Mikel Merino, 30 años: «Mi madre prohibió los balones en casa hasta que yo tomara la decisión, no por ser hijo de futbolista»

Mikel Merino Mikel Merino reapareció justo cuando España más lo requería, reflejando una historia familiar y unos valores profundamente arraigados.

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Mikel Merino emergió de nuevo en el momento crucial para España. El centrocampista anotó el gol decisivo contra Bélgica en los cuartos de final del Mundial, asegurando así la clasificación de la selección para sus segundas semifinales históricas.

Esta anotación volvió a demostrar la capacidad del navarro para definir encuentros trascendentales, aunque detrás de su trayectoria se encuentra una historia marcada por una educación en la que nunca se supuso que seguiría la carrera de su padre, el exfutbolista Miguel Merino.

«Mi madre tenía claro que no quería que hubiera balones de fútbol en casa hasta que yo lo decidiera, que no fuera solo porque mi padre fuera futbolista y yo sintiera la presión de serlo«, explicó en una entrevista con La Vanguardia.

Esa manera de entender su infancia ha estado acompañada por una educación en la que la familia siempre fue prioritaria.

Cuando apenas contaba con 19 años y empezaba a destacar en el primer equipo de Osasuna, Merino concedió una entrevista a Noticias de Navarra para dejar clara esa prioridad. «Mi familia es lo más importante», expresó.

Respecto a sus padres, el internacional español añadió: «Me transmitieron valores y les debo todo». Incluso bromeó sobre la dinámica con sus hermanos: «Es el mediano quien manda».

Esa charla ocurrió justo en un período en que comenzaba a experimentar la fama. «Me siento cómodo con que la gente me conozca y asuma esa responsabilidad», señaló, reconociendo que «no ha implicado un cambio demasiado radical».

Consciente de que muchos jóvenes podían tomarlo como modelo, reflexionó sobre la responsabilidad de ser un referente. «Me alegra saber que soy un ejemplo para los niños», declaró.

No obstante, admitió que este rol demanda mayor disciplina: «Debes actuar correctamente siempre y evitar mostrar ese lado impulsivo».

Merino también abordó entonces la dificultad de compatibilizar los estudios con el fútbol profesional.

«Tuve que decidirme y apostar por el fútbol, pero no abandoné mis estudios«, recordó sobre aquella etapa en la que terminó Bachillerato, superó la Selectividad y luego cursó un grado en técnico deportivo.

«Nunca sabes qué puede suceder», explicó al justificar por qué siempre quiso mantener abierta la opción de seguir formándose.

Esa misma mentalidad ha guiado también su enfoque en el fútbol, donde el sacrificio forma parte del camino. «A veces ves a tus amigos pasarlo bien mientras tú estás entrenando», confesó.

Fuera del campo, admitió que «lo que más disfruto es estar con mi familia y amigos» y reconoció que, si no hubiera triunfado en el fútbol, «me habría gustado intentar suerte» en el baloncesto.

«Es una forma de desconectar», comentó sobre los partidos que solía jugar en la canasta de su casa.

Además, rechazó la idea de que los futbolistas estén alejados de los problemas cotidianos. «Es comprensible que se piense que no tenemos problemas», reconoció, para luego destacar que «tenemos preocupaciones como cualquier persona».

Diez años después, el héroe de las victorias frente a Portugal y Bélgica continúa mostrando la misma naturalidad que al inicio de su carrera.

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