no por actos propios, sino por un decreto presidencial de 1960 emitido por el expresidente Gamal Abdul Nasser, que disolvió sus instituciones y confiscó sus propiedades y cementerios. Numerosas fatwas emitidas por Al-Azhar, la principal institución suní musulmana del mundo, han agravado la situación a lo largo de los años.
Los bahaíes carecen de reconocimiento legal como comunidad
Los seguidores egipcios de la fe Baha’i forman parte del tejido social del país desde la década de 1860 —como médicos, docentes, artistas e ingenieros, incluyendo al reconocido pintor modernista Hussein Amin Bicar—, pero hoy día no cuentan con reconocimiento legal como colectivo. Enfrentan dificultades para obtener documentos de identidad, se les niegan licencias de matrimonio, no pueden enterrar a sus seres queridos en cementerios propios, son hostigados y vigilados por los servicios de seguridad, y son marginados por un establecimiento religioso basado en prejuicios.
Esta distinción es crucial. Egipto concede reconocimiento legal sólo a las tres religiones que considera abrahámicas —Islam, Cristianismo y Judaísmo— y aun así de forma parcial. Algunas denominaciones cristianas están reconocidas, aunque no todas, y los aproximadamente diez millones de cristianos en Egipto sufren persecución real y en ocasiones violenta. Sin embargo, pueden practicar su culto, mantener sus iglesias, registrar matrimonios y enterrar a sus muertos conforme a sus creencias.
Los bahaíes no disponen de nada de esto. Su exclusión no es sólo por hostilidad social, sino por inexistencia legal: quedan fuera del reconocimiento y, con ello, excluidos del sistema ordinario de ciudadanía.
La magnitud del problema está bien documentada
Durante mi visita a su única propiedad restante —un cementerio bahaí en El Cairo— me explicaron que ahora deben enterrar a sus muertos de pie debido a la falta de espacio, y que el gobierno no permite la expansión de terrenos para inhumación.
Las parejas casadas no pueden designarse mutuamente como beneficiarios legales, y sus hijos se ven privados de herencias; quienes carecen de documentos de identidad enfrentan dificultades para estudiar, trabajar o cumplir con el servicio nacional.
La gravedad de esta problemática está registrada internacionalmente. En febrero de 2026, tres informes de las Naciones Unidas —de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y de dos relatores especiales— documentaron la persecución y solicitaron su cese inmediato.
La constitución egipcia garantiza la libertad de creencias
Enfrentar estos retos no requiere cambios radicales. Egipto sólo debe asegurar que los grupos religiosos pacíficos reciban igualdad legal —reforzando sus propias leyes y declaraciones. La constitución egipcia garantiza la libertad de creencias, el presidente Abdul Fattah Al-Sisi ha declarado que «el derecho a creer en cualquier fe… es absoluto y debe ser protegido y respetado,» y la Estrategia Nacional de Derechos Humanos de 2021 se compromete a salvaguardar los derechos humanos.
Egipto se encuentra actualmente elaborando su próxima estrategia quinquenal de derechos humanos, para 2026–2031, y acaba de asumir un puesto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este es el momento oportuno para transformar palabras en hechos. El reconocimiento de los bahaíes podría incorporarse en dicha estrategia mientras aún se decide su contenido.
Ampliar las protecciones para las minorías fortalece la cohesión social. Cuando las personas perciben que se respetan sus derechos y se reconocen sus identidades, pueden contribuir positivamente a la sociedad, que es precisamente lo que me expresaron los bahaíes egipcios.
Nikos Papandreou es diputado griego en el Parlamento Europeo por PASOK, empresario, escritor y comentarista cultural.

